Vivir y morir en México

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Entrevista con Juan Gelman

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Raúl Olvera Mijares

 

 

Vivo aquí desde hace 24 años por una decisión personal y aquí me quedaré hasta cuando me toque ir a tocar el violín en otro barrio.

Juan Gelman (Buenos Aires, 1930-Ciudad de México, 2014) fue una de las voces poéticas más sonoras en español, distinguido con diversos premios. Vástago de inmigrantes ucraniano, por su militancia en las Fuerzas Armadas Revolucionarias debió salir al exilio en 1975; al año siguiente, su hijo de 20 años y su mujer de 19 años, estando embarazada, fueron desparecidos. Más tarde, en 1998, el poeta hallaría en el Uruguay a su nieta. Gelman fue uno de los alquimistas más raros de la lengua castellana, capaz de trasmutar el plomo en oro, es decir, transformar la forma, el fondo y el carácter de lo que se entendía por verso en español.

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En mi caso particular, me considero un lector más bien tardío y privilegiado de su Poesía reunida (FCE, 2011, Volumen I: Violín y otras cuestiones, Volumen II: El emperrado corazón amora). Es usted el poeta con la obra más extensa, publicada al menos recientemente, por el Fondo de Cultura Económica. Leer poesía, contrariamente a lo que opinan los editores comerciales y los manipuladores de las masas, es casi un descanso para quien tiene el gusto de los libros. ¿Desearía usted tener más lectores en México?

Coincido con su opinión sobre la sensación que el leer poesía produce. Creo, además, que enriquece al lector descubriéndole espacios interiores que no tenía porque ignoraba tenerlos. Desearía, desde luego, tener más lectores en México y en otros países donde mis libros se publican. Pero el lector decide.

Juan Gelman

La primera cosa que salta a la vista en relación con su poética es su carácter propositivo. Nada más lejos del celo neobarroco o el criptograma que la esencialidad de su poesía, desde Violín y otras cuestiones (1949-1956), su primer libro, hasta el último de los aquí recogidos, El emperrado corazón amora (2010), hay como un ciclo que se abre y se cierra con uno y otro poemario. Versos que al principio tenían cierta reverberación de la rima, pasando por una variedad de tentativas (las pseudo traducciones, el perseguir con la propia voz ecos de poetas del pasado como santa Teresa o san Juan de la Cruz, los poemas en sefardí, las obras experimentales) hasta lograr, ya desde hace algunos años, un raro equilibrio entre el verso y la prosa. Seguramente entre el 2010 y el 2012 habrá usted escrito más poemas, no sé si un libro completo, ¿cómo se siente con lo hecho hasta ahora?

Acabo, en efecto, de terminar un nuevo libro, escrito luego de la publicación de la obra reunida. Agradezco su generosa opinión sobre mi trayectoria poética, pero el sentimiento que predomina con lo hecho es la insatisfacción. Por eso vengo atacando a la Señora desde distintos lados a ver si la agarro alguna vez.

Lograr esa naturalidad, salpicada de un tono profundamente argentino, debe tener una raíz profunda, acaso en la coherencia entre la prédica y la práctica, las normas ideales que se enarbolan y los modos concretos como se vive. ¿Existe un Juan Gelman poeta, distinto del Juan Gelman real? ¿Se trata de dos o más entidades distintas (considerando cada una de las hipóstasis poéticas o heterónimos) o bien de una sola?

No hay dos Juan Gelman, pasa otra cosa y bien lo dijo Proust: «el que escribe es un desconocido que llevamos adentro». Los heterónimos son para mí seudónimos, siempre escribe el desconocido.

Los exilios reales (en París, Madrid, Roma, Nueva York, Managua, Ciudad de México) y los virtuales (por el hecho de ser hijo de inmigrantes, judío, guerrillero, perseguido político) son como una dimensión de su poesía, saltan a cada paso, la signan y paradójicamente la vuelven más universal, porque quién no se ha sentido alguna vez o ha sido de hecho excluido, el ostracismo connatural a la condición humana. ¿Ha percibido en ciertos momentos próximos a sus lectores y de qué manera?

Esta pregunta me permite aclarar que no estoy ni estuve nunca exiliado en México. Vivo aquí desde hace 24 años por una decisión personal y aquí me quedaré hasta cuando me toque ir a tocar el violín en otro barrio. Mi exilio transcurrió en otros países que usted menciona. Sí, he sentido esa proximidad con el lector, a veces en lecturas en las que participo, a veces por anécdotas de las que me entero. Por ejemplo, más de uno ha empleado mis poemas de amor afirmando que son suyos para conquistar a una muchacha. Esto me llena de satisfacción. El gran poeta alemán Heinrich Heine se conformaba con que las hojas de sus libros sirvieran para hacer cartuchos de café. La poesía no es tan inútil, como algunos dicen. Por lo demás, siempre recuerdo esta profunda reflexión que un filósofo chino formuló dos siglos antes de Cristo: «Todo el mundo habla de la utilidad de lo útil, pero nadie de la utilidad de lo inútil».

La judeidad, la judería, el judaísmo, tres conceptos diversos, vividos en la poesía y en la prosa, ¿cómo se hace para ser judío sin ser sionista? ¿Observa usted alguna práctica religiosa ortodoxa? ¿Cómo fue que siendo de origen asquenací se acercó e hizo suyo el ladino, el español antiguo de los judíos hispanos?

Iré por partes, como decía Jack el Destripador. Mi hogar siempre fue de judíos laicos, yo lo soy también y no practico regla ortodoxa alguna. Y luego: hace usted bien en separar el concepto «judío» del concepto «sionista». Hay millones de judíos que viven en la diáspora, es decir, fuera de Israel y no todos son sionistas. En mi caso, creo que debe existir un Estado de Israel, pero no comparto las políticas de expulsión y matanza de palestinos que ejercen sus gobiernos. También creo que debe existir un Estado palestino. Por último: escribí esos poemas en sefardí como continuación del diálogo con el castellano del siglo XVI, propio de las obras de San Juan de la Cruz y Santa Teresa. Debe usted haber encontrado ese diálogo en el libro Citas y comentarios. Me interesó seguir profundizando en las capas anteriores de nuestro idioma, hay mucho que aprender ahí.

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Raúl Olvera Mijares (Saltillo, 1968) cursó estudios de filosofía en Monterrey y el principado de Liechtenstein. Ha publicado en La Jornada Semanal, La Tempestad, Casa del Tiempo, Replicante, Tierra Adentro, Luvina y La Palabra y el Hombre. Entre sus libros se cuentan Puntos cardinales (Conaculta, 2003),  Dramaturgia de Monterrey (Universidad de Durango, 2007)  y Las influencias expuestas. Recensiones de libros (Calygramma, 2013).

Revista cultural

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