El indomable australiano y la filtración más grande de la historia

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Jaime Vigna Gómez

El 2 de septiembre de 2011 Julian Assange, fundador de Wikileaks, anunció que publicaría en el portal de la controvertida página, sin editar, el resto de los documentos del Departamento de Estado que no habían sido dados a conocer y que le fueron proporcionados por el analista del ejército estadounidense, Bradley Manning, a principios del año pasado. La reacción fue inmediata. Los cinco grandes periódicos que habían colaborado con Wikileaks para la publicación de los documentos editados (el inglés The Guardian, el alemán Der Spiegel, el francés Le Monde, el estadounidense The New York Times y el español El País) emitieron una condena pública a la decisión de Assange y se deslindaron de sus acciones. Dos días después, el Procurador General de Australia anunció que el lanzamiento de los cables había permitido la identificación de miembros del sistema de inteligencia de aquel país, por lo que podría emitirse una orden de arresto en contra de Assange. Al parecer ésta será sólo la primera de la oleada de acusaciones que se desatarán dentro de los próximos días y que abrirán un capítulo más en la compleja trama de la filtración de cables diplomáticos más grande de la historia.

El caso Wikileaks se remonta al año 2006 cuando el australiano Julián Assange y otros hackers informáticos decidieron crear una página de Internet, con el objetivo de convertirla en una «versión incensurable de la Wikipedia para el filtrado masivo e inrastreable de documentos» que se centrara en denunciar a «los regímenes opresivos de Asia, el antiguo bloque soviético, el África subsahariana y el Oriente Medio, pero también a aquellos en Occidente con comportamientos poco éticos en sus propios gobiernos y corporaciones»[1]. Durante los siguientes años, Wikileaks publicó documentos sobre lavado de dinero en Kenia o la corrupción en Islandia, sin embargo, sería hasta el año de 2010 cuando se convertirían en actores de fama internacional tras ser elegidos por un joven analista estadounidense como el medio para dar a conocer decenas de miles de documentos de las Embajadas de Estados Unidos en el mundo y sobre las guerras en Irak y Afganistán.

Bradley Manning es el nombre del joven analista que descargó los documentos y los transfirió a Assange para ser difundidos en la página de Wikileaks. Existe muchas teorías sobre el carácter y la personalidad de Manning, sin embargo, hasta la fecha sus verdaderas motivaciones siguen siendo un misterio. La hipótesis que se ha manejado es que Manning, un joven idealista y emocionalmente inestable, al realizar su trabajo de monitoreo y rastreo descubrió las atrocidades que cometía el ejército estadounidense en Irak y Afganistán. Confinado en un búnker en Bagdad, el joven se obsesionó con los documentos a los que tenía acceso y comenzó a revisar no sólo cables de estas guerras, sino informes enviados desde todas las Embajadas del mundo al Departamento de Estado. Su decepción frente a la forma en la que se maneja la política estadounidense lo convenció de que, si quería cambiar esta situación, tenía que difundir toda esa información. Se acercó por primera vez a Julian Assange en noviembre de 2009 y, paulatinamente, fue transmitiéndole documentos y videos con la finalidad de que los diese a conocer a nivel internacional.

Assange respondió al llamado de Manning. El creador de Wikileaks difundió a nivel mundial un video enviado por el joven en donde se mostraba a miembros del ejército estadounidense disparando contra periodistas desarmados de la agencia Reuters. El video dio la vuelta al planeta y demostró que Assange tenía no sólo el interés, sino la capacidad para dar a conocer el mensaje que Manning quería transmitir al mundo. Poco después, Manning le entregaría a Assange documentos de las guerras en Irak y Afganistán y más de 250,000 reportes de las Embajadas y el Departamento de Estado. Atormentado por la soledad a la que estaba confinado, Manning confesaría sus acciones a un hacker llamado Adrián Lamo, el cual lo denunció inmediatamente con las autoridades estadounidenses. Tras la denuncia, el idealista joven quedó confinado a una celda de 2 x 4 metros en dónde, desde principios de 2010, debe pasar 23 horas al día. Asimismo, tiene prohibido realizar cualquier tipo de ejercicio, poseer objetos personales, dormir después de las cinco de la mañana, taparse la cara o hablar. Su trágico destino ha desatado movilizaciones alrededor del mundo, sin embargo, debido a la gravedad del delito cometido, parece poco probable que sus condiciones, al menos en el corto plazo, pudiesen llegar a cambiar.

Tras la captura de Manning, Nick Davies del periódico The Guardian decidió buscar a Assange con el objetivo de llegar a un acuerdo para la publicación de los cables. Davies y Assange concordaron en la conveniencia de involucrar en el proyecto al periódico de tendencia demócrata más importante de Estados Unidos: The New York Times.[2]. El alemán Der Spiegel se adheriría a las negociaciones poco tiempo después. Los tres periódicos y Wikileaks acordaron publicar de manera simultánea los documentos y editar los cables que contuvieran nombres que pudiesen poner en peligro la vida de personas o programas militares que se encontrasen activos. Las primeras dos filtraciones, sobre las guerras de Afganistán e Irak, fueron un éxito mediático internacional.

