Las mujeres y la cultura Hip Hop en México

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Nelly Lucero Lara Chávez

 

La invisibilidad de las mujeres que participan en la cultura Hip Hop en México pesa como un lastre. Lamentable pero cierto. El adiestramiento patriarcal que convoca a mirar a los hombres como «constructores legítimos del mundo» nos hace pensar, con base en los imaginarios sociales, que las mujeres no están allá afuera pintando grafiti, cantando rap, bailando breakdance o haciendo Djing. Tenemos que admitir que, a pesar de los avances logrados hasta el momento, la participación de las mujeres en las culturas urbanas sigue empañada por el manto del estigma, la descalificación y el desconocimiento.

Las feministas en los años 70 enunciaron teóricamente la pertinencia de conocer el papel desempeñado por las mujeres en las culturas urbanas como espacios de participación política y creación estética (Angela McRobbie y Jenny Garber, 1975). Las pocas investigaciones realizadas al respecto no lograron dar cuenta de las propuestas de cambio y se fijaron en la reproducción de los papeles tradicionales asociados con la feminidad. En este tenor las mujeres fueron vistas y leídas como novias, compañeras amorosas y hasta fans de los hombres, pero no como las protagonistas, las generadoras y constructoras de prácticas y lenguajes que impactan en sus espacios inmediatos. En la actualidad es evidente lo poco que se estudia la presencia de las mujeres en las culturas urbanas en México; sabemos escasamente qué pasa con ellas al interior de estas propuestas de contracultura o subcultura (como también han sido llamadas) y cómo se relacionan con sus pares en dichos ámbitos de configuración subjetiva. Este tema me ha interesado desde hace tiempo, y de forma particular, me he inclinado a conocer la participación de las mujeres la cultura Hip Hop.

 

Hacia la comprensión de la cultura Hip Hop en México

En nuestro país se asocia comúnmente el Hip Hop con el rap. Lo cierto es que una cosa es ser Hip Hop y otra, muy distinta, ser solamente cantante de rap. Si bien el rap es parte integrante del Hip Hop, como lo son también el grafiti, el breakdance y el Djing,[1] el Hip Hop apela a toda la cultura que, además de estas cuatro prácticas, recupera elementos como el conocimiento, la propuesta de un mercado callejero alterno al «tradicional y hegemónico», la moda callejera, el beat box[2] y el lenguaje callejero. En este sentido el Hip Hop como cultura urbana implica arte, cosmovisión y lenguajes.

Por supuesto, no es casual que el Hip Hop construya un vínculo directo con el rap, su expresión poética que deriva en canto. En los países donde poco se conocen los planteamientos del Hip Hop es común que esta asociación se presente. Al respecto, Shan Nicholson, director del documental Rubble Kings (2015), señala que el Hip Hop se asocia con el rap porque al ser éste la única de sus prácticas artísticas que apela a la «palabra hablada», se constituye como su sitio de conformación.[3] Toda cultura que se precia de serlo primero simboliza con el lenguaje, para después construir sentidos. De esta manera, el rap funciona como el andamiaje fundamental y primigenio: si no sabes el significado del Hip Hop la posibilidad de comprensión está en el rap. Pero el Hip Hop no es el rap.

Entonces, ¿qué es el Hip Hop? Para entender sus fundamentos es conveniente reconocer el planteamiento político que lo motiva. Esto quiere decir que el Hip Hop, antes de ser prácticas artísticas, surge como la necesidad de contribuir a la erradicación de la violencia entre las personas que habitaron el barrio del Bronx, en Nueva York, durante la década de los 70. Como sucede con toda cultura que emerge, al principio no existían ni el nombre ni una consciencia clara de lo que se estaba gestando. Sin embargo la nueva dinámica social daba cuenta de la transformación. Si este mundo es intolerable para vivir necesitamos un «mundo otro», un planeta distinto, un «Planet Rock»[4] donde lo diferente signifique la posibilidad de construcción y no de destrucción. Ese Planet Rock, nombre original de la cultura Hip Hop, es la apuesta política por hacer convivir lo diverso, es una especie de encarnación de la promesa de la interculturalidad.

