Sören Kierkegaard. La singularidad y subjetividad de la existencia

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Francisco Javier González Quiñones

Introducción

Sören Kierkegaard nació en la capital danesa el 5 de mayo de 1813. Físicamente no fue agraciado, ya que era jorobado y deforme de una pierna. Su padre, quien desde la miseria se encumbró hasta alcanzar una notable posición social como comerciante rico, fue un estricto luterano que si bien le dio una educación universitaria a sus hijos, nunca liberó a Kierkegaard de las ataduras psicológicas que lo llevaron a cambiar radicalmente su forma de vivir en la última etapa de su existencia. Esto a raíz de la revelación que le hizo su progenitor, un poco antes de morir, cuando le confesó que en su juventud había blasfemado de Dios y que sentía que nunca podría pagar ese pecado. Tras esa dolorosa confesión familiar en 1838, Kierkegaard tuvo una profunda experiencia mística que lo llevó a intensificar su dedicación y concentración en problemas religiosos. Esta experiencia derivada de la tenebrosa piedad de su padre, aunada a su personalidad introspectiva, que trató de ocultar durante varios años con una intensa y disipada vida social, influyó y obsesionó a Kierkegaard, lo cual fue determinante para definir el existencialismo cristiano del filósofo danés. De alguna forma se sintió comprometido por la confesión de su padre y asumió esta culpa como propia. Otra persona de suma importancia en la vida de filósofo fue Regina Olsen, con quien se comprometió en 1840, cuando ella tenía sólo 17 años. Sin poder culminar el matrimonio, Kierkegaard rompió los lazos sentimentales con Regina en 1841. A raíz de este rompimiento se refugio en la melancolía que lo llevó a florecer su veta de poeta y escritor. Entonces se dio cuenta de que no quería ser un pastor luterano y durante los siguientes 14 años, cubiertas sus necesidades económicas con la herencia recibida de su padre, se dedicó por completo a desarrollar su pensamiento filosófico y a formularlo en más de 20 obras.

Algunos estudiosos atribuyen su rompimiento matrimonial a una simple inseguridad derivada de su condición física, pero otros ven este alejamiento como algo coherente y necesario para que Kierkegaard pudiera emprender su deber religioso. Otros más afirman que el filósofo rompió su lazo matrimonial con Regina Olsen para evitarle la infelicidad del matrimonio.

La filosofía de este pensador danés posee tres características fundamentales: está enmarcada dentro del romanticismo influido por las ideas de Friedrich Schelling; es una respuesta critica y radical contra el raciocinio de Hegel y está matizada por una introspección marcada por su propia historia de vida. Su obra está impregnada de melancolía y culpa, productos de su propia experiencia personal. Son acontecimientos claves en el desarrollo de su obra, la muerte de su padre y la relación sentimental con Regina Olsen.

Sometido a grandes esfuerzos físicos, por sus largas jornadas de escritura, y a los ataques de sus enemigos, ventilados ante la opinión pública, Kierkegaard, de constitución física débil, no soportó tanta tensión y fue atacado por una parálisis que lo hizo caer y perder el sentido en plena calle, el 2 de octubre de 1855. Unas semanas después, el domingo 11 de noviembre, la intensa y singular vida de Sören Kierkegaard concluyó.

 

La singularidad de la existencia

 

Lo que distingue el pensamiento de Sören Kierkegaard es su apasionamiento por la singularidad de la existencia humana. Todos los individuos somos seres humanos pero cada uno de nosotros somos singulares en cada instante de nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte. A partir de esa singularidad somos responsables de nuestros actos y debemos asumir conciencia de ello. Hacerlo nos potencia para transfigurar la finitud de la vida terrenal.

El postulado fundamental del existencialismo es que son los seres humanos, en forma individual, los que crean el significado y la esencia de sus vidas. La corriente existencialista, de manera general, destaca el hecho de la libertad y la temporalidad del hombre, de su existencia. Lo concreto del mundo es el hombre.

La obra de Kierkegaard gira en torno al tema trascendental de la vida: cómo vivimos, cómo elegimos nuestra vida, y lo que significa estar vivo. El hombre vive en tres esferas que el filósofo identifica como estadios estético, ético y religioso.

 

Los tres estadios de la existencia humana

 

Los tres estadios fundamentales en el camino de la vida, obedecen a la naturaleza humana y marcan un itinerario individual que tiene sus propias escalas en el ser personal. Las características de estas esferas identifican plenamente al tipo de hombre y a la etapa de su vida en la que se encuentra inmerso.

