Max Ernst: una semana de bondad

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Nota del editor: Como complemento a la reseña hemos colocado un video de Youtube donde se muestran algunos de los trabajos principales del artista europeo. Se recomienda ampliamente.

Drusila Torres Zúñiga

Hasta el 18 de octubre seguirá en exhibición en el Museo Nacional de Arte la exposición Max Ernst: Una semana de bondad, que ha llegado a México gracias a Fundación Mapfre. La exposición es, por mucho, de las mejores del año, después de que se expusiera en el Palacio de Bellas Artes la obra de Magritte, otro de los grandes pintores surrealistas.

Una semana de bondad o los siete elementos capitales es un título sugerente que invita al espectador a conocer el significado irónico de estos términos antitéticos. La obra del artista alemán, que también adquirió las nacionalidades francesa y estadounidense, se presenta como una novela de folletín, género popular en el siglo XIX, que se caracteriza por la entrega periódica de episodios, y cuyos temas giran en torno a lo sentimental y a lo simple, aunque también en este sentido Ernst quiso ser irónico, y veremos por qué.

La técnica que utilizó el artista fue el collage, que ensambló a partir de recortes de libros ilustrados, superponiendo fragmentos que contienen una vasta cantidad de información, y en la que cada obra puede ser leída por sí misma como símbolo o emblema.

La novela gráfica está conformada por 184 collages distribuidos en cinco cuadernos, a cada uno de los cuales asigna elementos diferentes; a saber:

  • Primer cuaderno. Color: púrpura; día: domingo; elemento: el barro; ejemplo: El león de Belfort.
  • Segundo cuaderno. Color: verde; día: lunes; elemento: el agua; ejemplo: El agua.
  • Tercer cuaderno. Color: rojo; día: martes; elemento: el fuego; ejemplo: La corte del dragón.
  • Cuarto cuaderno. Color: azul; día: miércoles; elemento: la sangre; ejemplo: Edipo.
  • Finalmente, el quinto cuaderno, de color amarillo, comprende los días jueves, viernes y sábado. Al jueves le corresponde el negro como elemento, y como ejemplos tiene «La risa del gallo» y «La isla de Pascua»; para el viernes, el elemento es la vista, y el ejemplo, «El interior de la vista»; el sábado tiene un elemento desconocido, y su ejemplo es «La llave de los cantos».

Tan sólo con esta descripción podremos percatarnos de la complejidad que encierra el contenido de esta novela, cuyo relato se expresa mediante imágenes, ya que carece casi por completo de palabras. Desde el inicio del recorrido, nos enfrentamos al reto de decodificar el mensaje. Uno de los primeros collages nos presenta, en forma de emblema, una silueta antropomorfa con cara de león, investida con un rango militar, mirando un cuadro de alguien que parece ser Napoleón; a su vez, el soldado leonino sostiene otro felino, una leona quizá (Collage 1). Esta obra (que no rebasa los 20 x 25 cm.) está cargada de un fuerte simbolismo que puede ser interpretado desde diferentes planos: el león visto como símbolo de poder, el poder en manos de la clase militar y el poder subyugado al poder totalitario, representado por la figura de Napoleón. Así pues, esta primera serie de collages agrupa figuras de leones que representan tanto el poder militar como el eclesiástico, así como la dominación sexual.

Los cuadernos del lunes y el martes, cuyo símbolo es el agua y el fuego respectivamente, tienen como protagonistas a personajes femeninos. En el libro del agua, las mujeres aparecen, en contraposición al cuaderno anterior, dominantes, ya sea del tiempo, del agua o de los hombres; aunque también las veremos sucumbir ante la fuerza de la naturaleza en las inundaciones que, literalmente, permean esta serie. El cuaderno del día martes, «La corte del dragón», es el que más nos recuerda a la novela realista de finales del siglo XIX, pues predominan las escenas domésticas en las que las protagonistas son mujeres en posturas melodramáticas, husmeando detrás de las puertas, fantaseando con la servidumbre, confesando sus más profundos secretos con sus amigas o reprimiendo sus deseos y guardando profundos sentimientos de culpa (Collage 2). Max Ernst pronunció esta dura crítica contra la clase burguesa de medio siglo antes; sin embargo, sus apreciaciones siguen teniendo vigencia, pues evidencian a una clase que se oculta bajo la máscara de la ingenuidad o la bondad; por eso las mujeres aparecen con alas de ángel, pero en realidad sus pecados capitales viven escondidos bajo el símbolo del dragón, la serpiente y otros reptiles que se ocultan detrás de los biombos y en los cuadros que ornamentan las estancias.

