México, el país de las maravillas

Por  |  0 Comentarios

Alejandro de Coss

 

Si nos limitáramos a escuchar acríticamente los discursos que profieren quienes detentan el poder en México, no podría quedarnos duda del hecho de que el país progresa de forma ejemplar. Elecciones limpias, una sólida economía, violencia en decrecimiento e intachables instituciones serían nuestra realidad cotidiana. No habría razón alguna para la protesta, la queja o la simple mentada de madre. Todo aquel que así actuara no podría ser sino un loco, un enfermo de poder, un infiltrado (¿comunista?) o un idiota ignorante. El camino a seguir, indudablemente, sería en la misma dirección. Restaría únicamente marchar hombro con hombro con el presidente electo, del saliente, de las izquierdas moderadas y marchar así –ahora sí– hacía el mítico progreso. En el país todo iría bien, y podría ir aún mejor si dejáramos de quejarnos y nos pusiéramos a trabajar.

Un primer problema con este planteamiento, tan machaconamente repetido por los medios de comunicación afines al grupo en el poder, es que no tiene manera de sostenerse en la realidad. Como reporta Carlos Fernández-Vega, haciendo uso de datos del Consejo Nacional de Evaluación dela Política de Desarrollo Social (CONEVAL) y del Centro de Investigación en Economía y Negocios, del Tecnológico de Monterrey, 12 millones de mexicanos entraron en el umbral de la pobreza en el sexenio de Felipe Calderón; más de la mitad de la población del país se encuentra en este rubro estadístico, que resulta tan fácil de manejar por quienes, desde la comodidad de un puesto de elección popular y salarios onerosos, le desconocen por completo como realidad vívida. Además del aumento en los fríos números de la pobreza, es imperativo mencionar el incremento creciente de la violencia, que ya no cuenta siquiera con bandos definidos (si es que alguna vez lo hizo), y que alcanza tanto a civiles como militares, tanto a migrantes como a empresarios, tanto a delincuentes como a ciudadanos que respetan eso que llaman ley. La «Caravana porla Paz» de Javier Sicilia busca poner este tema en la agenda estadounidense, mientras en México todos los actores políticos buscan minimizarla en la propia.

A este cúmulo de paradojas tan lejanas de la prosperidad se debe añadir la resolución recién emitida por el Tribunal Electoral del Poder Judicial dela Federación(TEPJF), en la cual se dictaminó que tuvimos elecciones ejemplares, que el Partido Revolucionario Institucional actúo con respeto absoluto no sólo a ley reglamentaria, sino a los principios constitucionales de libertad en la elección, y que, así, Enrique Peña Nieto (EPN) será el presidente de México por los próximos seis años. Contrario al sentido común, a las múltiples pruebas otorgadas, a Tomás Yarrington, a Soriana y a Monex, el TEPJF dictó sentencia. Este hecho, en la realidad, legitima la mercantilización de la democracia (tema ya abordado en esta columna), y permite que la politización de la miseria se profundice. Tal burla está siendo activamente cuestionada por una parte significativa de la ciudadanía, y es de esperarse que tan incoherente decisión no pase sin antes abonar al estado de animadversión que un notable sector de la sociedad mexicana sostiene hacia EPN.

A punto de concluir el sexenio de Felipe Calderón (marcado por la violencia, la impunidad y la incompetencia), el estado de polarización con el cual inició no se ha visto disminuido. Inútil es encontrarle explicación a ello en las acciones de Andrés Manuel López Obrador. Resulta oprobioso para quienes nos oponemos activamente al comportamiento criminal de los gobiernos federales mexicanos que se fundamente, desde los discursos hegemónicos, toda resistencia en los supuestos caprichos de una figura política (entiendo que la utilidad de ello es deslegitimar la protesta). Es verdad que el rol del político tabasqueño continúa siendo central para la oposición en México, pero es igualmente cierto que ésta es autónoma y diversa, y que, a pesar de sus coincidencias, resulta inútil colocarle bajo una única bandera, bien sea la de López Obrador, la del movimiento #YoSoy132, o cualquier otra. La polarización no se debe a la acción particular de grupos opositores. Por el contrario, responde a la continúa ejecución de una política económica y social que ha profundizado la desigualdad, que ha manejado al Estado como botín, y que se ha asegurado de seguir haciéndolo así a través de la manufacturada victoria de Peña Nieto.

En este contexto es que el discurso oficial, el que hace de México el país de las maravillas, se suma a la indignación que existe en cada vez más amplios sectores de la sociedad. La llegada del país al progreso se ha venido dando, en los discursos, de forma ininterrumpida por décadas (¿siglos?). López Portillo administrando la abundancia, Salinas anunciando la entrada al primer mundo o Peña prometiendo colocarnos entre las «potencias emergentes» son distintos rostros de la misma falacia. Así pues, la primera disputa frente al poder es de orden ontológico: se requiere disputar la definición de la realidad, y construir otra a partir de la experiencia de base y en oposición crítica. Es por ello que el contrainforme que el #YoSoy132 presentó resulta valioso. Así también lo son los foros en los cuales quienes viven la realidad de la desigualdad, la pobreza y la opresión dan cuenta de su situación, de viva voz y sin intermediarios.

La construcción de una interpretación de la realidad que parta de lo excluido y lo oprimido debe ser por fuerza opositora. Dicha oposición, fortaleciéndose en el diálogo y la construcción colectiva no sólo de interpretaciones de la realidad, sino de acciones que incidan en sus mecanismos de reproducción, será la mejor vía para oponerse activamente al grupo en el poder, que continúa determinado a transitar por la vía de la privatización, la profundización de la desigualdad y la ampliación de los privilegios de la clase dominante. Una lucha ontológica de oposición ha de ser, por lógica, subversiva. La subversión de la visión falaz del México que progresa será también la subversión de quienes han sido excluidos por el progreso particular que construye el neoliberalismo implantado en el país. Las formas particulares que tomará este movimiento de oposición amplio ya comienzan a mostrarse. Será diverso, acéfalo y contradictorio –como ya se muestra el #YoSoy 132–, y tenderá a agrupar a más actores sociales, en la medida en la que privilegie el diálogo y no la imposición como método de toma de decisiones. Ello impedirá el establecimiento de objetivos concretos, tal y como los entiende una democracia partidista, pero tendrá como objetivo subyacente el generar una concepción de democracia que no sea partidista. Es difícil pensar que ello sucederá en el próximo sexenio, pero es previsible que comience entonces.

En última instancia, la labor opositora se convierte en acción cotidiana. Inútil es continuar esperando la llegada de un mesías, o la acción de un grupo que salve a México de sí mismo. Aun cuando suene a discurso trillado, la realidad es que el cambio es en inicio individual, aunque se debe considerar a dicho momento como un mero arranque. La organización colectiva, partiendo desde lo más cercano a la experiencia cotidiana, es imperativa. Así, esas visiones alternativas del estado del país no serán fruto de una reflexión aislada, sino resultado de un diálogo activo y de la discusión constructiva. No hay fórmulas, no hay recetas, únicamente hay experiencia y experimentación. El pronóstico es reservado, pero se pueden prever futuros meses y años de transformaciones (bien sean mínimas) del rumbo en el cual marchamos como ciudadanos de un país que se desmorona día a día.

_________________

Alejandro De Coss es licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Apasionado de la filosofía, tiene un diplomado para comprobar su devoción. Actualmente explora los laberintos de la burocracia desde la Secretaría de Energía, aunque (no tan) secretamente sueñe con futuros ensayísticos y literarios.

 

Revista cultural

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *