Aclaraciones sobre el islam a la luz de una tragedia

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Foto: issam-zerr

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A aquellos cuya bella voz es silenciada por el sórdido sonido de una televisión encendida

 

           

Tzitzi Janik Rojas

A principios de enero, Francia vivió el inicio de una serie de tragedias cuyos efectos tardarán en desaparecer. Para quienes estamos fuera, la historia de la tragedia se conoció a través de la información que fluía en las redes sociales y en los periódicos en línea. Conmocionados por la noticia y por la lluvia de información –no siempre responsable– de los medios,[1] los internautas comenzamos un debate que, teniendo como eje la masacre de Charlie Hebdo, incluyó temas como la libertad de expresión, el terrorismo y el islam, entre muchos otros conceptos que surgían y se barajaban en una discusión constreñida por las características de las redes sociales, medio no siempre propicio para el debate, pues muchas veces se dejan fuera matices imprescindibles.

Dada la extremada rapidez con que fluía la información, las publicaciones atendían más al qué y al cuándo que al porqué. La sociedad de la información –ésa que permite que un ciudadano en México se entere casi al instante de un atentado en París– no es, lamentablemente, la sociedad del conocimiento. Salvo casos excepcionales, las publicaciones y comentarios de la red intentaban interpretar la presunta relación entre el islam, la intolerancia y el terrorismo, sin tener en la mayoría de los casos conocimiento suficiente para evitar caer en los lugares comunes típicos de la ignorancia. Para quienes nos dedicamos al tema del islam, abrir Facebook, por ejemplo, se volvía trabajoso a fuerza de ver incluso a nuestros más brillantes amigos caer en el ataque común contra el islam, ése que confunde una pañoleta en la cabeza con una ametralladora.

Es en tal contexto que se escribe este artículo: bajo la premisa de que para poder debatir realmente sobre tan terrible tragedia, para debatir con conocimiento y capacidad crítica, hay conocer a todos los actores en escena. Si bien Francia nos es familiar por razones económicas, ideológicas o históricas, el conocimiento del islam es aún muy restringido «de este lado del charco». Y a pesar de que la población islámica es una minoría en México, nuestra pertenencia a la famosa «sociedad global» nos lleva a la imperiosa necesidad de conocer, o siquiera atisbar, información fidedigna acerca de esa otra magnífica cultura, bajo el inevitable hecho de que nos llega información que necesitamos comprender. El presente artículo, que no es exhaustivo, aspira tan sólo a disipar prejuicios en torno al islam y a dar al lector algunas claves que permitan seguir formando su conocimiento.

Ese otro tan desconocido

La víctima más oculta del atentado terrorista es el islam mismo: ese otro que muchos conocen sólo a través de palabras como terrorismo, yihad o burqa. Hagamos, sin embargo, un ejercicio de honestidad antes de hablar del islam. Preguntémonos: ¿de dónde hemos obtenido esa mezcla de palabras negativas que vienen a nuestra mente cuando se habla del islam? Y hablamos aquí del islam no sólo como una religión, sino también como una cultura y un fenómeno histórico. Algunos atinarán a saber de política, pues es quizás allí donde más conocimiento se tiene en México a partir de áreas de estudio como relaciones internacionales o ciencias políticas. Nuestra «historia universal» en las primarias, dedica una parte marginal a Asia y Medio Oriente, en comparación con la historia de Europa o Estados Unidos. La literatura islámica traducida al español y accesible en México es escasa y excesivamente cara. Los cursos de cultura y religión islámicas en las universidades son esporádicos, lo que nos lleva a noticias y periódicos, los cuales sueltan términos sin distinguirlos y muy pocas veces explican en contexto los hechos que publican. ¿Sabemos algo del islam a través de una fuente de información más profunda que los treinta segundos de una nota televisiva?

