Cine, política y Hollywood

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Jaime Vigna Gómez

La profunda vinculación entre el cine y la política es un fenómeno que no se limita a un país o una coyuntura específica, sino que es una relación que tiene un carácter prácticamente global y atemporal. La razón principal de ello es muy sencilla: el cine es un medio propagandístico muy eficaz que permite transmitir ideas e influir en el imaginario social colectivo. Durante el siglo XX fue ampliamente utilizado tanto por la Unión Soviética, como por Estados Unidos como una herramienta para legitimar y difundir dentro y fuera de sus fronteras nacionales sus respectivos proyectos políticos, económicos e ideológicos. Europa, a través de su producción cinematográfica, también demostró al mundo, especialmente con el cine francés e italiano, su desencanto e inconformidad por la destrucción sufrida durante la Segunda Guerra Mundial y los ajustes que tuvieron que sufrir sus sociedades tras el cataclismo. Asimismo, el poder adoctrinador del cine llevó a que algunos regímenes, como el caso chino durante la Revolución Cultural, prohibieran su producción y distribución. En última fechas, la importancia que ha adquirido India en el escenario internacional ha ido acompañada de un proyecto de promoción cultural y exaltación de la identidad nacional, el cual ha estado fuertemente vinculado a la expansión de la industria cinematográfica.[1]

En México el cine, especialmente durante su época dorada, también cumplió una función política y propagandística. El cine mexicano fue uno los medios de difusión más eficaces del proyecto de la llamada «Familia Revolucionaria». La exaltación de la Revolución Mexicana y de los valores campesinos en cintas como «Allá en el rancho grande» sirvió para calmar a las activas masas campesinas y los convenció de la importancia de consolidar y defender este proyecto. Asimismo, la atinada proyección hecha por los directores de la época de las nacientes clases medias urbanas, la vida en las grandes ciudades y la burguesía industrial sirvieron para fomentar el nacionalismo, uno de las instrumentos fundamentales de cohesión utilizados por los gobiernos priistas durante prácticamente todo el siglo XX. La notoriedad pública del cine mexicano también permitió que íconos de la pantalla grande, como María Rojo, tras protagonizar algunas de las cintas mexicanas más emblemáticas de las últimas décadas, ocupasen importantes puestos políticos en el país.

No obstante, el caso paradigmático de esta profunda vinculación entre la política y el cine es el caso estadounidense y, en particular, su centro de operaciones: Hollywood.[2] La importancia y labor política de actores y directores como George Clooney, Oliver Stone, Sean Penn, Jane Fonda o Daryl Hannah es ampliamente reconocida por la opinión pública y los tomadores de decisiones a nivel nacional e internacional. La visibilidad de estos personajes ha llevado a organismos internacionales, como la UNICEF, a solicitar el apoyo de actrices como Angelina Jolie para diferentes proyectos, o a Organizaciones no Gubernamentales, como PETA, a centrar sus campañas mediática alrededor de diferentes celebridades.[3]

A nivel general, Hollywood es un actor fundamental en la vida política estadounidense. No sólo importantes políticos como Reagan o Arnold Schwarzenegger han sido formados al interior de sus filas, sino que el condado californiano se ha convertido en uno de los portavoces, a nivel nacional  e internacional, más eficientes del gobierno estadounidense. Hollywood ha sido el encargado de promover a nivel internacional el «American Way of Life» y las «maravillas» que implica vivir en un sistema capitalista, occidental y liberal. Asimismo, en determinadas coyunturas ha utilizado su amplia proyección para transmitir diferentes mensajes políticos a la sociedad estadounidense, los cuales van desde la justificación de ciertas acciones gubernamentales, hasta la identificación de los «enemigos» y las «amenazas» a su proyecto nacional.[4]

