Joya de artesanía narrativa a la Deniz

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IMDINB

Raúl Olvera Mijares

Experimento a título doble, como libro objeto y como repositorio de las tentativas narratorias de un poeta, Imdinb (FCE-Taller Ditoria, 2011) es una novela corta o relato singular. Su autor, Gerardo Deniz, nacido en Madrid el año de 1934, bajo el nombre real de Juan Almela, es uno de los poetas del exilio español más notables. Difícil resulta colocarlo entre los llamados poetas hispanomexicanos que trataron de hacer una doble vida de este y del otro lado del Atlántico. Juan Almela, quien llegaría a México a la edad de ocho años, pasando antes por Suiza, cursó en su patria de adopción estudios de química, haciéndose traductor de varias lenguas y ensayista notable, autor de Anticuerpos (1998) y Paños menores (1999); su vertiente de narrador quedará expuesta en el volumen de relatos Alebrijes (1992). Su celo por el idioma, la terminología de las ciencias, los neologismos grecolatinos, la grafía de voces extranjeras y su incorporación en la lengua española lo condujeron bien pronto al oficio que podía desempeñar con mayor solvencia: el de hacer y cuidar libros, en calidad de editor.

Un deslinde fundamental que es necesario emprender en el caso de los hombres de letras que son conocidos por cultivar una vertiente particular cuando incursionan en otra consiste en hacer tabula rasa de su trayectoria anterior e intentar acometer la nueva vertiente en forma independiente y autónoma, como si se tratase de la propuesta de un autor ajeno, o bien, desconocido. A fin de mantener clara la percepción de que abordaba el género de tal manera, debía realizarse en puridad este ejercicio; si bien, en ocasiones, resulta arduo e incluso imposible no ver los puntos de unión con su obra poética, como bien pueden considerarlo tantos que han conocido primero al Deniz poeta que al Deniz narrador. Entre la prosa y el verso de un mismo autor existen vasos comunicantes insoslayables. En el caso de Gerardo Deniz, el idioma es el mismo –el español, y no como otros entre sus colegas quienes prefirieron reservar el catalán para la lírica–, e igualmente los juegos con palabras inventadas (pero que se entienden a la perfección), el gusto por mezclar distintos registros (lo popular y lo elevado, el sentido poético al lado del científico), o bien, los giros sintácticos complejos y algo arcaizantes, los contrastes entre mexicanismos y españolismos, la adjetivación insólita y tantas cosas más.

¿Qué es el Imdinb? Es un instituto de señoritas consagrado a la investigación de las ciencias ocultas. Como el mismo autor aclara en una breve pero reveladora nota preliminar: «Es un hecho –y no estimulante sino grotesco– que hemos entrado en nuestro tercer milenio llevando a cuestas un cargamento vergonzoso de supersticiones. Cunden astrologías, alquimias y otras curiosidades que fueron divertidas en siglos pasados, pero que representan una ridícula mescolanza con otros discutibles productos de esta época. Este cuaderno, del que ha habido lectores secretos suficientemente estúpidos como para descubrir en él nada menos que antifeminismo –pues al parecer el feminismo limpio está condenado a la tontería–, no pretende ser sino una sátira ingenua orientada a unas cuantas manías de ayer, y por desgracia parece que de siempre». Una sátira que encaja en la rica tradición que va desde Petronio y Apuleyo y hunde raíces en la cultura inglesa con nombres que abarcan desde clásicos del género como Jonathan Swift, Laurence Sterne o Samuel Butler hasta autores aficionados a la ciencia ficción como H.G. Wells, Aldous Huxley o George Orwell, combinada con cierto gusto por la sordidez y la lascivia –ése sí muy francés–, con el marqués de Sade, Georges Bataille y Pierre Klossowski a la cabeza, sin mencionar lo que toma del rico arsenal de las letras hispánicas, del Arcipreste de Hita, de Pero López de Ayala, de Francisco de Quevedo y de la picaresca en general, y de Camilo José Cela y Juan Goytisolo, por nombrar a los más recientes y conspicuos.