Unidad y diversidad en el islam o de por qué no podemos hablar de un solo islam

Comencemos desmintiendo categóricamente la oposición mediática –y política– entre catolicismo, judaísmo e islam. A nivel de creencias, el islam se ve a sí mismo como una religión heredera de las grandes religiones abrahámicas. El Dios del islam es el mismo Dios de católicos y judíos. Allah en árabe quiere simplemente decir Dios. Los católicos y cristianos arabófonos evocan a Dios como Allah, de la misma manera que en español decimos Dios o en inglés God. Los musulmanes no arabófonos conservan el vocablo Allah, dada la importancia que tiene el árabe para el islam, mas no se trata de un Dios diferente. En ese mismo sentido, tanto la Biblia como el Talmud son escrituras de inspiración divina con un estatus distinto del Corán. Personajes bíblicos como Abraham, Ismael, Jesús e Isaac, entre muchos otros, son mencionados como profetas y antecesores del profeta Mohamed y son figuras de respeto. Jesucristo es mencionado como uno de los profetas más queridos por Dios, profeta, además, increado, tal y como la religión católica afirma. Él es el gran antecesor del profeta Mohamed, quien dice sobre sí mismo no ser hijo de Dios sino únicamente un mensajero a quien le fue revelado, por medio del arcángel Gabriel, el sagrado libro del Corán. La primera revelación tuvo lugar en el año 610 d.C., tras lo cual el profeta comenzó a predicar, lo que constituye el nacimiento del islam. En el año 632 muere el profeta y comienza el llamado Período de los cuatro Califas ortodoxos, es decir, sus cuatro sucesores reconocidos por unanimidad. Será hasta el asesinato de Ali Ibn Abi Talib, cuarto califa y esposo de Fátima, hija del profeta, que podemos hablar de un solo islam –así, tal y como hablan con simpleza en las noticias–, ya que la elección del quinto califa será problemática y resultará en el nacimiento de las distintas ramas del islam, predominando las sunitas, chiitas y jariyitas. La formación de las distintas ramas tuvo un origen político que poco a poco derivó en una gran diversidad en las ideas y prácticas religiosas. Muchas ramas y sub-ramas del islam han desaparecido y otras se han creado no siempre teniendo un lugar claro entre ellas, como será el caso del salafismo, estrechamente ligado al wahabismo, corriente ortodoxa reformista que en algunos se verá relacionada con el extremismo islámico.

¿Qué es entonces lo que le da unidad al islam? Las dos grandes fuentes del islam son el Corán, considerado como la palabra de Dios, y la Sunna. El Corán es la fuente de los preceptos para la oración, los ritos religiosos y el ámbito privado; asimismo, es la base de la ley y guías de conducta islámicas. Éste establece cinco preceptos básicos, también conocidos como los cinco pilares del islam: la profesión de fe, es decir, aceptar que hay sólo un Dios y Mohamed es su profeta; la realización de la oración, la limosna o el compartir los bienes con los necesitados, el ayuno en el mes de ramadán y la peregrinación a la Meca para aquellos que tengan los medios de hacerla.

Por su parte, la Sunna es la fuente del derecho, la teología y la ética del islam. En un sentido estricto, la traducción de Sunna es «el camino seguido correctamente» y hace referencia a los modos de actuar del profeta Mohamed como ejemplo a seguir. Los musulmanes pueden saber cómo actuaba el profeta Mohamed, más allá de lo dicho en el Corán, por medio de los hadices, que son un conjunto de relatos, narraciones y dichos del profeta Mohamed, quien distinguía claramente entre aquello que era revelación del Corán y aquello que eran sus propios dichos. A lo largo del tiempo, estos relatos y dichos del profeta fueron recopilados y estudiados según los transmisores y el tipo de mensaje que comunicaban en un esfuerzo por distinguir cuáles eran verdaderos y cuáles falsos. Nos encontraremos aquí, nuevamente, con un punto de quiebre. Si bien existe un cuerpo de hadices mayoritariamente validado y reconocido, cada rama del islam recogerá hadices distintos y los valorará de distintas maneras, ocurriendo incluso que dinastías y personajes de poder político recurrieran a la creación y validación de hadices con fines políticos.[2]

Es así que vemos que cada rama del islam desarrollará, en su interior, distintas escuelas jurídicas que a su vez influirán de manera distinta entre los musulmanes. La Sharía, o ley islámica, no es pues una ley inherente al islam, sino el producto de un esfuerzo de interpretación comenzado por los sabios musulmanes entre los siglos VII y IX. Dado que el Corán no es un texto jurídico, muchos sabios musulmanes quisieron sintetizar un sistema de leyes amplio basado en el Corán y la Sunna. En teoría, la Sharía no es inamovible y está sujeta a cambios culturales e históricos. Ella forma parte del fiqh, o ciencia del derecho islámico, y en ella la formulación de una ley era producto de ijtihad o esfuerzo de interpretación que tenía como fin unir a lo dicho por la Sunna y el Corán a través de la hermenéutica. Es así que la Sharía será recogida de distintas maneras por las distintas escuelas jurídicas, con diferencias que pueden ir de mínimas al interior de una rama, a considerables entre unas ramas y otras. ¿Cómo es que en Occidente se tiene un concepto tan negativo de la Sharía? Pues bien, bajo presiones políticas muchos sabios musulmanes dejaron el ijtihad de lado y comenzaron a construir una Sharía monolítica obedeciendo a fines no religiosos. Con el paso del tiempo, en muchos lugares la Sharía se fue fosilizando. Dado que el islam no cuenta con una institución centralizada, a la manera del Vaticano, muchos se atribuyen el título de doctos en la ley islámica y emiten leyes –también llamadas fetuas–sin que haya unanimidad. Esas interesantes noticias sobre cómo «La ley musulmana de la Sharía no deja andar a las mujeres en bicicleta» en realidad deberían decir «Los sabios reconocidos por una determinada comunidad musulmana han decidido que de acuerdo con su propia interpretación-construcción de lo que ellos entienden por Sharía las mujeres no deben usar bicicleta». Que un sabio musulmán en un pueblo de algún país decida ese tipo de leyes absurdas no significa que todo el mundo musulmán lo siga, ni siquiera que lo reconozcan como sabio, pues no hay un cuerpo legislativo unánime. De hecho, reformistas como Muhammad Abduh, islamólogo egipcio del siglo pasado, proponían una revisión e incluso un «dejar de lado» a las escuelas jurídicas en un esfuerzo por quitarle al islam el peso monolítico y complejo que éstas comenzaron a representar.