El Hip Hop es una propuesta política con efectos subjetivos. En el movimiento Hip Hop mexicano se dice que «ser Hip Hop» es una forma de vida, una postura constructiva ante el mundo y un compromiso social: «no se trata de qué te da a ti el Hip Hop, sino tú qué le das al Hip Hop». En este tenor el Hip Hop es generoso; se brinda a los demás como forma de nutrirse al interior. Bajo esta perspectiva es comprensible que hacer rap, breakdance, grafiti o Djing no convierte automáticamente a las personas en Hip Hop. De hecho, dentro del movimiento Hip Hop en México, hay quien así lo manifiesta: «ella o él es rap, pero no es Hip Hop», «ella o él es Djing, pero no Hip Hop».[5] De tal modo que no son las prácticas artísticas sino la conciencia y el actuar con intencionalidad social y política lo que te hace parte de una cultura.

¿Para qué todo este recorrido aclaratorio? Porque en nuestras latitudes no se está entendiendo cuál es el planteamiento del Hip Hop; así me lo han hecho saber las personas involucradas en esta propuesta urbana. Se quiere seguir viendo al Hip Hop como arte, y en el fondo, es política, y por ello se reconocen sus cuatro elementos artísticos pero no su propuesta de transformación social.

 

La carga genérica de la cultura Hip Hop 

Desde el feminismo lo sabemos bien: todas las instituciones sociales, políticas y culturales tienen género. Ninguna se «escapa» o es «inocente» a la relación de poder jerárquico que divide al mundo en masculino y femenino. Quienes han emprendido el rastreo del género como forma primaria de relación significante de poder, nos han permitido entender que la repartición dicotómica no sólo recae entre hombres y mujeres, sino también entre las cosas (Scott, 1996; Serret, 2011); por ejemplo, pensar en la idea de la madre tierra (femenino) y el padre sol (masculino) nos da cuenta de la escisión existente. Siguiendo esta lógica de asignación genérica del mundo podemos constatar que el capitalismo es masculino (porque la mayoría de las personas con poder económico son hombres), y lo mismo sucede con instituciones como el gobierno y el Estado-nación. En este tenor cabe preguntarse ¿qué género determina a la cultura Hip Hop?

Sería absurdo negar lo evidente. La mayor parte de las prácticas artísticas que conforman a la cultura Hip Hop están integradas por hombres. Efectivamente, hay más hombres raperos, grafitero, B-boys y haciendo Djing que mujeres. Algunas personas involucradas en la cultura Hip Hop en México me han confesado que la participación en esta propuesta urbana puede medirse bajo la relación 80 por ciento hombres y 20 por ciento mujeres. El Hip Hop es, bajo esta lectura, una cultura masculinizada. Sin embargo, pienso, la participación de las mujeres va más allá de la presencia física.

Para muestra un ejemplo revelador. Si recuperamos los cuatro valores que promueve la cultura urbana del Hip Hop (paz, amor, unidad y sano esparcimiento), podemos constatar que son fundamentalmente «principios femeninos». Todos ellos son la base de la Universal Zulu Nation, organización creada y dirigida por el DJ Afrika Bambaata con la intención de promover el Hip Hop a nivel mundial. Me centraré, por el momento, en identificar la procedencia de la propuesta de paz. Hay un hecho histórico que marca a la cultura Hip Hop, la emblemática Reunión de Paz de la Calle Hoe, realizada a principios de la década de los 70 en el Bronx con la intencionalidad de consolidar una tregua entre líderes pandilleros para desactivar la violencia imperante en las calles. Durante algún tiempo me pregunté de dónde podía emerger ese planteamiento si las pandillas conformadas mayoritariamente por hombres no habían contemplado la paz como una alternativa. Es más, desde los estudios de género feministas sabemos que la paz no es propia de la masculinidad, por el contrario, los llamados de la masculinidad hegemónica tienden comúnmente al uso de la violencia entre los hombres para legitimar el poder. La paz ha representado desde hace tiempo una propuesta hecha y liderada por las mujeres (Lagarde, 2012).

