Not that classical Nick Cave ballad

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Nick Cave and The Bad Seeds en México

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Camila Paz Paredes

I’m not like a musician. I mean… I write songs…

Nick Cave, 18 de febrero, 2013

 

Nicholas Edward Cave tiene cincuenta y cinco años de edad, más de treinta álbumes de estudio, dos novelas, tres guiones cinematográficos más uno en camino, múltiples colaboraciones de música para cine y una lista considerable de mujeres de la talla de PJ Harvey, Anita Lane o la modelo Susie Bick, con quien actualmente está casado, en el haber de su corazón. Los pasados lunes 18 y martes 19 de este mes vino por primera vez a México a presentar, en estreno mundial, su último álbum con The Bad Seeds, titulado Push the Sky Away.

Quienes esperaban ver a un Nick Cave envejecido, de voz desgastada y bajas energías se llevaron una buena sorpresa: el espectáculo que ofreció en El Plaza Condesa de la ciudad de México no fue el nostálgico repaso de una carrera terminada. Nick nos hizo gritar «From Her to Eternity» como si apenas hubiera salido aquel su primer disco con The Bad Seeds de 1984, con esa energía punketísima y sucia que todavía lo hace saltar en el escenario y alzar los puños al cielo.

El disco que Nick Cave presentó con su banda legendaria es muy distinto de los anteriores catorce que hemos escuchado de este storyteller australiano y sus músicos. Para algunos, Push the Sky Away es un álbum melancólico; «fantasmal», como lo describió el mismo Nick durante la conversación ofrecida el lunes en el Museo del Chopo: «a ghosted record in some way», en gran medida por el vacío que deja al abandonar la banda Mick Harvey, un integrante que acompañó a Nick Cave desde los inicios de su carrera en The Boys Next Door y The Birthday Party.

Además, el álbum también tiene una intención distintiva: las canciones no hablan de las situaciones, las voces o los personajes mismos, sino de quien las escribe y las observa: «a writer who is separate from the action» («un escritor que está separado de la acción»), en palabras de Nick Cave. En consecuencia, las letras son más neblinosas y difíciles de interpretar que de costumbre; para algunos, más poéticas y personales.

Bajo esta tónica –claramente menos enérgica que la de Dig, Lazarus, Dig!, el álbum anterior del conjunto–, y tratándose del decimoquinto disco de estudio, muchos habrían temido encontrarse con viejos músicos de otra época haciendo un álbum que estrenara tiempos de decadencia en la carrera de Nick Cave. Él mismo reconoció: «Nobody makes good records forever» («Nadie hace buenos discos por siempre»). Y en efecto, la historia parece demostrar que un éxito auténtico –no en términos de ventas, sino de creación artística– no es sostenible por mucho tiempo.

A pesar de esto, Nick Cave y The Bad Seeds presentan una propuesta rica y densa, con un carácter particular, pero muy de la banda: con Push the Sky Away tocan una cuerda más sensible de su música. Es un álbum con cuerpo nocturno y onírico. Una pieza completa, no una recopilación de canciones, lo cual muestra hasta qué punto Nick Cave y The Bad Seeds producen un arte original y maduro, que nadie puede imitar. Hay un carácter único que ha ido consolidándose en la larga carrera de Nick Cave con este grupo: la música es suya y sólo suya; tiene sello de autor. No pertenece ni inaugura género alguno. Es arte de genio y para apreciarlo hay que considerarlo como «obra» en su totalidad.

Pero el nuevo álbum no es ni una «vuelta de hoja» que corta con el pasado ni un esfuerzo del grupo por «mantenerse» en la escena artística, sino un signo de madurez y vitalidad creativa. Nick Cave sigue al frente del reto lírico y musical, y así completa la frase que nos explica por qué su trabajo sigue siendo tan bueno y tan nuevo: «Nobody makes good records forever… unless it’s something challenging» («Nadie hace buenos discos por siempre… a menos que sea algo desafiante»).

Así que no teman: Nick no se ha dormido en sus laureles, no tiene ínfulas de gran artista ni se siente separado del resto de la humanidad. Así lo demostró en su cálida insistencia para que los asistentes al Museo del Chopo le hablaran directamente e hicieran sus preguntas a mano levantada. Y ante las más sublimes y aduladoras preguntas sobre su inspiración y sus profundas razones para escribir, respondió: «I don’t deal in inspiration… I dreamed to be a painter. Then I went to art school and failed. I became the singer of a band. I started writing because I failed art school» («Yo no hago negocios de inspiración… Soñaba con ser pintor. Entonces fui a la escuela de artes y fracasé. Me volví el vocalista de una banda. Empecé a escribir porque fracasé en la escuela de artes»).

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El concierto del lunes 18 comenzó con luces azules y el pulso profundo de «We No Who U R», canción que inaugura el nuevo disco. El concierto del martes 19 terminó en la misma atmósfera entre marina y celestial con «Push the Sky Away», canción que cierra el álbum del mismo nombre. En el espectáculo, hubo clásicas historias asesinas, baladas con Nick al piano (que todos corearon) y viejas melodías sobre chicas que hicieron saltar y bailar al público. A pesar de la variedad, se sintió la falta de las canciones estilo western y se extrañó un poco la oscuridad de piezas como «Loverman» o «Up Jumped the Devil». Sin embargo, las canciones que seleccionó la banda demostraron al público que Nick y los Bad Seeds siguen siendo los de siempre y que tocan como siempre; que las letras más mórbidas como las más románticas siguen en el repertorio de su vocalista y letrista, que se mostró animado y, por qué no decirlo, feliz.

Ésta no es una historia terminada. Los catorce álbumes de Nick Cave y The Bad Seeds están presentes en los músicos que nos regalan este decimoquinto. Así nos sorprendió un artista que ha hecho historia y que –hats off to the man…‒ seguirá haciéndola.

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Camila Paz Paredes (1989) estudia sociología en la UNAM. Es subdirectora de Cuadrivio.

 

Revista cultural

1 comentario

  1. Toust

    21 Febrero, 2013 at 15:32

    Wow!! Increíble texto. Yo fui al concierto del lunes y concuerdo en que, contrario a satisfacer esa cosquilla de haber visto a Nick Cave, aumentó el deseo de querer más. Espero que no sea la última vez que viene a tierras aztecas.

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