De los sufíes a los yihadistas

Con la misma intención de renovar y revivificar constantemente la tradición musulmana, surgió desde el islam temprano el controversial pensamiento místico sufí –de carácter sunita–. Aceptado y amado por muchos musulmanes sunitas, es negado como parte del islam por otros tantos. Cierto es que la belleza y sabiduría sufí ha fascinado a Occidente por sus paralelismos con el pensamiento oriental y su cercanía con la mística cristiana. Organizados a manera de monasterios, los sufíes promueven la austeridad y representan una crítica siempre presente al interior del islam. Siendo un movimiento complejo, bastará con mencionar aquí que el pensamiento sufí pondera al amor como única vía válida para llegar a Dios y que busca el desdibujamiento de los límites individuales para fundirse con él, a quien reconoce presente en toda realidad humana. Sus exponentes, entre los que destacan Ibn Arabi y Yalal Al Din Rumi, a pesar de haber sido muchas veces vetados, dejaron una herencia islámica que florece especialmente en países como Marruecos y Turquía, así como en la mayoría de los países con población migrante musulmana como Canadá y Francia. El sufismo hizo de la poesía, la danza y la música formas de oración y propició el intercambio y el diálogo entre culturas. Aquel que afirme que el islam es una religión intolerante, seguramente no ha escuchado el llamado de Rumi:

¡Ven, ven, quienquiera que seas, ven!

Infiel, religioso o pagano, poco importa.

¡Nuestra caravana no es la de la desilusión!

¡Nuestra caravana es la de la esperanza!

¡Ven, aunque hayas roto mil veces tus promesas!

¡Ven, a pesar de todo, ven![3]

Es así que el camino del islam está ligado con la paz. Es muy probable que sepamos que la palabra «islam» significa «sumisión ante Dios», mas ése es un significado parcial, ya que la raíz etimológica de la palabra viene de salamim o «oaz». En el grupo léxico de «islam» se encuentran también palabras como salam o «bienestar», dilm o «período de paz» y saleem o «seguro».[4] La traducción real de islam, atendiendo a su campo semántico, sería la paz como sumisión a Dios.

En este punto, se vuelve necesario hablar de la yihad. Yihad significa en árabe «esfuerzo» o «lucha» y se ha dado a conocer en occidente bajo la forma de «guerra santa». Sin embargo, la mayoría de las autoridades musulmanas distinguen entre una yihad mayor y una menor, siendo la mayor el esfuerzo por el mejoramiento personal, comunitario y espiritual. El islamólogo suizo, profesor en Oxford, Ramadan Tariq, habla de la yihad contemporánea como un esfuerzo espiritual pero también ciudadano por «luchar para hacer reinar la justicia y pedir al gobierno respetar a los individuos a la luz de lo que sus propios valores les dictan», afirmando que «[…] hay una verdadera yihad de la ciudadanía activa que debe ser llevado a cabo: ser la voz de los sin voz en el corazón de occidente. Pero de una manera noble, digna, solidaria».[5]

La yihad menor, por su parte, corresponderá a la capacidad de los musulmanes de defenderse de quienes los atacan, pero sin ser nunca los agresores.[6] Si bien ésta tiene un carácter militar y bélico, la gran mayoría de los musulmanes exige un consenso vía el califato para discernir sí se debe aplicar o no la yihad, ya que para la ley islámica ninguna decisión puede ser tomada sin el consenso de toda la comunidad. Esta forma de consenso recibe el nombre de shura y ha sido relacionada con un tipo de democracia o protodemocracia –contra aquellas opiniones que niegan la relación del islam con los valores democráticos.[7] Dado que ya no existe ningún califato, la yihad menor es un precepto inválido para la mayoría de los musulmanes. El último califato fue suprimido en Turquía por el fundador de la República Turca, Mustafá Kemal Atatürk, durante la reforma constitucional de 1926.[8] En realidad, mucho han debatido e intentado explicar los islamólogos sobre cómo ha sido malentendido el concepto de yihad; éste nunca podrá ser ataque bajo una decisión personal, y su carácter bélico es por mucho marginal ante su entendimiento como lucha interna. El grueso de los musulmanes, así como los especialistas en islam, no tendrán ningún reparo en aclarar que toda guerra y acto terrorista bajo el nombre de yihad parte de una interpretación errada y extremista que no es aprobada por la comunidad musulmana global.

