Perséfone y la granada: un cómic gastronómico

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relish_frente

 

Julieta Flores Jurado

 

Una mujer no sólo es más bella cuando come bien; es

especialmente encantadora en el mismo acto de comer. Escuchen

de nuevo. . . No hay imagen más bella que la imagen de una bonita

gourmande.

Elizabeth Robins Pennell, The Feasts of Autolycus

 

Nunca he sido una gran lectora de cómics. Conocer superficialmente el trabajo de artistas como David Mazzucchelli, Marjane Satrapi y Bryan Lee O’Malley me hace pensar que estoy perdiéndome de muchas cosas buenas. Por ello, me entusiasmó enormemente saber de la publicación de Relish: My Life in the Kitchen de Lucy Knisley (First Second, 2013), un libro que bien podría ser la primera novela gráfica gastronómica.

Relish no es un libro de cocina. Es una autobiografía-novela de formación en la que el placer de la comida es el tema central –un relish es una especie de encurtido que sirve como salsa o condimento, pero también significa gusto o deleite. Los autorretratos de Lucy Knisley junto a la barra de la cocina aparecen a lo largo todo el libro y representan un proceso de crecimiento y aprendizaje: la autora aparece como un bebé sentado en la barra mordisqueando un trozo de queso Brie, como una niña pequeña, parada de puntitas en busca de un bocadillo o trepada en un banquito para ayudar a su padre a preparar una vinagreta, como una joven de 19 o 20 años horneando obsesivamente croissants en su pequeño departamento, y como una mujer adulta visitando las cocinas de uno de los mejores restaurantes de Estados Unidos.

A child raised by foodiesEl libro contiene sólo doce recetas, que a primera vista podrían parecer demasiado básicas –como sangría o galletas de chispas de chocolate–, pero su atractivo visual es innegable: los ingredientes de la pasta a la carbonara danzan por toda la página con sus propios globos de diálogo, y después del capítulo sobre un viaje a México encontramos una impresionante deconstrucción de las capas de un huevo ranchero. Knisley incluye un ingrediente adicional en cada una de sus recetas: el humor. Por ejemplo, el moho «contagioso» de los quesos azules los caracteriza como un grupo de quesos zombies. «¡Todo queda más delicioso con pesto!», declara la autora al final de la receta del famoso pesto de albahaca que prepara su madre, y las imágenes muestran unas rodajas de jitomate, un tazón de ensalada, un trozo de aguacate y un zapato, todos aderezados con la aromática salsa de aceite, ajo y albahaca.[1]

huevos rancheros

Aunque Lucy Knisley creció en una familia de sibaritas, chefs profesionales y críticos de restaurantes, el universo culinario de Relish no es exactamente gourmet. Uno de los capítulos trata sobre el irresistible encanto que la comida chatarra ejerce sobre alguien a quien se le ha alimentado esmeradamente durante toda su vida. Al haber crecido con su madre en una granja orgánica, Knisley se identifica con Perséfone, la hija de la diosa de las cosechas. La tentación ya no son las granadas, sino el cereal Lucky Charms y las papas fritas de McDonalds. Otro capítulo, titulado «Cuando a la gente buena le suceden comidas malas», narra los desafortunados experimentos de un grupo de estudiantes universitarios armados con recetas como «lasagna de hot dogs» o «pollo a la limonada». Una ocasional Big Mac o la experiencia de una mala comida sólo pueden justificarse por sus implicaciones emocionales: para muchos de nosotros, las memorias de la infancia no están contenidas en un bocado de magdalena remojada en té, sino en las galletas Oreo y en los dedos pintados de naranja después de comer Cheetos. En palabras de Knisley, «todo aquel que sea incapaz de alegrarse con el hechizante crujido-suavidad de unas papas fritas, o de deleitarse con una dona tibia, está viviendo una vida incompleta». Estos manjares contrastan con la descripción de un croissant relleno de mermelada de chabacano, comprado y devorado en un callejón de Venecia, o con la minuciosa técnica de saltear hongos salvajes, herencia de Julia Child.

Carbonara

Relish es la historia de alguien que no come para sobrevivir, sino que vive para comer. Aunque cada uno de los alimentos protagonistas del libro tiene un fuerte significado personal, creo que el contenido del libro podría sintetizarse en una afirmación muy sencilla: la comida es cultura, y la cultura nos acerca. Las recetas del libro han enlazado a tres generaciones de mujeres, y la preparación de una receta especial de cordero asado es un evento que ha reunido a una gran familia durante más de cincuenta años. Tratándose de una escritora neoyorkina, sus comidas favoritas naturalmente son una selección bastante cosmopolita. Lucy Knisley traza una cartografía de Chicago, la ciudad en la que vivió durante varios años, basándose en los lugares donde se pueden encontrar los mejores helados italianos, falafel, tamales y cupcakes.  Con la excepción de haber sido atacada a los siete años por una parvada de gansos (un incidente cuya única consecuencia fue la decisión de comer foie gras sin culpa, a manera de venganza), el relato de Knisley es en todo momento optimista. Si algo merece celebrarse, es que en el año 2013 una ilustradora pueda retratarse en la portada de un libro con los ojos cerrados, a punto de devorar una aceituna. Elizabeth Robins Penell, la ensayista victoriana que rescató el valor de la creatividad y el apetito femeninos al definirse como «una mujer glotona», sin duda estaría orgullosa.

 

Chai: té negro con especias

Receta adaptada de Relish: My Life in the Kitchen, por Lucy Knisley

 

2 cucharaditas de té negro, o dos bolsitas

1 rama de canela

6-8 clavos de olor

1/2 cucharadita de jengibre fresco rallado

3 vainas de cardamomo

1 anís estrella

1/2 cucharadita de extracto de vainilla, o una vaina de vainilla

Miel de abeja, al gusto

Leche (puede ser de soya)

En una cacerola, calienta 3 tazas de agua. Agrega el té y las especias. Hierve la mezcla durante 5-8 minutos. Cuela el té en un gran tarro de vidrio. Sirve el té caliente, tibio o frío, con cantidades generosas de leche y miel. El té sobrante puede refrigerarse durante una semana.

 

 

 

 

NOTA


[1] Desde hace algunos años existe un sitio web al que los ilustradores de todo el mundo pueden enviar recetas ilustradas, They Draw And Cook. Lucy Knisley no ha colaborado en este sitio.

 

 

 

 

 

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Julieta Flores Jurado (Ciudad de México, 1991) estudió Letras Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha colaborado en Cuadrivio y en el Periódico de Poesía de la UNAM.

 

Revista cultural

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