La utopía del ajolote

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Ilustración: © Mariel Martínez Damián

Ilustración: © Mariel Martínez Damián

  

 

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl.

Julio Cortázar, Axolotl (1956)

  

 

Mariel Martínez Damián

 

Cortázar ya notaba el encanto de estos seres –casi mitológicos– que fascinan a simple vista cuando escribió sobre ellos en su cuento «El ajolote». La historia se cuenta desde la mitología náhuatl, en donde Xólotl era hermano mellizo de Quetzalcóatl, y se rehusaba a encarar a la muerte. Cuando su verdugo estuvo cerca, corrió a esconderse en una milpa donde se convirtió en una planta de maíz de dos cañas para pasar desapercibido. Pero su plan no funcionó, así que corrió de nuevo hasta transformarse en una penca doble de maguey. Sin embargo, tampoco logró burlar la muerte, y el verdugo lo persiguió hasta encontrarlo en un lago donde se había convertido en axolotl.

La primera vez que vi a uno de estos seres vivos de cerca fue hace dos años aproximadamente, cuando empecé a estudiar la carrera de Biología y me acerqué a ellos. En primer instancia, mi propósito era realizar una investigación para la materia de Comunicación Científica. Mientras más bibliografía consultaba, más enamorada me sentía, pero aunque leía mucho, comprendía poco, así que decidí pedir ayuda y fui al Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM para resolver mis dudas.

Una vez ahí, mientras esperaba a la bióloga Sabina Wischin (quien muy alegre y amablemente me atendió, y a quien le agradezco enormemente toda su atención), descubrí que estaba a unos cuantos centímetros de varios ejemplares de axolotl. Cada uno se hallaba suspendido en su propio contenedor, mirando hacia diferentes direcciones con el mismo semblante, casi sonriente, que dibujaba su boca (o al menos así los imaginé). En general, su forma es robusta y alargada, su piel suave y fina, y a los costados del tronco tienen surcos perpendiculares. Su cabeza, ligeramente aplanada, es grande respecto al cuerpo, y sus ojos pequeños, «enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero mirando» (Cortázar dixit) carecen de párpados. A ambos lados del cuerpo, entre el cuello y la cabeza, tienen tres branquias que se ven como ramificaciones. En su etapa adulta y en condiciones de crianza apropiadas, su tamaño varía entre los 25 y 30 centímetros de largo (Biassuti, A. 2006).


ajoloteconabio

 

El Ambystoma mexicanum pertenece al orden Caudata de las salamandras y es mejor conocido como «ajolote». Se localiza en el Valle de México, principalmente en las zonas lacustres de Xochimilco, donde se encuentra en pequeñas cantidades por el peligro de extinción al que se enfrenta, como se reconoce en la Norma Oficial Mexicana, expedida por la Semarnat en el año 2010 ¿Las razones? Son varias, entre ellas: el aumento de la población humana, la contaminación generada por la actividad de la misma, su uso como animal de ornato, su captura para la elaboración de medicamentos, o la cultura culinaria que lo consume, así como la introducción de carpas, tilapias y lobina negra (entre otros peces) que depredan al ajolote (Semarnat, 2010).

El A. mexicanum presenta un fenómeno llamado neotenia, el cual consiste en conservar características larvarias en su etapa adulta. Sin embargo, lo que más cautiva de esta especie endémica de la Ciudad de México, es la capacidad regenerativa de los miembros amputados, así como de las células nerviosas y cardiacas. Es por esto que se ha convertido en una de las especies de salamandra más estudiadas en el mundo.

Es aquí donde nace la fascinación de los científicos por esta asombrosa criatura, y nacen también las ideas inherentes a la naturaleza humana. ¿Será posible que las investigaciones acerca de la regeneración del A. mexicanum tengan en un futuro aplicaciones exitosas en la medicina? Automáticamente pensamos en personas que han perdido brazos o piernas, o en alguien que sufre daños en el corazón, o más increíble aún, en el cerebro. Ahora, imaginemos que existen tratamientos que puedan regenerar células nerviosas, cardiacas, óseas o musculares, e incluso órganos completos. Este hecho dejaría a un lado la necesidad de recurrir a trasplantes de órganos, salvando vidas e incrementando el desarrollo de una medicina más personalizada.

 

axolotl

 

Sin duda alguna, estos avances marcarían un hito en la historia de la ciencia en términos evolutivos y de desarrollo embrionario. Sería un tema en el cual la bioética encontraría un área de gran interés y vasta información. No obstante, todas esas ideas son sólo suposiciones que parecieran tener un origen en el género de la ciencia ficción pues, más allá de los descubrimientos acerca de enzimas o de algún otro factor que esté relacionado con la regeneración (y que la permita en condiciones favorables), aún no hay noticias aplicaciones en seres humanos con resultados exitosos.

Nadie sabe hasta dónde llegarán estas investigaciones, o cuánto tiempo nos tomará descubrir las razones de la reactivación del desarrollo en la vida post embrionaria del A. mexicanum. Por el momento, se sabe que su proceso regenerativo es la epimorfosis y que consta de los siguientes pasos:

 

1. Formación de un coágulo de plasma: las células de la epidermis migran para recubrir el área afectada.

2. Desdiferenciación: las células óseas, cartilaginosas, neurales, los fibroblastos y los miocitos vuelven al estado que presentaban cuando el ajolote era embrión.

3. Formación de un blastema de regeneración, es decir, de una masa de células que se encuentran desdiferenciadas.

4. Las células vuelven a diferenciarse.

 

Al final de todo, hay algo en lo que creo fielmente, y que Eduardo Galeano mencionaba en una frase: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar». Yo también creo que estas investigaciones nos ayudan a avanzar. Desconozco si algún día se alcanzarán el –ambicioso– objetivo del ser humano, pero es importante resaltar que mientras la investigación científica siga indagando en este ámbito y continúe caminando, el mundo, y principalmente México, llegará a ser un mejor lugar.

 

 

 

REFERENCIAS 

—Bisasutti, A. 2006. Sociedad Acuariologica del Plata. Primera parte. Seis páginas. Disponible desde: http://www.sadelplata.org.ar/articulos/indice-especies_anfibios.html [Noviembre 12, 2013]

—Semarnat. 2010. Protección ambiental-Especies nativas de México de flora y  

fauna silvestres-Categorías de riesgo y especificaciones para su inclusión, exclusión o cambio- Lista de especies en riesgo. Segunda sección.

—CONABIO, 2011. Fichas de especies prioritarias. Ajolote Mexicano (Ambystoma mexicanum), Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México D.F. Enero 2011.

 

 

 

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Mariel Martínez Damián (13 de enero de 1994. Ciudad de México). Actualmente estudia la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y al mismo tiempo, cursa la Licenciatura en Biología en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN. Se considera una mujer mitad ciencia y mitad poesía al no poder separarse de estas dos pasiones. Sueña con encontrar cada uno de los puntos de intersección entre las dos disciplinas.

 

Revista cultural

1 comentario

  1. Miguel Valencia

    14 Octubre, 2015 at 23:37

    Felicidades! Está muy padre tu artículo!

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