Falsos silogismos: un terrorista es musulmán

Entonces ¿a qué islam pertenecen, por ejemplo, los terroristas de Charlie? ¿Quiénes son los fundamentalistas islámicos? La primera respuesta, que será la respuesta de la gran mayoría de los musulmanes, es que los terroristas de Charlie, al igual que todo movimiento violento, no forman parte del islam, en la medida en que llevan una interpretación torcida y viciosa de la tradición musulmana y no respetan los límites establecidos en el Corán para el respeto del ser humano y la convivencia con otras religiones. Es así que el grueso de la comunidad musulmana internacional no reivindica los movimientos fundamentalistas que dicen acogerse al islam. De hecho una breve revisión de las estadísticas de la población musulmana nos permitirá entender lo poco representativos del islam que son estos grupos.

La población musulmana representa cerca de 1.6 billones de la población mundial, es decir el 23% de ésta, constituyendo la segunda religión más grande sólo después del cristianismo. De esta población, contrario al estereotipo caduco del musulmán árabe, el país con la mayor población musulmana del mundo es Indonesia con cerca de 209 millones de musulmanes, seguido por la India con 176 millones. Así pues, la mayor población musulmana no se encuentra en Medio Oriente, sino en el sudeste asiático. De hecho, China tiene más musulmanes que Siria, mientras que Rusia tiene más musulmanes que Libia y Jordania juntas. Por lo tanto es importante caer en cuenta de que la mayoría de los musulmanes no son nativos del árabe ni de la cultura árabe. Las dos principales ramas del islam son el chiismo y el sunismo. Del total de la población musulmana sólo entre un 10% y un 13% son chiitas y entre un 87% y un 90% son sunitas. De la población chiita, entre un 70% u 80% se concentra en Irán, Pakistán, India e Iraq. [9] De acuerdo con un sondeo internacional llevado a cabo por el Pew Research Center, a través del Foro Pew sobre religión y vida pública, el 67% al 70% de los musulmanes del mundo se encuentran preocupados por el crecimiento del extremismo en sus países, preocupación que se refleja en el rechazo de cualquiera que realiza actos de violencia y ataques en el nombre del islam, al mismo tiempo que existe una opinión reprobatoria de organizaciones como Al Quaeda, que va del 57% en la media de 11 países de mayoría musulmana, hasta 96% en Líbano, 81% en Jordania y 73% en Turquía.[10] La visión fue igualmente negativa al ser cuestionados sobre organizaciones como los talibanes en Afganistán, Boko Haram en Nigeria y Hezbollah en Líbano. El censo preguntó también sobre sus hábitos religiosos –el número de oraciones que hacen al día, así como el apego a los preceptos islámicos, entre otros–. Es interesante observar que aquellos que declararon tener un menor apego a los preceptos religiosos y realizar menos oraciones (o no realizarlas) fueron más propensos a aceptar actos violentos como medio de protección al islam.[11]