Este interés por difundir mensajes través de las salas cinematográficas, aunque es una constante en la historia del cine estadounidense, es más latente en medio de coyunturas críticas. Las cintas producidas durante la Segunda Guerra Mundial son ejemplo de este afán por exaltar el esfuerzo bélico y, por ello, no resulta extraño que una cinta bastante regular, como Rosa de Abolengo,[5] fuese reconocida en 1942 con el máximo galardón que otorga la industria cinematográfica de este país: el Óscar. En los años cuarenta, este afán propagandístico no se limitó a Estados Unidos, sino que abarcó todo el continente. En 1944 el poderoso estudio Disney produjo «Los tres caballeros», la historia de tres personajes animados (el Pato Donald, Pepe Carioca y Pancho Pistolas) provenientes de Estados Unidos, Brasil y México en un claro intento por promover el Panamericanismo y el apoyo continental hacia el esfuerzo bélico estadounidense. No obstante, también es justo resaltar que, en determinadas coyunturas, Hollywood ha mostrado su rechazo a diferentes decisiones adoptadas por Washington. Por ejemplo, durante los setenta la producción de películas mostrando los horrores de la guerra de Vietnam –Pelotón, Full Metal Jacket, Apocalipsis Ahora- promovió la movilización pública en contra de la participación en este conflicto. Las protestas de la sociedad civil eventualmente permitieron que Estados Unidos retirara sus tropas del sur de Asia.

A pesar de que históricamente se ha considerado a Hollywood como un bastión demócrata, la realidad es que existen en su interior muchos y poderosos personajes y grupos con tendencias claramente conservadoras. El famoso productor Walt Disney, el icónico director Cecil B. DeMille, Frank Sinatra y dos de los actores más famosos de la historia del cine estadounidense: Clark Gable y John Wayne eran abiertos seguidores del proyecto republicano. Incluso la niña prodigio Shirley Temple, a pesar de protagonizar una serie de películas orientadas a promover el New Deal durante los años treinta (como su famosa versión de Anita la Huerfanita), provenía de una ferviente familia republicana. No obstante, el ejemplo paradigmático de la vinculación entre el Partido Republicano y Hollywood es el caso de Ronald Reagan.  Reagan, antes de convertirse en Presidente de Estados Unidos, fue un conocido actor de películas más bien mediocres (incluso rechazó el protagónico de Casablanca) y Presidente del poderoso Sindicato de Actores (SAG, por sus siglas en inglés) estadounidenses.[6] Durante su periodo como Presidente del SAG, Reagan fue el brazo ejecutor en Hollywood de la llamada «cacería de brujas», la persecución organizada por el Senador republicano Joseph McCarthy en contra de todos aquellos sospechosos de tener vínculos con el comunismo o la Unión Soviética.[7] A pesar de las atrocidades cometidas durante este oscuro episodio, hasta la fecha en Hollywood la figura de Reagan sigue siendo «intocable».

Además de estos personajes, dentro de Hollywood se encuentran sólidamente cimentados los dos grupos de presión más poderosos de Estados Unidos, vinculados con el Partido Republicano: la National Rifle Association y el lobby judío. En el primer caso, éste fue presidido durante muchos años por uno de los grandes íconos del cine: Charlton Helston. Con respecto al lobby judío las importantes cantidades de recursos y el control que tienen sobre la producción de cintas no sólo queda evidenciado en las decenas de películas del Holocausto que se realizan todos los años, sino en la inexistente crítica que existe hacia el proyecto sionista o las acciones del Estado de Israel. El ejemplo más claro del inmenso poder que tiene esta comunidad quedó demostrado a finales de los setenta cuando orquestaron una feroz campaña en contra de la actriz Vanessa Redgrave, una activa defensora de los derechos de los palestinos.[8] A consecuencia de ello, y a pesar de provenir de una poderosa familia de actores, Redgrave desaparecería de Hollywood prácticamente toda la década de los ochenta.

Asimismo, es importante resaltar que Hollywood también tiene fuertes vínculos históricos con el Partido Demócrata. En la campaña de Barack Obama a la Presidencia esta relación quedó clara, al recibir el apoyo abierto e importantes donaciones de poderosas celebridades como Oprah Winfrey, George Clooney, Robert DeNiro, Jennifer Aniston y Ben Affleck. Este espaldarazo fue fundamental en la atracción de jóvenes votantes, un sector fundamental en el triunfo de Obama en las elecciones de 2008. A pesar de la existencia de importantes sectores progresistas en su interior y de que en ciertas coyunturas ha emitido interesantes críticas a la política estadounidense (Vietnam, por ejemplo), la falta de interés de Hollywood frente a ciertos temas y su exagerada moderación ante otros es, en el mínimo de los casos, desconcertante. Su temor a dar el Óscar en 2005 a Secreto en la Montaña sobre la muy inferior Crash y su larga espera para premiar a actores afroamericanos en los roles principales son sólo dos ejemplos de el poder que siguen teniendo en Hollywood, al igual que el resto de Estados Unidos, las poderosas corrientes conservadoras.

