Ciencia y poesía

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 En el pensamiento científico siempre están presentes elementos de poesía.

Albert Einsten

 

 

Mariel Martínez Damián

 

 

El diccionario de la Real Academia Española, por un lado, define la ciencia como «un conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales»; y por el otro, explica que la poesía es la «manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa». A simple vista, parece que ambas disciplinas son totalmente distintas y en la actualidad no es frecuente escuchar que la prima que estudia Física también sea poeta. Estas materias se entienden y se aceptan por separado, como dos sustancias de elementos diferentes que si se juntan, forman una mezcla heterogénea en donde sus componentes son visibles y  jamás se combinan químicamente.

Batrachospermum

Sin embargo, el trecho que separa estas dos disciplinas no es tan distante. Lo comprendí un día mientras miraba al microscopio, cuando quedé asombrada con los colores que la imagen devolvía  a mis ojos, y aunque hay preparaciones de tejidos que requieren técnicas de tinción para diferenciar estructuras más particulares, también es cierto que las estructuras diminutas y perfectas que se pueden observar conforman un paisaje minúsculo de gran belleza. Tal es el caso de las células vegetales de una planta como la Elodea sp, cuyos cloroplastos verdosos inundan todo el campo visible, los pelos escamosos –o peltados– de Olea, los esféricos Volvox o la disposición casi floral del alga Batrachospermum. Y entonces, aprecié durante varios minutos aquellas imágenes preguntándome: ¿es que acaso todo esto no es poesía?

Existe una relación entre poesía y ciencia cuando se leen temas relativos a la biología, la química, la astronomía, la geografía o la física. Cuando se hace referencia a alguno de los personajes científicos más representativos de la historia como Newton, Lavoisier, Einsten o a Rosalind Franklin; o cuando se escribe poéticamente sobre alguno de los avances más representativos, ya sean las vacunas, la aspirina, la tabla periódica e incluso la Oda al Átomo, que escribió Pablo Neruda: «Pequeñísima estrella, parecías para siempre enterrada en el metal: oculto, tu diabólico fuego».Elodea

El punto de intersección es más sencillo y se encuentra en nuestra propia condición humana pues, ¿quién no se ha sentido atraído por la noche y sus estrellas, o por el mar y la gran variedad de peces y otros organismos que contiene? Johann Wolfgang von Goethe,  por ejemplo, además de interesarse por la ciencia, también se sentía atraído por el arte de la palabra, por lo que de igual manera es reconocido por su activa participación en la literatura al escribir la obra de Fausto o poemas dedicados a la noche o a la luna: «¡Oh tú, la hermana de la luz primera, símbolo del amor en la tristeza!»

Otro ejemplo es el de Marie Curie, la primera mujer en ganar un premio Nobel, así como la primera persona en recibir dos de estos galardones: el primero de física en 1903 y el segundo de química en 1911. Esta extraordinaria científica que desarrolló la teoría de la radiactividad comprendió totalmente esta postura y una vez dijo:

«La ciencia tiene una gran belleza y la investigación tiene un sentido casi poético. Siempre he pensado en la gran parte que el sentido soñador y poético ha tenido en los grandes descubrimientos; en aquellos que más decisivamente han contribuido al progreso de la humanidad. Un sabio en un laboratorio no es solamente un teórico; es también un niño colocado ante fenómenos naturales que le impresionan como un cuento de hadas».

Pelos peltados de Olea.

Pelos peltados de Olea.

De esta manera, la ciencia es un ejercicio poético en tanto que la poesía es la expresión de la realidad que atraviesa nuestros ojos después de la contemplación y el asombro de las cosas como un niño que lo ve todo por primera vez. La poesía se parece a la ciencia al iniciar en el mismo punto de partida: la curiosidad y la necesidad de comprender todo aquello que nos rodea. Tanto el científico como el poeta se han regalado un instante en la vida para observar los detalles que constituyen nuestro paisaje. El poeta lo describe (e incluso, intenta transformarlo a través del lenguaje), y el científico se esmera en explicarlo objetivamente. Pero ambos han sido testigos de la belleza que hay a nuestro alrededor, principalmente, en la naturaleza.  A lo cual,  Álvaro Chaos Cador, ganador del II Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo, dice: «conjugar ciencia y arte es lo que hace a un ser humano completo».

 

 

Bibliografía:

-Casado Ruiz de Lóizaga, María José. (2012) Las damas del laboratorio: Mujeres científicas en la historia. Editorial Debate. 1ª edición.

– Núñez Espallargas, José María. (2008). La ciencia en la poesía. España: Esteban Rodríguez.

 

 

 

 

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Mariel Martínez Damián (13 de enero de 1994. Ciudad de México). Actualmente estudia la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y al mismo tiempo, cursa la Licenciatura en Biología en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN. Se considera una mujer mitad ciencia y mitad poesía al no poder separarse de estas dos pasiones. Sueña con encontrar cada uno de los puntos de intersección entre las dos disciplinas.

Revista cultural

1 comentario

  1. Davo

    28 Enero, 2016 at 16:31

    Es interesante ver cómo la división entre ciencia y poesía era una cosa muy difusa en la antigüedad; la intersección de la que hablas puede verse también en poetas grecolatinos del género llamado didáctico, como Lucrecio (la Naturaleza), Arato (los Fenómenos), Manilio (los Astronómica), Nicandro (los Theríaka), Virgilio (las Geórgicas) y, por supuesto, Hesíodo (Trabajos y los días). Todos ellos tocaron temas técnicos o científicos y decidieron hacerlo en obras monumentales y en verso. La conexión de la que hablas en esta entrada parece que es algo presente desde hace mucho. =) Saludos.

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