Los fundamentalistas islámicos son, pues, una minoría diminuta –si se me permite la expresión– cuyo origen y afiliación al islam es complicada, ya que no sólo obedecen a interpretaciones extremistas y literales del islam sino que se relacionan íntimamente con agendas políticas e intereses económicos, en muchos casos internacionales. La mayoría de los expertos reconoce como factores del extremismo, más que a la religión, la pobreza, los procesos fallidos de las colonizaciones y el aislamiento social, entre muchos otros. Un ejemplo icónico de cómo el fundamentalismo surge de agendas políticas será siempre el financiamiento y entrenamiento de Osama Bin Laden por parte de Estados Unidos en el período de la guerra contra la Unión Soviética.[12] Otro ejemplo de cómo las corrientes fundamentalistas se sitúan fuera del islam es el grupo Boko Haram, afiliado a Al Quaeda, que se encuentra relacionado con el extremista Maitatsine, quien niega al profeta Mohamed para situarse a sí mismo en su lugar, situación que por sí sola sitúa al movimiento completamente fuera del marco teológico y jurídico del islam. En este punto, no faltará quien, de manera condescendiente, «acepte» que «si bien no todos los musulmanes son terroristas, sí todos los terroristas son musulmanes». Sí, hay terroristas afiliados de una u otra manera al islam; sin embargo, de acuerdo con el informe anual de la Europol (Oficina Europea de Policía) en su reporte del 2013, de los 152 ataques terroristas efectivamente realizados en la Unión Europea, sólo dos de ellos tuvieron «motivaciones religiosas», siendo uno de ellos realizado por un extremista islámico y el otro por un terrorista con ideología de extrema derecha.[13] El resto de los 150 ataques terroristas perteneció a grupos etnonacionalistas, separatistas, anarquistas, de extrema izquierda y ultraconservadores, ecologistas extremos y actos aislados. Por tanto, el fundamentalismo islámico realizó el 0.65% de los ataques terroristas de la Unión Europea en 2013. Los números cambian pero en realidad reflejan una fracción y nunca la totalidad de los ataques terroristas.[14] Ciertamente, faltará ahondar en el tema, que es complejo y que tiene especificidades por grupo. Aunque no hay espacio suficiente aquí, tengo la esperanza de que lo expuesto ayude al menos a localizar el lugar real del terrorismo dentro del islam. No queda sino preguntarse si hay o no una campaña de desprestigio contra el islam que busca reducirlo y caricaturizarlo. ¿Será que Occidente, quizá sin darse cuenta, ha entrado en un proceso de islamofobia?

La mujer en el islam o sobre los hermosos velos de seda

Occidente se ha interesado de manera especial en el estatus de la mujer dentro del islam. No se puede negar que la cultura musulmana es una cultura patriarcal donde los géneros son concebidos como complementarios teniendo roles definidos. Al interior del islam, se han dado muchas corrientes críticas intentado, a través de un esfuerzo de interpretación, movilizar el rol de la mujer y flexibilizar las concepciones de género.[15] El análisis de esas luchas es interesantísimo sobre todo a la luz de una lucha feminista que busca flexibilizar el papel de las musulmanas sin perder su identidad islámica. Ejemplo de ello es la interpretación realizada por la escritora e intelectual Elif Safak del pasaje coránico donde se habla del derecho del hombre sobre la mujer para pegarle si se agotan todos medios comunicativos para arreglar una disputa: ella ve allí un pasaje que debe ser interpretado como una lucha interna entre lo femenino y masculino de la individualidad humana, y afirma apoyándose en el pensamiento sufí que muchos pasajes coránicos no deben ser interpretados literalmente sino que deben llevar un proceso hermenéutico, y que una clave importante de interpretación es entenderlos como procesos internos.

Es interesante que en el debate «feminista» por «liberar» a la mujer musulmana no se compare el estatus de la musulmana con el estatus de las mujeres en otras religiones. Las musulmanas tienen derecho al divorcio religioso, pues el Corán lo estipula tanto para el hombre como para la mujer. Asimismo, el profeta Mohamed menciona en el Corán que el alma es insuflada en el feto hasta el día 120 después de la fecundación, por lo que, en el marco del matrimonio, las musulmanas tienen derecho al aborto hasta antes de los cuatro meses. Cierto es que dependiendo de la escuela jurídica habrá más o menos restricciones o el aborto será menos aconsejable. Por ejemplo, algunas escuelas exigen que se tenga una razón no monetaria para interrumpir el embarazo y que ambos cónyuges estén de acuerdo. El aborto sin ser recomendado no es considerado un pecado sino una decisión de la pareja siempre a favor de la calidad de vida de la madre.[16] Otro tema que curiosamente escapa a los críticos es el estatus de la sexualidad en el islam, tema que va de la mano con el uso de los anticonceptivos. El islam establece la reproducción como una de las metas de la sexualidad y la vida de pareja, pero ésta no es la única meta. El ejercicio de la sexualidad es visto como una forma de comunicación y de goce en la pareja y más aún como una forma de oración a Dios. Por eso, la anticoncepción también está permitida, pues al planificar los embarazos se da espacio para el goce de pareja, establecido como propio de todo matrimonio. El tipo de anticoncepción usado varía según la rama, aunque en general se privilegia la contracepción no permanente.[17]

Otro tema femenino que fascina a Occidente es el velo: ya sea en forma de hiyab –que cubra el cabello–, chador –que cae sobre los hombros–, nicab –que cubre el cuerpo dejando el rostro al descubierto– o de burka –que cubre completamente cuerpo y rostro–, los críticos parecen no entender, o no querer entender, las complejas significaciones del velo. El Corán no establece ni menciona el uso de algún tipo de velo, sino que únicamente prescribe el pudor y la modestia al vestirse cubriendo el cuerpo; las musulmanas, dependiendo de su interpretación, tienen derecho a usarlo sólo para la oración o en la vida diaria fuera y dentro de casa.