Tomando en cuenta todo esto no se debe ignorar el poder que tiene y sigue teniendo Hollywood para poner en el ojo público ciertos temas controversiales. En 2011 el documental «Inside Job» sobre la crisis de 2008 recibió el Óscar como Mejor Documental y puso nuevamente el tema de la regulación financiera en el ojo del escrutinio público. De forma similar, el siempre incómodo director Michael Moore ha recibido un respaldo constante, aunque moderado (a diferencia de los europeos que en 2003 dieron a su documental Farenheit 9/11 la Palma de Oro en Cannes) por parte de la industria cinematográfica estadounidense. En días pasados actores como Susan Sarandon y Tim Robbins visitaron los campamentos de inconformes en Nueva York, involucrando a Hollywood con el naciente movimiento. Por lo tanto, la vinculación de Hollywood con la política estadounidense está lejos de acabar y, al contrario, mientras la superpotencia del mundo se involucre en regiones más lejanas e inhóspitas, necesitará más instrumentos para fomentar e imponer su visión del mundo. Entre estos instrumentos, ninguno funciona, ni lo sabe hacer mejor, que Hollywood.



[1] Esta industria tiene su centro en Bombay. El llamado «Bollywood»  en la actualidad produce casi las mismas cintas que su contraparte estadounidense.

[2] Ubicado en la ciudad de Los Ángeles, California, desde principios del siglo XX el condado de Hollywood ha sido la cuna de la industria cinematográfica estadounidense.

[3] La ONG defensora de los derechos de los animales PETA se hizo famosa a nivel mundial por sus campañas en donde, bajo el slogan de “Prefiero estar desnudo que usar pieles”, quitaba la ropa a actrices famosas como Pamela Anderson o Eva Mendez.

[4] La tendencia de buscar enemigos externos que amenazan su proyecto nacional es una constante en la historia de Estados Unidos. En el cine el caso más ejemplificativa es la figura del espía ruso que fue muy explotado durante la década de los sesenta, setenta y ochenta.

[5] Rosa de Abolengo, o Miss Miniver, es la historia de una mujer de la clase media británica que acepta estoicamente los sacrificios que impone la guerra, incluida la muerte uno de sus hijos.

[6] Ocuparía este cargo en dos periodos 1947-1952 y 1959-1960.

[7] Esta cacería de brujas se llevó a cabo entre 1947 y 1954 y en ella se persiguió y arrestó a decenas directores, actores y guionistas. Orson Welles, John Houston y Charles Chaplin, entre muchos otros, tuvieron que huir de Estados Unidos para evitar ser condenados y encarcelados. Incluso la actriz mexicana Dolores del Río, por sus vínculos con Welles, también fue parte de esa lista, por lo que tenía prohibida la entrada a Estados Unidos. Jack Warner (de los Warner Bros.), Gary Cooper y Louis B. Meyer (fundador de MGM) acusaron y denunciaron a decenas de personas  incocentes. El director Elia Kazan denunció a 57 de sus compañeros en ese oscuro episodio y en 1998, cuando recibió su óscar Honorario, la mitad del auditorio presente se negó a ovacionarlo demostrando la profunda huella que dejó este incidente entre la comunidad hollywoodense. Arthur Miller, uno de los dramaturgos más famosos de la época y posteriormente esposo de Marilyn Monroe, escribiría una de sus obras maestras «Las brujas de Salem»  inspirado precisamente en los acontecimientos ocurridos durante estos años

[8] A pesar de ello, Redgrave recibió el óscar como mejor actriz de reparto por su fabulosa interpretación en la película Julia. Durante su discurso de aceptación agradeció a los miembros de la Academia por no dejarse intimidar por un grupo de «Zionist hoodlums whose behaviour is an insult to the stature of Jews all over the world».

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Jaime Vigna Gómez (Ciudad de México, 1987). Estudió la licenciatura en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. Es un ferviente fanático del cine, la literatura y la pintura. Ama conocer y entender. Sueña con vivir en un departamento sin paredes.

Revista cultural

1 comentario

  1. Carlos Wilson

    2 Diciembre, 2011 at 2:14

    Muy buen escrito, la verdad disfruté mucho leyendolo, y con mucha razón todavía quedan años de dominio deHollywood en imponernos una forma de ver al mundo.

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