Lo que se pierde al interior puede ganarse en el exterior

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Frania Duarte

Los episodios 17 y 18 de la segunda temporada de la serie danesa Borgen recuerdan que un primer ministro o presidente puede sacar partido de una estratégica y efectiva política exterior para paliar la baja popularidad de las encuestas sobre su desempeño en política interna. Ahí, la primera ministra danesa, Birgitte Nyborg, perdía rápidamente popularidad al tiempo que aumentaban con rapidez las críticas a su gobierno. Ante esto, Birgitte decidió, alentada por su equipo, involucrarse en la resolución de un conflicto armado entre dos naciones africanas en las que, por cierto, un notable empresario danés tenía intereses económicos. Las negociaciones, aunque con sus altibajos, se llevaron a buen término, especialmente para efectos de las opiniones favorables de los daneses hacia su primera ministra.

Ciertamente, es arriesgado para un jefe de Estado apostar por la política exterior como medio para mejorar la imagen de su país y ganar popularidad, ya que para una buena parte de la ciudadanía suele ser más importante lo que ocurra con su economía y su sociedad que con el lugar de su país en el mundo. Es por lo anterior que el jefe de Estado debe elegir cuidadosamente el asunto a tratar o, en su caso, aprovechar audazmente las situaciones que se presenten, siempre procurando no abusar del poder que a raíz de ello obtendría, ya que podría resultarle contraproducente.

Durante los últimos doce meses habría sido impensable que Obama hubiera podido sacar partido de la política exterior de su país en un intento por resarcir los problemas que se le han presentado al interior. La vergüenza e indignación que habían causado las revelaciones de espionaje de la NSA, así como el papel «justiciero» que se propuso jugar Vladimir Putin al concederle asilo al filtrador de esas informaciones, Edward Snowden, aunado al poco margen de maniobra que Obama y el resto de los países de Occidente tuvieron –y aún tienen– en Siria, invitaron a coquetear, una vez más, con la idea del declive estadunidense en el mundo. Además, en ambos casos los beneficios los recogió Putin, quien parecía que comenzaría a ganar terreno en la política internacional, y, por ende, parecía también que Rusia se convertiría en un actor imprescindible en la definición de las reglas del juego.

Pero el placer le duró poco a Putin. Su orgullo y delirios de grandeza le llevaron a distorsionar de forma extrema su concepción del mundo –que percibe como en tiempos de Guerra Fría–, y de la realpolitik, para finalmente materializarla en la anexión unilateral de Crimea. Entonces, era momento de que Obama y el resto de sus aliados europeos entraran en acción para recuperar el terreno aparentemente perdido.

A principios de este mes Obama realizó una gira en Europa que comenzó en Polonia y en donde exhortó a los miembros europeos de la OTAN a elevar su gasto militar, el cual, por ejemplo, en Francia e Inglaterra fue recortado luego de la crisis económica de 2008. De igual manera, anunció el reforzamiento de la cooperación con países del centro y del este europeo, principalmente a través del incremento de recursos económicos, incluyendo a países no miembros de la OTAN (Ucrania, Georgia y Moldavia) en una política que a todas luces es de contención.

Pero a pesar de que se han reavivado las rencillas entre occidente y Rusia, y de que la política estadunidense sigue siendo de corte bastante realista, es posible que Estados Unidos no sea visto como un gran rival en la escena internacional, pues la situación de inestabilidad en Ucrania y otros países vecinos no fue desencadenada por él sino por Rusia. Al respecto, vale la pena señalar que, de acuerdo con un estudio realizado por la BBC, en algunos países europeos, tales como Francia, Alemania y Rusia, la percepción negativa de Rusia es de 69 %, 67 % y 64 %, respectivamente, habiendo incrementado 6 puntos porcentuales para el caso de los dos primeros y 7 para el tercero con respecto al año pasado.

Por otro lado, el viaje de Obama a Europa procuró reforzar no solamente la tradicional alianza militar trasatlántica, sino también la económica, al señalar la importancia de llevar a buen término las negociaciones del Acuerdo Trasatlántico sobre Comercio e Inversión, con lo cual se demuestra que Europa vuelve a tomar un lugar importante en el radar de la política exterior estadunidense. Cabe señalar que este acuerdo también contempla algunos lineamientos para la exportación e importación de gas y petróleo en un momento en el cual el mundo está viviendo el comienzo de una revolución energética en la que Estados Unidos muy pronto desplazará a Arabia Saudita y otros países como principales productores de energéticos.

Lo anterior vuelve a poner en tela de juicio las opiniones sobre el declive de Estados Unidos. Si bien nuevos actores no estatales han emergido y han logrado cuestionar el statu quo actual, todavía no es claro qué tanto poder e influencia tengan para incidir en la determinación de las reglas del juego y en el juego de poder mismo. De igual manera, la aparición de estos actores aún sigue causando caos, lo cual obstaculiza el actuar de éstos y al mismo tiempo coadyuva al fortalecimiento de los poderes tradicionales. En el caso de Estados Unidos, a pesar de las diferencias al interior de su congreso, Obama ha sabido interpretar estos nuevos cambios, por lo cual el país se encuentra en una dinámica de reconstitución. Además, vale la pena recordar que la grandeza estadunidense en el mundo se construyó en buena medida a partir de la capacidad que este país tuvo para desenvolverse en el exterior hasta convertirse en un actor central o, en los términos de Madeleine Albright, en la «nación indispensable».

Así las cosas, seguramente veremos una política exterior estadunidense fortalecida y con bondades tanto para el poderío estadunidense como para la imagen de éste y de su presidente al exterior. No cabe duda, sin embargo, de que Obama seguirá siendo fuertemente criticado, sobre todo en el contexto electoral que se vivirá este año, pero sin duda su legado será importante y sentará un precedente en la proyección de Estados Unidos tanto al exterior como al interior para el próximo periodo presidencial. Por ahora, Obama seguirá apostando por triunfos al exterior para continuar con la consolidación del poderío estadunidense, así como para utilizarlo como una carta que le pueda dar fortaleza política al interior de la nación.

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Frania Duarte (Ciudad de México, 1989) es licenciada en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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