En realidad, el debate que Occidente sostiene sobre la imposición del velo está motivada por los estados islámicos donde se ha conformado una interpretación de la Sharía como sistema legal –y hago énfasis en que es una interpretación de tantas cuya especificidad sólo se aplica al estado donde es impuesta; variaciones de Sharía, pues, habrá tantas como sistemas legales, de cortes religiosos o no–. En Irán y Arabia Saudita, por ejemplo, sí existe una imposición del hiyab o del chador y la burka; interesante, sin embargo, que al ser aliados políticos de potencias mundiales –no olvidemos las íntimas relaciones de Estados Unidos con Arabia Saudita en materia de petróleo y venta de armas, entre otros– no se enfoque la crítica en esos países, sino que se la diluya en el nebuloso «mundo del islam». La mayoría de países con población musulmana no tiene legislación específica con respecto al hiyab, dejándolo como una elección personal. Tal es el caso de Malasia, Bangladesh, Gambia, India, Pakistán, Indonesia, Jordania, entre varios otros. De hecho, han existido más países musulmanes con leyes en contra del uso del hiyab y sus variantes, que países que lo impongan. Los «feministas» occidentales preocupados por liberar a la mujer del velo no se han dado cuenta de cuántas de ellas luchan por el derecho a usarlo. Ejemplos de cómo el derecho a usar el velo pasó a ser parte de la agenda feminista islámica en algunos países musulmanes son Túnez y Turquía, países que por largo tiempo prohibieron el uso del velo en el espacio público o dentro de las instituciones del estado. El caso turco es emblemático: en 1925, en el proceso de modernización del país liderado por Atatürk, se aprobó la «Ley de vestimenta europea», que prohibía el uso de vestimentas tradicionales, como el fez y el velo, en favor de una vestimenta de corte europeo. Es difícil imaginar qué tan doloroso fue el proceso de modernización turca; imaginemos, por ejemplo, que se prohibieran rebozos, huipiles, huanengos y bordados en pos de parecer «más europeos». La lucha por la recuperación del velo ha sido por lo tanto la recuperación de una identidad religiosa pero también cultural. En su libro Nieve, Orhan Pamuk habla de la tragedia vivida por las mujeres que no podían ir a la universidad ataviadas con la ropa con la que definían su identidad. Fue hasta después de 2008 que el gobierno turco relajó su postura con respecto al uso del hiyab para servidoras públicas e instituciones educativas. Las turcas –religiosas o no– consideraron esto una batalla ganada en contra del autoritarismo.[18]

Queda un último y marginal tema que, sin embargo, causa un escozor terrible en todas las conversaciones alrededor de la mujer en el islam: la ablación del clítoris. A la par de la equiparación del islam con el terrorismo, es quizás el trabajo más repugnante de todos los esfuerzos de desinformación de los medios de comunicación. No sólo porque, por su carácter fisiológico, causa especial impresión en el público receptor sino por la completa parcialidad e ignorancia con la que se trata el tema. La ablación del clítoris no es ningún rito islámico y ninguna mención sobre ésta se encuentra en el Corán ni en la Sunna. La mutilación genital femenina es un rito africano (especialmente de África central y subsahariana) anterior a las conversiones de ciertas poblaciones al islam y al cristianismo, que ha sido asimilado y reinterpretado para hacerlo parte de las prácticas religiosas del islam[19] y del cristianismo sin que en realidad les pertenezca. De hecho, los países que concentran el mayor número de mutilación genital son Eritrea y Etiopía, cuya población es mayoritariamente cristiana.[20] Muchas agrupaciones feministas sunitas están realizando esfuerzos de la mano de otras organizaciones de salud pública para concientizar sobre los riesgos de salud así como su interpretación errónea y forzada, pues los musulmanes africanos se basan en el paralelismo de la práctica con la circuncisión masculina, misma que es obligatoria para las religiones abrahámicas, así como en la existencia de un hadiz que, de hecho, sólo es reconocido en el área.[21] Nada, sin embargo, hemos escuchado de los medios sobre la mutilación femenina del cristianismo. Ese silencio que parcializa el discurso no puede ser otra cosa que, de hecho, una declaración política, se quiera o no verlo.

Epílogo para apagar la televisión

Del brillo clarísimo de la pantalla de un computador, de la pantalla de un televisor encendido sale un ruido semejante al de los aparatos que transmiten sin tener antena, y ese ruido lo se quiere hacer pasar por la identidad total de un pueblo. Quien está detrás de la transmisión es en realidad más complejo de lo que suponemos; no es ni una persona ni un país; es probablemente un sistema económico, una ideología que necesita un culpable para aceitar los engranes de una máquina.