En el Imdinb hay siempre 72 muchachas, llamadas mistas, quienes, repartidas en tres grupos de igual número, cubren 24 horas, trabajando un tercio, durmiendo otro y el restante consagrándolo al ocio, casi siempre de naturaleza amatoria. Todas viven en un hotel en Tetiaroa, ubicada en las inmediaciones de la capital mexicana. Tetiaroa originalmente es un atolón formado por 13 islotes, sito en el archipiélago de la Polinesia francesa. Aquí comienzan las pistas falsas, con las cansinas aunque, en ocasiones, reveladoras consultas en la red. Hoy en día Google facilita o hace más ardua, por minuciosa, la labor de desciframiento de la escritura de Gerardo Deniz. Hacia la parte final del texto el autor reflexionará sobre el término, asentando: «La reacción de las mistas era, en cambio, mucho más mixta. Algunas hablaban de modas, otras se aburrían visiblemente». Mistas haría entonces alusión a la composición desigual o heterogénea del grupo de mujeres jóvenes. «Misto» es la ortografía del adjetivo latino en italiano y en portugués, y acaso también en la simplificación juanramoniana del castellano. La alusión al italiano trae a cuento la pretendida nación de procedencia de Clema, quien funge como cabecilla del grupo, a guisa de la madame que regentea un burdel.

Nada de lupanar tiene el Imdinb, que quede claro; más bien es un centro místico, topos uranos o pensatorio. Los requisitos de ingreso son estrictos. Aquí un pasaje que muestra el tono de sarcasmo intelectual o ironía fina del texto: «Incorporarse al Imdinb no es fácil. Para detalles exhaustivos consúltense los folletos. Hacen falta certificaciones, exámenes de conducta, de conciencia, de sangre, de virus, de orina, vacuna, papanicolaus. Todo acontece en las oficinas de la capital. Se requieren asimismo ciertos estudios y pruebas previas nada fáciles, donde muchas aspirantes naufragan. Por último, les es preciso demostrar una boyancia económica considerable, disponer de dos automóviles flamantes y aportar una piel de oso blanco, que por razones ecológicas será examinada hasta alcanzar la seguridad de que tiene cuando menos 35 años».

Los nombres de los personajes son bastante curiosos: Tiquis, Pituka, Queca, Fidelfita, don Telmo Gordosojos, su hija la rica heredera Itzel, casi una débil mental con la cual deben hacer una excepción debido a que el padre es un mecenas del instituto; como se ve, el Imdinb se parece mucho al mundo real, con todo y sus connivencias. Otros nombres son Colémbola, Nadia, Tyrifeta, Undecimilia, Ascanio Sobrero, novio de esta última. Pentti Kulonen (culo) e Yrjö Kojonen (cojones) son unos reporteros fineses que llegan de visita. Un swami de la India aparece, Prafulla Chandra Ray, y un libro sobre un supuesto loro sacro, el Dhākalapātham (daca la pata, perico), sin olvidar los macrones sobre las vocales, que las hacen largas. El vietnamita Ho Chi Minh queda como «Juchimín». Estas peculiaridades en el léxico y otras más, como «bodrio chinés», «ráfaga calipigia» (fila de muchachas de bellos traseros como la famosa estatua de Venus), «atanor» (cañería de barro), «intertet» (escote). Cultismos como «cohonestar», «escarpa», «matacán», «gurriato», «losange», «especioso», «sumerso», «estridular», «crotorar», «malaxar» (amasar en medicina), «aciculares», «alvéolo», «itifálico» (con el miembro erecto), «kilojulios» (unidad de calorías), «ejercicios coreoyóguicos», «bodhisattva» (encarnación del Buda), «jatakas», «mahayánica», «psicocinesis» (mover objetos con la mente), «neomenia» (luna nueva), «catamenia» (menstruación), «hierogamia» (nupcias sagradas), «sóroks» (antiguos distritos en Rusia). Voces escritas juntas, como «causinegras», el «chipichipi», «enseguida» y «en seguida», «mediocayó». Diminutivos cultos de fuerte resabio hispánico, como «picaruela», «carnezuela» y «talluelo». Palabras francamente inventadas como «pateladas», «absfumia», «namosfe», «trasvanar», «impaucar», «dimbra», «huesomear», «encogerse de hugos», «documéntica», «camaleonizar», «autonomización», «psafitas», «reposuchar», «pantimantel», «pantiboina», «pantipasamontañas», «taciturbio», «barbiníveo», «azabachesco». Expresiones mitad en castellano, mitad en otras lenguas, o bien, con un descenso hacia el tono popular: «eingeklammert como Husserl habría querido pedírselo a talcual vieja pedorra», «acababa yo de lavar our first sin away», «inglés golliwog [golly dolly, una especie de muñeca]», «cataflaco», «gizmo», «pinche viejito», «morrocotuda», «pareja fornicaria», «caca chantilly». Expresiones con algún elemento extraño, como «un fogoncito impune que vendía salchipapa», «dos buenos platos de café caliente, porras y goyas». Expresiones insólitas en plural: «zigzagues», «entre estremecerses», «modusvivendis», «bottlenecks», «ambos dedámenes». Hasta voces con ortografía poco socorrida como «ajá», «ajú», «jiga», «paspartú», «Oxidente», «trosquista», «anarreno». Expresiones que por lo normal no van en femenino, como las «aprendizas» y las «mistagogas». Expresiones extranjeras: «liagò» (balcón de ornato), «à bout de forces» (‘sin aliento’), «la flapper» (mujer con falda corta en 1920), «sulcus» (‘surco’ en latín, con diversas acepciones en geología, botánica, zoología, anatomía humana), «lapis niger» (piedra negra con inscripciones que se halla en el Foro romano), «Quo non ascendet? [Quo non ascendam?, ¿Hasta dónde no llegaré?, siempre en futuro]», «rumugava [rumugare en italiano arcaico o bien, popular es ruminare, rimuginare, ‘rumiar’ en español, remugar en catalán]». Las alusiones místicas son copiosas, se menciona a Lobsang Rampa, Wilhelm Reich. También las alusiones psicológicas abundan, es el caso de nombres y términos como los de Wilhelm Fliess, «kleksografía» y «contratransferencial». El humor, sobre cualquier otra consideración, campea en el texto:

