Por caminos de Valadés

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Eduardo Cerdán

 

 

¿Qué sería de nosotros, los cuentistas mexicanos de hoy, si no hubiera existido Edmundo Valadés? El escenario, aunque virtual, me aterra. Si aun con la importante labor que hizo el sonorense para revalorar el cuento, todavía hay quienes piensan que se trata de un género menor, no quiero ni imaginarme qué sería de nuestra cuentística sin el aporte que hizo él durante la segunda mitad del siglo pasado.

Edmundo Valadés, quien el mes pasado habría cumplido 101 años, se inició como cuentista con su obra ya clásica, publicada por el Fondo de Cultura Económica en 1955, La muerte tiene permiso. Nueve años después, en 1964, fundó de manera –digamos– «oficial» la legendaria revista El Cuento, en donde publicó a una larga lista de autores (algunos muy conocidos, otros no tanto) que destacaban en, diría José Emilio Pacheco, el género más viejo y más nuevo de todos: el cuento.

El proyecto editorial había tenido su germen años antes, en 1939 y en compañía de Horacio Quiñones; pero fue hasta el 64 cuando El Cuento reapareció y se estableció como una suerte de antología por entregas de los mejores cuentos latinoamericanos.

«Le tocó nacer –dijo Pacheco sobre Valadés– en la generación de Arreola, Revueltas, Rulfo. No se parece a ninguno de los tres y al mismo tiempo hay en él algo de sus contemporáneos, y no podría ser de otro modo. Valadés rompió las falsas fronteras entre narrativa fantástica y realista, literatura urbana o rural. No cedió a ninguna prohibición: ha hecho cuentos magistrales que valen por sí mismos y también se anticipan a bastantes cosas que llegaron después».

Hombres y mujeres de letras como Margo Glantz, Beatriz Espejo, Juan Domingo Argüelles, Ignacio Solares y Juan Villoro, perfilan a Edmundo Valadés como un hombre generosísimo, de un genio innegable y descubridor de varios talentos jóvenes. Apostó por un montón de nombres que hoy gozan de un gran prestigio en la historia de nuestras letras.

Vio, por ejemplo, un potencial notable en un par de veinteañeros que, a finales de los cincuenta, lo visitaban en su casa para hablar de literatura, para pedirle a él, el maestro, recomendaciones de libros, para darle a leer sus cuentos. Eran los pinitos literarios de nada menos que José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis. Valadés, según cuenta el autor de Las batallas en el desierto, se sentaba con ellos y los trataba con gentileza, e incluso les daba a leer obras suyas a ellos para que todos tallerearan, como decimos hoy, sus textos.

Además de lector empedernido, aficionado a la brevedad, cuentista, editor y periodista, Valadés también fue un antologador inusitado. Por ejemplo: su genial compendio El libro de la imaginación –que recopila fragmentos de varias obras literarias que funcionan perfectamente como cuentos, o minificciones, como los llaman algunos, agrupados con una maestría que sólo un vasto conocedor de la literatura universal podría lograr– es una de esas piezas que uno podría calificar de imprescindibles para cualquiera.

Podría llenar párrafos y párrafos con la trayectoria de Edmundo Valadés y, aun así, no alcanzaría a ilustrar su valor titánico en la literatura mexicana. Opto, pues, por dejar a los lectores este brevísimo perfil, apenas un pincelazo del gran personaje que fue este escritor nuestro. Sin él, quién sabe, tal vez no conoceríamos tan bien a las fantásticas cuentistas del Medio Siglo, a Adela Fernández, a Monsiváis…

Hoy, a 101 años de su natalicio, lo celebro y agradezco, cómo no, todo lo que hizo por el cuento, por la literatura, por el arte en general. Leámoslo, nos invita Pacheco, «aquí está Edmundo Valadés contándonos el cuento que no acaba nunca porque narra la crónica de la humanidad en su viaje doliente y gozoso por esta Tierra».

 

 

 

 

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Eduardo Cerdán (Xalapa, 1995). Narrador y ensayista, estudiante y profesor adjunto en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha sido premiado en concursos nacionales de cuento y fue becario de verano en la Fundación para las Letras Mexicanas en 2015. Colaboró en el libro 43: Una vida detrás de cada nombre (UV, 2015) y en las revistas Círculo de Poesía, Revista de la Universidad de MéxicoPunto en líneaParadigmas y La Palabra y el Hombre. Cuentos suyos se traducen al francés para el proyecto Lectures d’ailleurs de la Université de Poitiers.

Revista cultural

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