Sin embargo, aún faltaba dar a conocer los cables del Departamento de Estado. Para este nuevo lanzamiento Assange solicitó la inclusión de dos periódicos más: el francés Le Monde y el español El País. Durante semanas corresponsales de los cinco periódicos se dedicaron a rastrear y catalogar la información de los 250,000 documentos proporcionados por Manning (que iban desde informes ordinarios hasta reportes confidenciales). Las Embajadas reportaban desde los excesos de Gadaffi y Berlusconi, hasta asuntos más trascendentales como la relación entre China y Corea del Norte y la perspectiva de los países árabes frente a Irán. Arrojaban información de prácticamente todo el mundo y su publicación abría la posibilidad de tensar las relaciones de Estados Unidos no sólo con sus enemigos, sino incluso con sus vecinos y aliados. Los cinco periódicos y Assange acordaron no dar a conocer esta información en una sola entrega, sino de hacerlo de forma paulatina.

El día 28 de noviembre se publicó, de manera simultánea, en los cinco periódicos y la página de Wikileaks, la primera entrega de los documentos del Departamento de Estado. El escándalo fue mayúsculo. Se revelaron desde redes de espionaje al interior de Naciones Unidas, hasta duras críticas hacia los gobiernos de Rusia y Afganistán, así como descripciones poco halagadoras sobre líderes como Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy. Antes del lanzamiento Estados Unidos alertó a la mayor parte de los líderes mundiales sobre los documentos y su contenido por lo que, al menos públicamente, no hubo una denuncia abierta hacia la diplomacia estadounidense. Por el contrario, sí hubo una condena generalizada hacia la filtración e incluso la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, lo consideró un ataque a la diplomacia internacional y una provocación a la paz y seguridad internacionales.

Tras el lanzamiento, inició una vorágine mediática alrededor de Julián Assange. Previendo una posible represalia de Estados Unidos, Assange se había trasladado desde antes de la publicación a Suecia, ya que ese país posee una legislación que defiende ampliamente la libertad de prensa y expresión. No obstante, Assange no tomó en cuenta que Suecia también es una férrea defensora de los derechos sexuales de las mujeres. El carismático líder de Wikileaks se caracteriza no sólo por tener una irrefutable habilidad para la tecnología y el camuflaje, sino por tener un apetito voraz hacia las mujeres. Durante su estancia en Estocolmo se relacionó sexualmente con dos, las que posteriormente lo denunciarían por delitos sexuales: la primera lo acusó de romper el condón durante el acto sexual y la segunda de iniciar la relación cuando aún se encontraba dormida. Ambos casos fueron aprobados por la Fiscalía sueca y, por lo tanto, procedieron las respectivas demandas.

Las denuncias se dieron a conocer justo después del primer lanzamiento de cables a finales de noviembre. Se giró una orden de aprehensión en Suecia contra de Assange, por lo que éste tuvo que trasladarse a Gran Bretaña. En la actualidad sigue pendiente un juicio de extradición para que Assange responda por los cargos imputados, sin embargo, los abogados del australiano argumentan que, al no ser estos delitos en Gran Bretaña, no tendría porque aplicarse la extradición. Hubo mucha especulación sobre la veracidad de las acusaciones o sobre si habría intereses ocultos detrás de las denuncias.

La difícil relación entre Assange y los periódicos se tensó notablemente durante 2011. Julián enfureció con el New York Times por una semblanza poco favorable que publicaron en sus páginas y por la abierta comunicación que el rotativo mantenía con el Departamento de Estado. El rompimiento con The Guardian vendría poco después cuando Leigh y otro corresponsal del periódico, Luke Harding, publicaron el libro Wikileaks y Assange, en donde describían la filtración desde sus orígenes y la difícil personalidad del creador de Wikileaks. Fue precisamente la publicación del libro el pretexto utilizado por Assange para liberar los cables sin editar, pues acusó a Leigh y a Harding de dar a conocer en éste contraseñas privadas para acceder a los documentos.[3]

Falta aún ver cuál será el desenlace de la truculenta historia. Es muy probable que en los próximos días continúen los ataques en contra del líder de Wikileaks, al igual que las notas relacionadas con la información que se encuentra disponible en la página. Por lo pronto, su gran aliado, The Guardian, ya se ha adherido a la feroz embestida en contra de Assange. Habrá que esperar si, tal y como lo esperaba Manning, las filtraciones van a provocar un verdadero cambio en la forma de ver y hacer política en el escenario internacional. Lo peor del caso es que, mientras se pudre en una celda de 2 x 4 metros, el sueño del joven analista parece ser, cada día que pasa, más y más improbable.

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Jaime Vigna Gómez (Ciudad de México, 1987). Estudió la licenciatura en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. Es un ferviente fanático del cine, la literatura y la pintura. Ama conocer y entender. Sueña con vivir en un departamento sin paredes.


[1]  David Leigh y Luke Harding, Wikileaks y Assange, México, Deusto, 2001, p. 63.

[2] En un inicio se acordó que The New York Times publicara cinco minutos antes que el resto de los periódicos para evitar que Manning fuera acusado de espionaje.

[3] Los periodistas argumentan que Assange les dijo que era una contraseña temporal que sólo tendría vigencia por unas cuantas horas.

Revista cultural

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