Deslumbrados, los periodistas finlandeses charlaban con Clema en castiza lengua urálica. La dicción de la joven era perfecta: para «propaganda» decía «ropakanta», &c. Abusaba un poco del verbo negativo si bien tendría seguramente sus razones. Con sin par soltura, conocimiento de causa y hasta humor describió lo alcanzado a ratos perdidos por el grupo nocturno de trabajo, tocante al diseño de un cinturón de castidad para varones. Una discreta ojeada hacia la clepsidra de pulsera corroboró a los entrevistadores, hechizados, que se hacía tarde.

—Volveremos o volveré entonces la semana próxima –tartamudeó Kulonen, recogiendo su grabadora.

—Ujú –respondió Clema en finés.

Con esta observación sobre el cinturón de castidad para varones queda zanjada la acusación de antifeminismo. Libro fascinante y divertido, cuando se tiene el gusto de leer. Desde el punto de vista de la distribución, la presente edición facsimilar, con tiraje de 500 ejemplares, vuelve algo más accesible el Unikat, verdadera joya artesanal que Taller Ditoria sacara en 2006 en una edición numerada y firmada por el autor. El Deniz narrador se sostiene por sí mismo sin necesidad de recurrir a la imagen del poeta. Es sólo por una deformación de ciertos críticos que se demerita su obra en prosa a favor de su obra lírica. El texto es tal que –aun en una edición ordinaria– resistiría la prueba de un lector exigente que maneje con soltura la narrativa moderna. Este libro de un hombre, pronto octogenario, tiene el ímpetu de los relatos alegóricos y algo herméticos de algunos narradores actuales que difícilmente sobrepasarán los cincuenta años, entre los que descuellan escritores del Japón, del mundo anglosajón y también del ámbito de la lengua española. Texto vivo, no sólo material de estudio para el filólogo. Huelga decir que como en el caso de la mejor narrativa desde Flaubert, el tema es lo de menos: todo principia y termina con el lenguaje.

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Raúl Olvera Mijares (Saltillo, 1968) cursó estudios de filosofía en Monterrey y el principado de Liechtenstein. Ha publicado en La Jornada Semanal, La Tempestad, Casa del Tiempo, Replicante, Tierra Adentro, Luvina y La Palabra y el Hombre. Entre sus libros se cuentan Puntos cardinales (Conaculta, 2003),  Dramaturgia de Monterrey (Universidad de Durango, 2007) y Las influencias expuestas. Recensiones de libros (Calygramma, 2013).

Revista cultural

1 comentario

  1. Luz de Lourdes García Ortiz

    4 Octubre, 2013 at 0:11

    Juan Almela nació en Madrid, y no en Barcelona. El error no es nuevo, pero persiste; aparece, por ejemplo, en la solapa de Paños menores, publicado por Tusquets.

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