El islam tiene cuentas pendientes que van desde la reinterpretación de sus fuentes para entrar a la modernidad, una mayor apertura para la crítica y el fortalecimiento de un feminismo islámico, al debate de la diversidad sexual y la incorporación de valores occidentales dentro de su cultura sin que esto conlleve la pérdida violenta de su propia identidad. La agenda política de los países musulmanes no es menos compleja y exige en muchos casos la estricta observación y promoción de los derechos humanos; sin embargo, en cada país y en cada cultura, los retos a seguir son distintos, pues la agenda pendiente de Turquía no será la misma de Malasia ni de Siria ni de Arabia Saudita. El terrorismo forma parte de esta agenda, de la misma forma en la que ahora forma parte también de la agenda de países no musulmanes. Sin embargo, la interrupción del diálogo y el fortalecimiento de prejuicios fundados en la ignorancia no harán sino mermar los esfuerzos contra la violencia que los países, musulmanes o no, realicen. El conocimiento de las diferencias en el mundo islámico posibilita el diálogo, su ignorancia lo anula. Al final, la lucha por la libertad de expresión, por la educación, por los derechos de la mujer y de la juventud, entre muchos otros de los temas que abundan en las cumbres y congresos, es la misma que la que compartimos muchos otros países no musulmanes, como México, por ejemplo.

Es así que, bien entendido, el islam no necesita una apología, de la misma manera que no esperamos que un intelectual de izquierda latinoamericano se disculpe por un atentado de la extrema izquierda en China, por ejemplo. Los actos terroristas, de cualquier índole, deben ser criticados, analizados, condenados, rechazados y erradicados a través de todos los medios legales, políticos y culturales posibles; pero esta batalla compartida no puede tener éxito si partimos de una visión empobrecedora en donde se culpa a inocentes que podrían ser en realidad los mejores aliados. El islam, ya sea que se crea de origen divino o propio de las creaciones culturales del hombre, es una forma más del ser humano para experimentar el mundo; habrá quien haga buen uso y se beneficie y habrá quien yerre el camino, como en toda creación humana. Lo es innegable es que si empobrecer la historia de toda una cultura a través de un discurso parcial que promueva el odio y el miedo en la sociedad internacional, no es visto como un crimen contra la humanidad, entonces, hemos perdido ya el rumbo.

NOTAS

[1] François Jost, «Attaques de “Charlie Hebdo” et de Vincennes: les médias ne doivent pas tout montrer» en L’observateur, París, 12-01-2015.Consultado el 13-01-2014 en: http://leplus.nouvelobs.com/contribution/1305177-attaques-de-charlie-hebdo-et-de-vincennes-la-double-erreur-des-chaines-d-info.html

[2] Juan José Tamayo, Islam. Cultura, religión y política, 2a edición, Madrid, Trotta, 2009. p.125-128.

[3] Mawlânâ Djalâl Od-Dîn Rûmi, Odes mystiques, Points Sagesses, Seuil, 2003. P. 123.

[4] Candice Marie Nasir, «Contextualizing Peace in Islamic Traditions: Challenging Cultural Hegemony», In Factis Pax, in Knowledge (there is) peace, Journal of peace education and social justice, volumen 5, número 3, 2011, pp. 320-352.

[5] Todas las traducciones son propias. Victoria Gairin, «Tariq Ramadan: ´Il y a un vrai djihad de la citoyenneté active à mener´», Le Point, 27 de septiembre de 2014. Obtenido de: http://www.lepoint.fr/societe/tariq-ramadan-il-y-a-un-vrai-djihad-de-la-citoyennete-active-a-mener-27-09-2014-1867221_23.php , consultado el 14 de enero de 2015.

[6] El sura que justifica la defensa bélica es el siguiente: «Combate en el camino de Dios a quienes te combaten, pero no seas el agresor. Dios no ama a los agresores. Mátalos donde los encuentres, expúlsalos de donde te expulsaron. La persecución de los creyentes es peor que el homicidio: no los combatas junto a la mezquita sagrada hasta que te hayan combatido en ella. Si te combaten, mátalos: ésa es la recompensa de los infieles. Si dejan de atacarte, Dios será indulgente, misericordioso». (Corán, Sura 2:190-192).

[7] Cfr. Fathi Osman, Islam in a Modern State: Democracy and the Concept of Shura, Georgetown University Washington, D.C. , 2005, y Abdul Hadi Christian H. Hoffmann, Islam and Democracy, Lecture at International Symposium on Islam & Sweden: Civilization and Human Relations, The Organization of Islamic Conference (OIC) in conjunction with European Islamic Conference (EIC) Malmö, del 5 al 7 de diciembre de 2003.