«Edipo» es elemento predominante del cuarto libro, en el cual Max Ernst describe la tragedia del héroe griego en una reinterpretación burguesa. Así como el héroe trágico encontró su destino en el exilio, el parricidio y el incesto, este héroe burgués con rostro de pájaro realiza su propio drama al matar, huir o agredir a otros sujetos. Los collages de esta serie están altamente cargados de violencia; continuamente veremos a mujeres siendo golpeadas, cadáveres desconocidos y, finalmente, una especie de calvario en donde los cráneos y el paisaje desolado remarcan el sentimiento decadente de esta novela gráfica (Collage 3).

El cuaderno amarillo contiene los tres días de la semana restantes. El jueves comprende dos tipos de crítica: a «La risa del gallo» y a «La isla de pascua». En la primera parte percibimos al gallo como un ente vengativo, que acorrala, rapta o castiga mujeres y también asesina hombres, mientras que, en la segunda parte, el hombre burgués es representado por un ser antropomorfo con cabeza de móai (símbolo emblemático de la isla de Pascua), otra de las máscaras del burgués (Collage 4).

«Así se inicia con el interior de un cuerpo humano invadido por otros seres, como si anunciara la duplicidad que viven los personajes movidos por máscaras tribales, como en la lámina 4, donde una mujer abraza a un hombre escindido entre su yo y el de la máscara, cuyo cuerpo está rodeado por una serpiente» (Rivas, 2009: 23).

El viernes, «El interior de la vista», reúne la que, quizá, es la serie de collages más abstracta de esta obra, debido a que el tema que describe es la actividad artística; contiene tres poemas visibles en los que observamos ambientes mucho más amigables: manos que se entrelazan, huevos, naturalezas e instrumentos. Para el día sábado, cuyo ejemplo es «La llave de los cantos», los personajes femeninos vuelven a aparecer, pero ahora sus expresiones y posturas expresan momentos extáticos.

En conjunto, Una semana de bondad parece una de las obras más surrealistas que hayamos visto: la presencia de animales, de seres mitológicos y de escenas oníricas nos brindan esa perspectiva; sin embargo, cada una de estas láminas contiene la cifra de los mitos y relatos del mundo moderno: decadente y devenido en fragmentos, como el collage.

Esto configura una visión superrealista de Max Ernst descrita desde todos los tonos posibles: el de la ironía, la parodia, la tragedia, la sátira y el encantamiento; sus herramientas: ilustraciones, cola y tijeras, con las que recorta el mundo y recrea lo que Milan Kundera llama «la trampa en la que se ha convertido el mundo».

Bibliografía

RIVAS, Mercedes, «Max Ernst: Una semana de bondad», Cuaderno, Número 38, 7-25.  (documento PDF, Madrid, Fundación Mapfre, 2009. Obtenido de http://www.exposicionesmapfrearte.com/maxernst/pdf/cuaderno.pdf, consultado el 15 de Septiembre del 2010).

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Drusila Torres Zúñiga (Ciudad de México). Licenciada en Letras Hispánicas por la UNAM. En 2009 obtuvo el Primer lugar del Premio Nacional al Estudiante Universitario José Emilio Pacheco, en la categoría de poesía.

Revista cultural

3 comentarios

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  2. Helio

    30 Septiembre, 2010 at 15:28

    Bueno, pues hiciste que me dieran ganas de ir a verla, jejeje.

  3. Mario Tamez

    30 Septiembre, 2010 at 16:33

    Muy atractivas y sugerentes las interpretaciones sobre la obra de Ernst, las cuales seguramente volveré a leer en cuanto haya visto la exposición, la cual la he programado entre otras posibles opciones, motivado principalmente por esta lectura.

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