Ávalon y otras historias sobre manzanas

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Julieta Flores Jurado

 

Though I am old with wandering

Through hollow lands and hilly lands,

I will find out where she has gone,

And kiss her lips and take her hands;

And walk among long dappled grass,

And pluck till time and times are done

The silver apples of the moon,

The golden apples of the sun.

W. B. Yeats, «The Song of Wandering Aengus»

La batalla de Trafalgar ocurrió un 21 de octubre. Esta fecha es también el cumpleaños de Dizzy Gillespie y el aniversario de la publicación de Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway. El 21 de octubre es también el Día de las manzanas.

La idea de dedicar un día a las siete mil quinientas variedades comestibles de manzanas nació en la organización británica Common Ground, que se dedica a promover y celebrar las identidades locales. El primer Día de las manzanas se celebró en Londres en 1990. Hoy en día, decenas de organizaciones alrededor del mundo dedican el 21 de octubre a degustaciones de manzanas, catas de sidras artesanales y, por supuesto, a concursos de devorar pays. Si Gilbert Keith Chesterton hubiera sabido del Día de las manzanas, creo que habría probado gustoso algunas manzanas de diferentes texturas y colores, probablemente acompañadas de un buen queso cheddar. Para Chesterton, las cosas que son homogéneas en todas partes, como el jabón o las medicinas de patente, son en cierta forma cosas muertas. Lo verdaderamente extraordinario es lo que existe en todas partes y en todas partes es diferente, como las manzanas, el queso, la cerámica o las narraciones orales. Estos objetos extraordinarios muchas veces se conectan entre ellos. La mitología griega está llena de manzanas doradas: las manzanas del jardín de las Hespérides, las que distrajeron a la invencible Atalanta, y la fruta de la discordia que desencadenó la guerra de Troya. Los romanos tenían a Pomona, la diosa de los árboles frutales, y en especial de los manzanos –la palabra pommier significa «manzano» en francés. Ávalon, la isla de los romances artúricos, toma su nombre de la palabra galesa afal, que significa «manzana». El cronista Geoffrey de Monmouth se refería a la isla como Insula Pomorum, un lugar siempre fértil donde Morgana cuidaba de un árbol de la vida y donde la gente vivía más de cien años. En algunos relatos de la antología Cuentos populares italianos, editada por Italo Calvino, las manzanas rompen hechizos y se transforman en doncellas de mejillas sonrosadas como la variedad Fuji.

No sé si en México tenemos alguna leyenda sobre manzanas. Lo que es cierto es que, entre las miles de variedades existentes, cerca de la Ciudad de México crece un tipo de manzana especialmente deliciosa. Aunque se le llama simplemente «manzana criolla», un nombre menos estelar que «Pink Lady» o «Aurora Golden Gala», estas frutas amorfas poseen la textura firme y el balance ideal entre acidez y dulzura necesarios para elaborar la mejor Tarte Tatin imaginable. Las manzanas criollas crecen en Zacatlán, Puebla, donde se celebra un festival de la manzana en el mes de agosto. Desafortunadamente, cada vez es más difícil encontrarlas en los mercados de la capital, pues muchos huertos poblanos están cambiando las manzanas criollas por variedades más comerciales. Cuando no es temporada de manzanas criollas, las pequeñas Golden Delicious de Chihuahua son una buena opción para hornear. Si se trata de comerlas crudas, las manzanas más dulces y más crujientes crecen en Real del Monte y Mineral del Chico, entre julio y octubre. Son de color rojo muy oscuro por fuera, y verde pálido por dentro. Los veranos en los pueblos mineros pueden ser verdaderamente fríos y lluviosos, y es entonces cuando una manzana recién cortada, casi helada y cubierta de gotas de lluvia sabe a la felicidad más completa.

¿Qué hacer con los kilos de manzanas que una ha traído de Mineral del Chico? La primera recomendación de Nigel Slater en Ripe, su recetario-tratado de botánica (Ten Speed Press, 2012), es rebanar la fruta y comerla con queso. A mí me gustan las manzanas rojas con queso Maasdam. Si uno tiene un poco de tiempo extra por las mañanas, una manzana caramelizada en un poco de mantequilla, con una pizca de azúcar y canela y servida con queso sobre pan tostado, es un desayuno verdaderamente elegante. Las manzanas no sólo se llevan bien con la canela, también con la nuez moscada y el cardamomo, y con sabores anisados como el hinojo. Miel de maple, avena y nueces son también sus viejos amigos. Me gustaría tener algún día la oportunidad de preparar la receta de faisán con manzanas y sidras de Nigel Slater (recuerdo que en la novela de Roald Dahl Danny el campeón del mundo los personajes comían algo muy parecido, y sonaba delicioso). Mientras tanto, creo que las manzanas de Hidalgo alegrarán nuestros almuerzos durante varios días, o se transformarán en postres otoñales como este pastel.

Pastel de manzanas de Hamilton

Una receta neozelandesa

2 manzanas

125 g de mantequilla derretida

1 taza de azúcar estándar

2 huevos

1 cucharadita de extracto de vainilla natural

150 g (1 ¼ tazas) de harina

1 ½ cucharaditas de polvo para hornear

2 cucharadas de canela

180 ml de leche

90 g (½ taza) de azúcar mascabado

Toma una manzana, retira el corazón y las semillas y rállala con todo y cáscara. Retira también el corazón de la segunda manzana y filetéala en gajos muy delgados. Reserva.

Mezcla la mantequilla con el azúcar en un tazón grande. Incorpora los huevos, uno a uno, y después el extracto de vainilla. En un segundo tazón, tamiza y mezcla la harina, el polvo para hornear y una cucharada de canela. Incorpora estos ingredientes secos a la mezcla de mantequilla, alternándolos con la leche y la manzana rallada. Mezcla hasta lograr una masa uniforme.

Prepara un molde engrasado y enharinado y vierte la masa dentro de él. Coloca la manzana fileteada en la superficie del pastel, formando círculos concéntricos. Espolvorea el pastel con la canela restante y el azúcar mascabado. Hornea a 180 °C durante 30-45 minutos, hasta que la superficie esté dorada y el interior del pastel esté cocido.

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Julieta Flores Jurado (Ciudad de México, 1991) estudió Letras Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha colaborado en Cuadrivio, elgourmet, y en el Periódico de Poesía de la UNAM.

Revista cultural

1 comentario

  1. Cristina Fernández Del Castillo Romo

    29 Octubre, 2013 at 2:48

    :O ¿Quién diría que el aniversario de Por quién doblan las campanas de Hemingway coincide con el día de las manzanas? O, mejor dicho, ¿quién diría que existe un día de las manzanas? En conmemoración, celebraré preparando un rico pastel como el de la receta. Yumi.

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