Retratos de cocineros

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Elizabeth David

Elizabeth David

 

Julieta Flores Jurado

 

Cuando conocí a P., el escritorio en el que escribía su tesis de maestría estaba rodeado de retratos de los arquitectos y escritores a los que admira, hechos por él mismo. Uno de ellos, el retrato de Alvar Aalto, era tan realista que una vez creí que un extraño había entrado a nuestra casa, pero sólo era el dibujo reflejado en un espejo, como si estuviera asomándose sobre mi hombro, con su mirada analítica y los dedos entrelazados. Algunas mudanzas después, yo también tengo mi propio escritorio y mi propia tesis en progreso, y en la pared, un retrato de Samuel Beckett. En realidad es una fotocopia del libro de Pierre Michon Cuerpos del Rey, que incluye, entre otros, dos ensayos sobre las icónicas fotografías de Beckett y William Faulkner. En uno de ellos Michon hace esta observación acerca de lo que se ve cuando estamos ante las fotografías de grandes autores:

Vladimir Nabokov

Vladimir Nabokov

Sabemos que el rey tiene dos cuerpos: un cuerpo eterno, dinástico, que el texto entroniza y consagra, y al que arbitrariamente llamamos Shakespeare, Joyce, Beckett, o Bruno, Dante, Vico, Joyce, Beckett, pero se trata del mismo cuerpo inmortal ataviado con pasajeros andrajos; y hay otro cuerpo mortal, funcional, relativo…

En las fotografías de los autores, intuimos que hay más de un cuerpo retratado.

¿Por qué llenar las paredes de genios? Esta palabra remite también a su condición de espíritus. ¿Sus retratos nos ayudan o resguardan de alguna manera? Probablemente no, pero nos fascinan. El primero de todos es Homero. Y a partir de entonces, el escritor es un ser de vista imperfecta, sus ojos reales detrás de un par de lentes, porque en realidad su poder visionario reside en su mente.  Muchos retratos de escritores muestran sólo su cabeza y sus hombros, como si fueran bustos de autores clásicos. Algunos fuman, otros aparecen rodeados de gatos y tazas de té, o envueltos en pieles lujosas, como Oscar Wilde. Víctor Hugo aparece en la cima de un acantilado, Nabokov atrapando mariposas. ¿Hay algo en estos retratos que revele que son autores? ¿O tal vez sólo notamos los lentes, los papeles desordenados sobre la mesa, los cigarros y la posición de las manos porque ya sabemos que estamos ante un autor?

Auguste Escoffier

Los escritores también comen, y cocinan, como demuestra una famosa receta de brownies creada por Elizabeth Bishop que circula en los blogs de cocina escritos por estudiantes de letras. Y en los últimos años los cocineros se parecen cada vez más a los autores. Sus retratos tienen sus propias convenciones. Los retratos a lápiz de Antoine Carême ‒el primer celebrity chef de la historia, famoso por sus esculturas comestibles‒ no muestran al chef en su cocina, ni ataviado con una filipina y un gorro, aunque se cree que él implementó el uso de estos uniformes en las cocinas profesionales. Más tarde, Auguste Escoffier posa como un escritor, vestido de traje, sentado a una mesa con libros, papeles y plumas. Si en las fotografías de cocineros podemos ver también un cuerpo doble, el cuerpo inmortal hoy se llama Adrià, Redzepi, Achatz.

Hoy, queremos ver a los cocineros en acción, como Julia Child, con su collar de perlas y sin perder la gracia ni un momento mientras fileteaba un pescado enorme o ataba un pato para asarlo en el horno. Child medía 1. 88 metros, colgaba sus herramientas y cacerolas del techo y las paredes y trabajaba sobre una estufa demasiado baja para ella.

Julia Child

Uno se pregunta por qué las filipinas no aparecen más en las pasarelas al enterarse de que Gabrielle Hamilton, la chef propietaria de Prune, llegó a su boda con un grupo de damas, las cocineras de su restaurante, vistiendo el uniforme de filipina blanca y pantalón de cuadros que usaban todos los días. «Nuestros cándidos blancos y negros en nuestro álbum de bodas lucen genuinamente alegres y festivos y relajados, porque en verdad era así como nos sentíamos», recuerda Hamilton en su autobiografía Blood, Bones & Butter.

Por último, un retrato de Elizabeth David, una cocinera más recordada por sus palabras que por los platos que salían de su cocina. La fotografía más famosa de David la muestra descansando en la mesa de su cocina, asomándose entre un platón lleno de fruta y un jarrón lleno de cucharas. Ella es la alquimista, la que transforma la naturaleza en cultura, la materia prima en arte. Al frente, sus manos, con los dedos entrelazados, como en el retrato de Alvar Aalto. No necesita nada más.

 

 

NOTAS

http://www.eatthispoem.com/blog/2012/5/25/things-to-say-elizabeth-bishops-brownies.html.

http://paperandsalt.org/2012/02/10/elizabeth-bishop-the-brownie-recipe/ .

 

 

 

 

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Julieta Flores Jurado (Ciudad de México, 1991) es licenciada en Letras Inglesas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha colaborado en Cuadrivioelgourmet, y en el Periódico de Poesía de la UNAM.

Revista cultural

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