En el estadio estético la escala en el ser personal es la existencia. El esteta es quien vive de sus sensaciones y está atado a ellas sin querer ir más allá. Las experiencias sensoriales son su aspiración pero también sus límites. El esteta es seductor y narcisista, en busca de placeres seduce para alimentar de sensualidad su ego. Su egoísmo y su carencia de amor al prójimo lo vuelven vacío. El esteta como el Don Juan de Mozart se agota a si mismo, o como el Fausto de Goethe, no le importa vender su alma al diablo para agotar todas las experiencias posibles. Finalmente el esteta, como el judío errante, vive perseguido por si mismo, errante y desesperado.

En el estadio ético la escala en el ser personal es el ser en sí. En este estadio la moral resulta ser un paliativo para la desesperación. El  hombre ético se afirma cada vez más en el amplio tejido de las relaciones humanas, el hombre descubre en sí mismo la verdad, que es la subjetividad. En este estadio se manifiesta el sentimiento de responsabilidad ante compromisos adoptados. El individuo se decide por el matrimonio, por una profesión o por una actividad social, La vida ética es una vida moral ordenada que sigue reglas universales y necesarias. Esta es una moral de orden interno que, al mismo tiempo se funda en una moral social. Frente al hombre estético el hombre moral tiene una vida precisa y racionalizada. Pero este orden y esta racionalidad limitan al hombre ético, ya que finalmente lo convierten en alguien que le importa más el deber que el amor, la ley moral que la religión y la existencia social que la divinidad.

En el estadio religioso la escala en el ser personal es la trascendencia. Éste es el  estadio al que se llega mediante una relación subjetiva muy personal y auténtica con Dios por medio de la fe. Representa el paso definitivo que tiene que dar el hombre. Sólo si renuncia a sí mismo, para superar las limitaciones que la realidad le impone, accede a lo trascendente, a Dios y a la verdadera individualidad. La persona es tal, piensa Kierkegaard, por estar delante de Dios, por ser existencia dialogada entre el yo humano y el tú de Dios. El hombre es verdaderamente persona cuando sale al encuentro de Dios, que es el trascendente, el tú. Sólo en referencia a Él puede hablarse del ser personal del hombre.

El hombre religioso es aquél que ha sido tocado directamente por Dios. Este hombre sí sigue la moción divina, el llamado interior, deja atrás y para siempre la posibilidad de existencia del estético y la  coexistencia moral del ético. Rompe con la existencia delimitada por la continuidad del tiempo. La vida del religioso es de rupturas, saltos y renuncias. El hombre religioso asume con el impulso de la fe una renuncia total, no de palabra ni de interés calculado. Con esta renuncia, basada en el absurdo, paradójicamente recupera todo al serle revelado el camino de la salvación y de la eternidad.

 

El camino a la salvación

 

Lo que pretende Kierkegaard con el conjunto de sus obras es mostrarle al hombre el camino a la salvación, de ahí su insistencia de que los hombres deben vivir como contemporáneos de Cristo. La gran paradoja es la presencia de Dios en los hombres y entre los hombres y está a su vez es el verdadero camino de la salvación. Este es un camino que se tiende a rechazar, no porque sea falso sino porque es esencialmente difícil. En un plano vital es difícil porque la paradoja del cristianismo es productora de angustia. En el plano racional también es difícil porque la razón es aquí impotente y debe dejar lugar a la fe.

 

La razón no puede explicar a ciencia cierta la existencia de Dios

 

La razón trata de explicar la existencia de Dios pero aún con el  apoyo de la ciencia no puede demostrar esta existencia. Para Kierkegaard Dios no se explica se vive, por eso es suficiente la pasión y en vano los miles de libros o tratados religiosos. De ahí su critica al aparato monumental de la obra filosófica de Hegel y su señalamiento hacia él criticándolo como supuesto pensador y calificándolo de un simple profesor de filosofía.

La razón humana, medida finita del hombre finito, no puede dar el saltum mortale, que lleva a la infinitud. Para Kierkegaard, Dios no existe en el medio fantástico de la abstracción, Dios sólo existe para un hombre existente, sólo puede existir en la fe.

 

El gran salto de fe

 

Cada uno de los tres estadios de la existencia humana: el estético, el ético y el religioso, se relacionan positivamente entre sí como etapas sucesivas hacia una vida más rica y perfecta. Constituyen las etapas de una vida ascendente, pero con la particularidad de que no puede pasarse de una a otra sino mediante el salto.

El concepto de salto es fundamental para entender el pensamiento de Kierkegaard, ya que el salto es un acto de fe y se opone al razonamiento. Es totalmente opuesto al racionalismo de Hegel y no requiere del respaldo de un conocimiento sistematizado, su acción sólo exige entrega apasionada y desbordada por la liberación de la angustia. El salto es un acto cualitativo y no cuantitativo. A la vez es un proceso por el cual se actualiza el espíritu en forma de individualidad, el individuo mediante un acto de voluntad y en el libre ejercicio de su libertad asume su singularidad y subjetividad, alejado y desconectado de todo lo universal omnicomprensivo.

