La politización más allá de la elección y los partidos

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Alejandro De Coss

En un año electoral con campañas desangeladas y poco interesantes para el público indeciso, han sido las críticas ciudadanas las que más eco han tenido. Explicándose por la enorme ventaja en las encuestas de gozó candidato del PRI, y por las formas particulares de la cobertura mediática al mismo (excesivas, diríamos), las críticas se han centrado sobre Enrique Peña Nieto, aunque no le han sido exclusivas; un ejemplo de esto último es la reunión que los cuatro candidatos sostuvieron con los integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD). Esta reunión, que puntualmente aludió a los vínculos de cada candidato con corruptos sectores de la política nacional, suscitó desde molestia hasta plena aclamación hacia la actuación de Javier Sicilia. En lo personal, lejos de comulgar con el misticismo y la retórica cristiana del poeta, aplaudo que se trascienda del discurso anti-Peña Nieto, mostrando que la podredumbre es sistémica (aunque sin duda desigualmente repartida).

El MPJD es ejemplo claro de un movimiento articulado en torno de un suceso particular, que terminó por ser rebasado por la dinámica propia de los actores políticos que ahí se reunieron. De la muerte de Juan Francisco Sicilia se transitó a la muerte que cubre al país. De la exigencia de justicia para uno, se pasó a la demanda de paz para todos. De la aclaración de un crimen atroz, al nombrar a todas las víctimas de una guerra terrorífica y ciega. El MPJD, si bien perdió el impulso inicial que tuvo, al percibirse un cierto pacto por omisión con la hegemonía, dada la falta de una crítica más profunda y fuerte que la realizada hacia Felipe Calderón, último responsable de la estrategia de seguridad, indudablemente ha sido muestra de la posibilidad de acción y creación de un movimiento político ciudadano no-partidista, creado en torno de una emergencia. Emergencia como crisis, emergencia como surgimiento de nuevas colectividades, creadas en torno del riesgo, que después pasan a la creación de propuestas políticas, económicas, éticas e incluso estéticas.

Otro movimiento parecería estar atravesando ese complejo proceso: el llamado «#Yosoy132». Antes en este espacio he hablado de ellos. Hoy, 30 de mayo, están reunidas más de 35 universidades en «Las Islas» de Ciudad Universitaria. Ahí, están discutiendo en diversas mesas cómo trascender el impulso inicial que les aglutinó –el riesgo del regreso del PRI–, identificado por muchos con represión, autoritarismo, corrupción y falsedad. Se discute, entre otras cosas, sobre cómo exigir no sólo una mayor democratización de los medios, demanda primera, pero también acerca de cómo exigir mayor democracia. Se hace, además, mediante métodos democráticos en los cuales voceros (rotativos, según lo que sé) de cada institución educativa manifiestan los puntos previamente acordados en asambleas; asambleísmo que funciona, para quienes dudaron tanto tiempo. Las divergencias se discuten, se llegan a pisos comunes, y se parte desde ahí.

El movimiento #Yosoy132 se ha planteado hoy de forma clara que la politización activa no debe terminar con las elecciones. Este punto me parece el más importante. Más allá de la elección individual de emitir o no un voto para un candidato u otro, es necesario considerar que la política no es un acuerdo cupular, o un juego cerrado en el que pocos actores pueden ingresar. El gran valor de movilizaciones populares, que se auto-organizan (recordando a Michael Hardt y Antonio Negri en Multitud), es demostrar que a través de la presión en redes sociales, en espacios institucionales y en las calles, es posible incidir de forma directa en el quehacer político tradicional. Es, en breve, una forma de recuperar lo político. Por ello considero que esta 1ª Asamblea General del Movimiento es de gran importancia para la configuración del escenario político poselectoral, independientemente de quién resulte vencedor. El Movimiento es una emergencia, en el segundo sentido que arriba definí. Es una colectividad dinámica que está creando propuestas de acción específicas para una transición democrática en México.

Restará por supuesto mantenernos atentos y cautelosos ante la emergencia del Movimiento. Sin lugar a dudas, dentro de él coexisten diversos intereses, que van desde los individualistas que persiguen el reflector, y los reformistas, que buscan mantener todo similar, con exigencias mínimas, hasta los radicales, que sólo creen en los cambios de estructura como eventos que merecen ser llamados transformaciones; todo ello incidirá en las decisiones que se tomen, que seguramente irán por el mínimo común denominador. Además de esto, es necesario considerar que, en la medida en la que el Movimiento dispute cotos de poder fáctico, buscará ser cooptado o desactivado. Para ello, previsiblemente, se impondrá la antiquísima divide y vencerás. Prendas de ello son las posibilidades que se le están dando a ciertos voceros (con los esquemas de representación sin ser todavía formalmente definidos) de aparecer en radio y televisión. En el mismo sentido se deben tomar las declaraciones de Emilio Azcárraga Jean, que afirmó que Televisa escucha al #YoSoy132, poniendo el debate en el Canal 2. Esta demanda, tan cortoplacista como inofensiva, al ser cumplida, busca ser usada como moneda de cambio para detener un proceso de politización que va más allá de la coyuntura.

De forma incipiente, la juventud que fue tildada de apática y apolítica está activamente ensayando formas de democracia participativa. Ante el déficit global de la democracia representativa, estos eventos parecen señalar un camino que está lejos de vislumbrar su fin, pero que se ha comenzado a transitar. Responden, y ello está mostrándose hoy en Ciudad Universitaria, no a la oposición aparentemente irracional a un candidato o un partido, sino a un sistema que ha ido tornándose más excluyente y desigual, al tiempo que genera más riquezas, que jamás son socializadas. Confío en que esta percepción de la realidad social será transmitida en las Asambleas y espacios de discusión del Movimiento #YoSoy132. Creo también que le trascenderá, y aun en el posible evento de la desarticulación de éste, las premisas de transformación democrática y de creación de comunidades permanecerán. Finalmente, estoy seguro de que han sido estos movimientos el elemento central del periodo electoral, y que podemos con certeza afirmar que no todo está dicho, y que la elección del vencedor de los comicios presidenciales mexicanos, así como de los procesos legislativos y locales tendrá mucho que ver con lo que este Movimiento consiga acordar, socializar y replicar de forma más incluyente y amplia, yendo de lo estudiantil a la ciudadanía en lo general.

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Alejandro De Coss es licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Apasionado de la filosofía, tiene un diplomado para comprobar su devoción. Actualmente explora los laberintos de la burocracia desde la Secretaría de Energía, aunque (no tan) secretamente sueñe con futuros ensayísticos y literarios.

Revista cultural

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