La mencionada Rubble Kings me brindó pistas para comprender cómo las mujeres, aunque no estuvieron presentes físicamente en la Reunión de Paz de la Calle Hoe, intervinieron en la formulación de los planteamientos que definen los pilares de la cultura Hip Hop. En dicha cinta se narra que, tras la muerte del joven Cornell Benjamin, quien intentó hacer de las calles un lugar de libre tránsito, los intentos de pacificación quedaron frustrados. Las pandillas estaban listas para desatar una guerra campal, no había quien los detuviera. Sólo un acontecimiento fue capaz de modificar el desarrollo de los hechos. A punto de comenzar los enfrentamientos, el joven «Yellow Benjy» Melendez (fundador del Guetto Brothers) y Carlos «Karate Charlie» Suarez  (presidente del mismo) visitaron a Gwendolyn, la madre del joven fallecido, quien les dijo: «Mi hijo murió por la paz». En ese momento los miembros del Guetto Brothers decidieron no enfrentar a ninguna pandilla y convocaron a la reconciliación. La mujer desactivó la violencia.

Lo reitero, las mujeres están en el Hip Hop desde el momento en que se configuran sus planteamientos éticos, políticos y filosóficos. Ellas proponen la paz, el amor, la unión, frente al mandato masculino que motiva la violencia y la confrontación en el contexto de lucha entre pandillas del Bronx. En este sentido cobra importancia la resignificación que las mujeres hacen con respecto a la historia del Hip Hop. Al menos en México las mujeres involucradas en esta propuesta urbana dicen que «una cultura tan grande no la podrían haber hecho los hombres solos, tenían que estar las mujeres también» (Jezzy P), o frases del estilo «el Hip Hop es como el yin y el yang, conjunta la parte femenina y masculina» (Rebeca Lane).[6]

 

Las mujeres en la cultura Hip Hop en México

La cultura Hip Hop llega a nuestro país en la década de los 90 a través de dos vías: la migración y la industria cultural. Las expresiones artísticas donde mayoritariamente han participado las mujeres son el rap, el grafiti y el breakdance, y de forma minoritaria podemos encontrar mujeres en el Djing. El rostro más visible del Hip Hop, como lo mencioné anteriormente, es el rap, y dentro de este ámbito la participación femenina ha construido una historia que conviene reseñar.

En el centro del país las agrupaciones Los Pollos Rudos –integrada por Jezzy P y Luz Reality– así como Magisterio –conformada por Ximbo y Malik–, encabezaron una oleada de mujeres protagonistas en el rap. Ambas agrupaciones son pioneras en el impulso del Hip Hop en México, ya que además de cantar, sus integrantes pronto comenzaron a promover talleres y generar eventos donde se difundía la cultura urbana. Cuando se desintegran Los Pollos Rudos y Magisterio cambia de integrantes, entonces se conforma una nueva agrupación que viene a visibilizar a las mujeres en el Hip Hop: el colectivo Rimas Femeninas sobre la Tarima; del cual, posteriormente, deriva el colectivo Mujeres Trabajando.

Uno de los fenómenos más interesantes en el Hip Hop es el rostro feminista del rap. La presencia de mujeres raperas con un claro posicionamiento feminista es un acontecimiento que no sólo se presenta en México. Por ejemplo, la rapera de origen senegalés Sister Fa ha emprendido con su canto una lucha para erradicar la mutilación genital femenina. La conocida francochilena Ana Tijoux promueve una crítica al patriarcado y a todas sus manifestaciones descalificadoras: racismo, androcentrismo, capitalismo. La rapera guatemalteca Rebeca Lane promueve, desde el sur latinoamericano, una lucha contra el patriarcado violento que lastima y vulnera la vida de las mujeres. En nuestro contexto inmediato la presencia feminista no se ha hecho esperar. La rapera oaxaqueña de origen zapoteco, Mare Advertencia Lírika, es una de las exponentes más importantes del feminismo en el Hip Hop de México; lo mismo acontece con el grupo originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, los Batallones Femeninos, que desde el norte del país ha denunciado los casos de feminicidio que son cometidos en contra de las mujeres en esa entidad.

¿Por qué en el rap mexicano y del mundo es posible encontrar mujeres feministas? Me parece que la propuesta inicial del Hip Hop, que plantea la adhesión de todo lo diferente bajo la dinámica de Planet Rock, promueve que los grupos más diversos encuentren en esta cultura urbana un terreno fértil para su florecimiento. De ahí que las raperas cuenten con cierta libertad para enunciar el feminismo en el Hip Hop. Lo mismo sucede con las raperas que reivindican las lenguas y culturas originarias, así como las raperas con cierto enfoque religioso.