Para Kierkegaard la transición de una esfera de la existencia humana a la siguiente, se realiza no por el pensamiento sino por la opción, mediante un acto de la voluntad, y en este sentido: por un salto de fe. En esta transición hay un progreso o peregrinación inevitables; sin embargo, resulta claro que el paso de una etapa a la otra no es un proceso automático o gradual, sino más bien el resultado de una decisión apasionada. Lo que impulsa a los hombres a saltar de una dimensión a la otra es la potencia de la angustia que finalmente revela al singular existente la  presencia inmutable de Dios.

 

La angustia. El vértigo de la libertad

 

Así como la moral resulta ser un paliativo para la desesperación del esteta, la angustia es lo que hace posible que el hombre ético transciende su estadio y alcance la religiosidad que lo acerca a la presencia de Dios.

Para Kierkegaard la angustia se distingue netamente del miedo. El miedo siempre es referencia a algo determinado, la angustia, en cambio no se refiere directamente a nada. La angustia, que nace de la inocencia adánica del primer hombre, es siempre indeterminada. En el contexto del cristianismo lo que Kierkegaard quiere decir es que el hombre, antes de la caída, ha sido creado con libertad y que esta libertad produce una angustia cuya presencia está en la caída misma, así la angustia es el vértigo de la libertad. Este mismo acto libre por el cual el hombre ha caído es el que, en última instancia, puede salvarlo al revelarle su finitud. La revelación de la finitud a la cual se llega mediante la fe, es la solución a la angustia, el alcance de la verdadera libertad. Al construir la finitud de cada persona, la angustia nos construye y nos pone frente a frente, ante el infinito, ante el Dios que nos ha creado y cuyo entendimiento va más allá de nuestra limitada y finita inteligencia. La angustia pone al hombre ante lo único inconmovible (Dios).

La libertad kierkegaardiana es igualmente acción y devenir, acto y movimiento, instante y temporalidad, infinitud y finitud, discriminados en el dinamismo existencial del sujeto y a la vez recogidos en su identidad esencial. Dicho con mayor precisión, si «el hombre es una síntesis de infinito y de finito, de tiempo y eternidad, de libertad y necesidad, en breve, una síntesis», la libertad es la autoconciencia de esta síntesis, capaz de asumir la totalidad de los elementos integradores de la existencia humana en la unidad del yo, mas allá de sí mismo.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

 

1. Andrés A. Luetich,  Los «estadios en el camino de la vida», según Sören Kierkegaard, documento PDF, obtenido de http://www.luventicus.org/articulos/04U001/index.html, consultado el 5 de noviembre de 2014.

2. Francesc Torralba Roselló, Individualidad versus globalización. De nuevo, Kierkegaard, documento PDF, obtenido de http://www.uia.mx/departamentos/dpt_filosofia/kierkergaard/pdf/art_individualidad_versus_globalizacion.pdf, consultado el 5 de noviembre de 2014.

3. Juan Manuel Rodríguez , «Kierkegaard: lo público y la multitud», Revista Latinoamericana de Comunicación Chasqui,  No. 97, 2007, págs. 66-67.

4. Maria García Amilburu, «Kierkegaard y la comunicación indirecta. Algunos comentarios a La alternativa», Tópicos 5, 1993, pp. 113-139.

5. María J. Binetti,  «Algunos puntos clave de la libertad kierkegaardiana», Anuario Filosófico,  Vol. 39 No. 3,  2006, pp. 649-672.

6. Ramón Xirau, Introducción a la historia de la Filosofía, México, UNAM, 1983.

7. Sören Kierkegaard, Mi punto de vista. Traducción de José Miguel Velloso. Madrid, Aguilar, 1988.

8. Verónica Andrea Ruscio,  El mal en Sören Kierkegaard, documento PDF, obtenido de http://www.monografias.com/trabajos6/Sören /Sören .shtml, consultado el 5 de noviembre de 2014.

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Francisco Javier González Quiñones 
(Zacatecas, Zac. México, 1956) es ingeniero electricista por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Investigador del Instituto de Investigaciones Eléctricas. Autor de los libros de cuentos: Kalimán, Christopher Lee y otros amigos y La santa del mesón de Jobito. Actualmente escribe en el suplemento cultural La Gualdra, de  La Jornada Zacatecas.  También ha publicado en Cuadrivio semanal, en la sección cultural de El Financiero y en las revistas Dos Filos Delatripa.

Revista cultural

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