[8] Cfr. Patricia Crone y Martin Hinds, God’s Caliph, Religious authority in the first centuries of Islam, Cambridge University Press, Nueva York, 2003.

[9] Pew Research Center, Polling and Analysis, Mapping the Global Muslim Population A Report on the Size and

Distribution of the World’s Muslim Population, Pew Research Center, octubre de 2009, obtenido en: http://www.pewforum.org/2009/10/07/mapping-the-global-muslim-population/, consultado el 14 de enero de 2015.

[10] Pew Research Center, The World’s Muslims: Religion, Politics and Society, Pew Research Center, 30 de abril de 2013, obtenido en: http://www.pewforum.org/Muslim/the-worlds-muslims-religion-politics-society.aspx , consultado el 14 de enero de 2015.

[11] ídem

[12] BBC-UK, «Al-Qaeda’s origins and links», BBC News, 20 de julio de 2004, obtenido en: http://news.bbc.co.uk/2/hi/middle_east/1670089.stm , consultado el 14 de enero de 2015.

[13] Europol, «Annex 1: Overvıew of the faıled, foıled and completed attacks in 2013 per EU Member State and per affılıatıon», TE-SAT 2014, European Unıon Terrorısm Sıtuatıon and Trend Report, Europol, 2014, obtenido en: https://www.europol.europa.eu/content/te-sat-2014-european-union-terrorism-situation-and-trend-report-2014, consultado el 14 de enero de 2015.

[14] De acuerdo con la base de datos de la Europol, del 2007 al 2013 sólo un 0.7% de los ataques terroristas fueron de extremistas islámicos. La base es consultable en el apartado de reportes sobre terrorismo en: https://www.europol.europa.eu

[15] Cfr. Elif Shafak, The Forty Rules of Love: A Novel of Rumi, Penguin Books, Nueva York, 2010.

[16] Corinne Fortier, «Le droit musulman en pratique: genre, filiation et bioéthique», Droit et cultures, 2010-1, 59, obtenido en: http://droitcultures.revues.org/1923 , consultado el 13 de enero del 2015.

[17] Ídem

[18] Dawn Lyon y Debora Spını, «Unveılıng The Headscarf Debate», en Feminist Legal Studies, 2004, Holanda, Kluwer Academic Publishers, 2004. p. 342.

[19] Cfr. Anne Marie Moulin, Islam et révolutions médicales. Le labyrinthe du corps, Karthala, 2013. Se trata de uno de los más interesantes trabajos sobre el cuerpo en el islam. Estudia la concepción islámica del cuerpo en relación con su evolución histórica y su tratamiento en el ámbito médico. En el texto se puede encontrar información valiosa sobre cómo ha ido evolucionando la relación islam-ciencia, así como la postura del cuerpo femenino, entre muchos otros temas.

[20] Cfr. Alice Behrendt, Listening to African Voices Female Genital Mutilation/Cutting among Immigrants in Hamburg: Knowledge, Attitudes and Practice, Head of the Ministry for Social and Family Affairs,

Health and Consumer Protection of the Free and Hanseatic, Hamburgo, 2011, y The Norwegian International Effort Against Female Genital Mutilation Tonje Bentzen and Aud Talle, Study 1/2007, Norad Norwegian Agency for Development Cooperation, Oslo, July 2007, obtenido en: http://www.norad.no/en/tools-and-publications/publications/norad-reports , consultado el: 14 de enero de 2015.

[21] Cfr. Abandon des mutılatıons génıtales fémınınes, Les Mutilations Génitales Féminines et l’Islam

Département Afrique-Afrique occidentale II, Angola et Afrique suprarégionale, Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH, Eschborn, enero de 2011.

 

 

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Tzitzi Janik Rojas Torres (Ciudad de México, 1986) estudió la maestría en Filosofía en la UNAM. Ha realizado estudios en traducción, lingüística y literatura. Fue becaria por parte del gobierno turco, con la beca internacional de cultura y lengua turca «Yunus Emre». Asimismo, realizó una estancia de investigación sobre pensamiento islámico en la Universidad Sorbona Nueva-París III. Se interesa por las relaciones de comprensión entre distintas culturas e idiomas. Tras vivir en Francia por dos años, y un breve período en Rusia, se encuentra radicando actualmente en el este de Turquía, frontera con Georgia.

Revista cultural

1 comentario

  1. Bardo Hernández Embriz

    16 Noviembre, 2015 at 15:39

    Los compromisos politicos, la ignorancia de las culturas, La oración sin piedad y la voracidad del hompre por el poder tienen a la humanidad al borde de un colapso mayúsculo

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