Reforma laboral: receta para la pobreza

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Alejandro De Coss

Entre las muchas dudas que suscita la inminente reforma laboral, surge una certeza empíricamente comprobable: la nueva legislación únicamente empeorará las condiciones laborales en el país, especialmente para los jóvenes. Las previsiones de la iniciativa preferente del saliente Felipe Calderón son una calca de las ya implementadas en España, Francia y Reino Unido, entre otros Estados, si acaso «nacionalizadas» en el lenguaje y estilo de redacción. En los países del oeste europeo, en donde políticas de flexibilización, subcontratación y, en suma, precarización del empleo han sido adoptadas, legalizadas y legitimadas, la situación de los jóvenes en el mercado laboral ha decaído de forma considerable.

Loïc Wacquant, un sociólogo francés especializado en temas de marginación en contextos urbanos, explora las funestas consecuencias de estas políticas, y de otras dinámicas y procesos sociales, en su libro Los condenados de la ciudad: gueto, periferia y Estado (publicado en México por Siglo XXI). En suma, Wacquant encuentra que las políticas de flexibilización y subcontratación, convertidas en leyes, son un factor esencial para evitar que los jóvenes en situación de marginación accedan a un salario justo que les permita ingresar a una dinámica de movilidad social ascendente. A menudo, los trabajos por hora, temporada, a distancia o en esquemas de outsourcing no remuneran de forma suficiente al trabajador, obligándolo bien a contar con más de un empleo, o, en el caso europeo, a depender del seguro de desempleo (paralelismo imposible de encontrar en México). En nuestro país, en donde los salarios son ya insuficientes, estos esquemas de precarización sólo pueden abonar a la preocupante situación de los jóvenes (sub)empleados, y condenar a la misma situación a quienes ingresen al mercado de trabajo bajo estas previsiones.

En el mismo sentido, el diario inglés The Guardian publicó el 22 de octubre de 2012 una nota en la que aborda la problemática del desempleo en el Reino Unido, hablando incluso de una generación perdida, y de las advertencias de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre un potencial fracaso del contrato social en Europa.[1] Las deficiencias y diferencias en el acceso a la educación, así como la inutilidad de las reformas laborales para la promoción de un empleo digno, son componentes esenciales de esta dinámica social, que no sólo se presenta en el Reino Unido, sino en prácticamente toda Europa occidental.

¿Qué esperaba entonces México al adoptar estas políticas? No podríamos, salvo que consideráramos a nuestros gobernantes y «representantes populares» un conglomerado de idiotas, que se trató de un error honesto. Es decir, el suponer que Calderón, el PAN, el PRI, e integrantes de todas las otras fuerzas políticas no calcularon los perniciosos efectos de las políticas que buscan legalizar, y que creyeron que estaban favoreciendo la generación de empleos dignos, es convertirnos nosotros en idiotas. Lo que hay detrás de esta reforma laboral es una decisión gerencial, diseñada para favorecer la expansión y la fortaleza de las grandes empresas que en México obtienen beneficios enormes. Una política económica y social como la que está por ser implementada no puede responder a otros intereses. El uso de los indicadores macroeconómicos como fachada para legitimar la avanzada neoliberal sobre los intereses de los ciudadanos es una treta ya muy conocida. Es, en cambio, necesario observar los efectos que tendrán estas políticas en la (aún mayor) polarización del ingreso, en la marginalización de cada vez más amplios sectores de las juventudes mexicanas, así como en el engrosamiento de las filas del narcotráfico, actividad económica que, a cambio de violencia y riesgo, ofrece altos ingresos y una salida del des y subempleo crónicos.

Así como esta política estatal ha condenado a la sociedad a un mayor proceso de polarización y  (como se ha dicho antes en esta columna) a una democracia cada vez menos real y más discursiva, existen otras que podrían revertir dicho proceso. La principal y más urgente para México es una profunda reforma fiscal que elimine los privilegios de las grandes empresas, y que elimine los impuestos altamente regresivos que pagan los estratos más pobres de la población (contrario a lo propuesto por el PRI y PAN con el gravamen a alimentos y medicinas, así como al incremento del IVA, que actúan en sentido opuesto). Dicha política dotaría a las arcas públicas de un ingreso sostenido, que podría ser usado para la instauración de un seguro de desempleo, o de un salario mínimo ciudadano, que rompa la relación entre trabajo y subsistencia, en un medio en el cual el primero no puede, por las características de subempleo que presenta (y que recién han sido legalizadas), asegurar el segundo.

Por supuesto, dicha propuesta no parece cercana cuando las fuerzas políticas nacionales se comportan como representantes del capital transnacional y no de la sociedad. Sin embargo, el colocar en la agenda pública la necesidad de recuperar lo político como algo que se ejerce en común, y que opera a favor de la obtención de un mínimo básico de justicia social y equidad, jamás es un acto inútil. Restará observar, en los próximos años, si las condiciones de pauperización de cada vez más amplias capas de la sociedad dan como respuesta un impulso político que dispute la legitimidad de las clases políticas dominantes, o si los mecanismos de control ideológico, como la televisión y sus propagandistas disfrazados de periodistas, lograrán romper la evidente causalidad entre la acción estatal, a través de la reforma laboral y acciones similares, y la profundización de las dinámicas y condiciones estructurales de polarización y miseria en México.

NOTA

[1] Shiv Malik, «Europe’s lost generation costs €153bn a year, study finds», The Guardian, 22 de octubre de 2012. Disponible en: http://www.guardian.co.uk/society/2012/oct/22/europe-lost-generation-costs-study?CMP=twt_gu

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Alejandro De Coss es licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Apasionado de la filosofía, tiene un Diploma para comprobar su devoción. Actualmente estudia la maestría en Sociología en la London School of Economics, en donde amargamente se queja de la lluvia constante.

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