Si bien es posible encontrar mujeres que son Hip Hop en otros ámbitos como el breakdance, en el grafiti y en el Djing, incluso mujeres Hip Hop en la construcción y generación de conocimientos, por ahora me parece pertinente, por cuestiones de espacio, cerrar este escrito con la presencia de las mujeres en el rap, sin olvidar que: 1) la cultura urbana del Hip Hop más allá de las expresiones artísticas que la componen es una postura ética y política frente al mundo: construir para transformar; 2) las mujeres han formado parte de la cultura urbana del Hip Hop desde el origen mismo de esta propuesta, y de igual forma, su participación ha sido fundamental en la consolidación de los valores que la determinan: paz, amor, unidad y sano esparcimiento; y 3) la presencia de las mujeres en el Hip Hop representa una transformación de la violencia a la solidaridad.

 

 

NOTAS

[1]  El planteamiento de las actividades que contempla la cultura Hip Hop tiene que ver con la idea de que toda «cultura» para ser tal posee cuatro artes fundamentales: el canto, la pintura, la danza y la música. En este sentido la propuesta urbana del Hip Hop construye como correlato a cada una de ellas el rap, el grafiti, el breakdance y el Djing.

[2] Es una forma de producir música mediante el empleo de la caja torácica.

[3] El pasado 7 de noviembre de 2015 se llevó a cabo en la Ciudad de México la presentación del documental Rubble Kings, donde su director, Shan Nicholson, habló un poco sobre la cinta y la cultura Hip Hop. Ahí hizo este señalamiento –breve y contundente– de la vinculación concreta que existe en el Hip Hop y el rap. En dicho evento también estuvo presente el legendario Dj Premier, conocido mundialmente en la producción musical.

[4] El «Planet Rock», nombre que el DJ Afrika Bambaataa atribuye a la dinámica de convivencia armónica entre las pandillas del Bronx, es interpretado literalmente como un «planeta en movimiento». Sobre todo porque el rock (que deriva de rocking, balanceo en español), habla de la posibilidad de transformar lo que las normas sociales imponen como estático. Además el Planet Rock tiene una lectura intercultural con respecto a cómo las diferencias de las personas no son motivo de estancamiento, sino un impulso para la constitución de un mundo mejor, un mundo en movimiento.

[5] Declaraciones obtenidas mediante entrevistas realizadas para esta investigación.

[6] Estas afirmaciones provienen, también, de entrevistas hechas por la autora.

 

 

REFERENCIAS

Lagarde, Marcela (2012) El feminismo en mi vida. Hitos, claves y utopías. Ciudad de México. INMUJERES-DF

McRobbie, Angela and Jenny Garber (1975) «Girls and subcultures», en Stuart Hall y Tony Jefferson. Resistance through Rituals Youth subcultures in post-war Britain. Londres y Nueva York. Routledge. Versión electrónica: http://bit.ly/2a32kBi

Serret, Estela. (2011) «Hacia una redefinición de las identidades de género», en GénEros, Revista de la Universidad de Colima, año 18, época 2, número 9 (marzo-agosto,2011), pp. 71-98

Scott, Joan W. (1996) «El género: una categoría útil para el análisis histórico», en Marta Lamas (comp.), El género. La construcción cultural de la diferencia sexual. México. UNAM-PUEG, pp. 265-302.

Filmografía:

RUBBLE KINGS .Dir. Shan Nicholson. Benjamin Melendez y Afrika Bambaataa. Saboteador Digital. 2015. «Filme».

Entrevistas:

Jezzy P, 23 de abril de 2015, Ciudad de México.

Rebeca Lane, Encuentro de Mujeres en el Hip Hop, 10 de junio de 2014, El Laboratorio de Arte y Trabajo Alternativo (LATA), delegación Iztacalco, Ciudad de México.

 

 

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Nelly Lucero Lara Chávez. Maestra y licenciada en comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Actualmente realiza el doctorado en Comunicación en esa misma casa de estudios. Es organizadora del Festival Universitario sobre Cultura Musical en México: retos alternativas y politizaciones. Edición cultura Hip Hop, que se llevó a cabo en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), institución donde además ha impartido las materias de Comunicación Intercultural y Gestión Cultural. También es profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en la carrera de Ciencias de la Comunicación. Ha presentado ponencias a nivel nacional e internacional y publicado artículos en distintos espacios académicos. Correo: nelly_lucero@hotmail.com

 

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