El manuscrito de Voynich: dato de una tarde lluviosa

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Blanca Vargas Govea

Muchas tardes de mi niñez las pasé en una sala de espera médica. Para una niña de cinco años estar ahí era un reto a su serenidad o, más bien, a la serenidad de los pacientes. En algunos consultorios encendían la televisión para hacer más tolerable la espera. Por alguna razón, nunca me interesó poner atención a los programas que transmitían. Aun con pocos años de edad un consultorio médico no me parecía idóneo para ponerme a ver televisión; o tal vez la razón era que no sintonizaban el canal de caricaturas que me gustaba. Afortunadamente había otros recursos para que una niña no se aburriera. Es muy común que en ese tipo de salas te encuentres con las ediciones más recientes de las revistas para consultorios médicos. Esas publicaciones  eran mi salvación en esas tardes de espera. Me divertía viendo imágenes que tenían colores lindos, y si tenían formas geométricas mejor. Muchas veces admiré las fotografías de la Entamoeba histolytica y del parásito conocido como Trichuris trichiura sin tener en cuenta lo dañinos que son. Eran bonitos y eso era lo único que me interesaba. Pero también había páginas que no quería ni tocar. Sentía que si ponía mi dedo sobre la imagen del hongo que ilustraba el anuncio de una pomada fungicida yo despertaría a la mañana siguiente con algo igual o peor en la mano. Tan sólo recordarlo me hace sentir comezón.

La semana pasada viví un retroceso en el tiempo hacia aquellas horas de espera. Había hecho cita con el médico en una tarde que resultó ser una de las más lluviosas de las últimas semanas. Era un auténtico diluvio. Lo peor es que no podía cancelar o posponer la cita pues el médico se iría de vacaciones. Así, sin otra alternativa y completamente en contra de mi voluntad, partí hacia el consultorio. Tal como imaginé, la consulta se había retrasado y me encontré con una sala llena de pacientes con tos y gripa dispuestos a esperar el tiempo que fuera necesario. De pronto me vi a mí misma como cuando tenía cinco años, pensando en qué ocupar mi mente y mirando a mi alrededor. Instintivamente busqué las revistas, y ahí estaban como siempre, listas para salvarme. Esta vez no fue la excepción aunque mi impresión fue diferente. Ya no había imágenes de parásitos; lo que sí volví a ver fue la imagen del hongo que nuevamente me hizo pasar la hoja con desesperación. Pero esta vez encontré artículos y notas que me hicieron agradecer la lluvia. Una de esas notas llamó poderosamente mi atención. El pequeño texto hablaba sobre un documento de origen desconocido: el manuscrito de Voynich.[i] Lo notable del manuscrito es que hasta la fecha no ha podido ser traducido. Su contenido es aún una incógnita.

La primera noticia que se tiene del manuscrito es que fue adquirido en 1912 por un especialista y comerciante de libros llamado Wilfrid Michael Voynich,[ii] de quien obtuvo su nombre. De origen polaco y de profesión químico y farmacéutico, se dice que Wilfrid compró el manuscrito en Frascati, Italia, a un colegio jesuita que atravesaba por problemas económicos. Wilfrid gozaba de prestigio por poseer y comercializar libros raros y ejemplares únicos. Se sospechaba que él era el autor pues nada se sabía de la existencia del escrito hasta su adquisición,[iii] sin embargo, los resultados de una prueba de carbono 14 indicaron que el manuscrito data del siglo XV, entre los años de 1404 y 1438, lo cual hace imposible que Wilfrid lo escribiera.

El manuscrito de Voynich es un compendio ilustrado cuyas imágenes tratan sobre las siguientes materias:

  • Herbolaria: tiene dibujos de plantas que no se identifican fácilmente; en algunos casos son plantas híbridas formadas a partir de las características de varias plantas conocidas.
  • Astronomía: tiene ilustraciones del Sol, la Luna, estrellas y símbolos del zodiaco.
  • Biología: incluye dibujos de pequeñas figuras femeninas dentro de sistemas de tuberías.
  • Cosmología: tiene dibujos circulares de naturaleza inexplicable.
  • Farmacéutica: se considera que trata sobre esta materia porque tiene dibujos de contenedores junto a los cuales hay raíces y hojas de plantas que han sido alineadas.
  • Recetas: consisten en pequeños párrafos cada uno acompañado del dibujo de una estrella en el margen, de forma que asemejan una serie de pasos para elaborar medicamentos o remedios.

Se creía que el lenguaje en el que el documento está escrito era inventado, pero un análisis reveló que el texto cumple con la ley de Zipf.[iv] Esta ley, enunciada por George Kingsley Zipf, lingüista estadounidense, establece una relación entre la frecuencia de las palabras y su rango: la palabra más frecuente aparecerá el doble de veces que la segunda más frecuente, el triple que la tercera más frecuente y así sucesivamente. Explicado de otra forma, la segunda palabra más frecuente aparecerá la mitad de veces que la primera, la tercera un tercio de veces que la primera y así sucesivamente. Esta ley no solamente se aplica al lenguaje en general, también es aplicable a obras de escritores particulares tomando su vocabulario activo como el lenguaje a analizar.

Lo desconocido puede generar expectativas fantasiosas que pretenden desentrañar secretos que van más allá de lo humano. Este manuscrito no es la excepción y hay quienes hasta lo han catalogado como el Necronomicón hecho realidad.

El documento consta de 210 páginas con ilustraciones y texto armoniosamente colocado. Considerando las herramientas de su época, la teoría de que el manuscrito es un fraude o una broma mercantil no me parece cierta: dedicar tanto tiempo y esfuerzo a producir un documento de este tipo y que no signifique nada sería un desperdicio de tiempo y de trabajo. Pero pensar en que en ese manuscrito pueda encontrarse la llave de algo mágico es también una ilusión que raya en el fanatismo.

La viuda de Wilfrid Voynich, Ethel Lilian, murió en 1960 y dejó el manuscrito a su amiga Anna Nill[v] (Anna había trabajado en la tienda de libros de Wilfrid, de ahí su amistad con el matrimonio Voynich). Anna vendió el documento a un anticuario librero quien al no poder venderlo lo donó a la Universidad de Yale, que es donde actualmente se encuentra. El manuscrito está disponible al público tanto en su forma física como en formato digital. Al leer el resumen de su ficha técnica es inevitable sentirse personaje de historia fantástica: «Texto científico o mágico en un lenguaje no identificado, en código, aparentemente basado en caracteres romanos en minúscula».

En enero del 2014, el científico británico Stephen Bax[vi] publicó la propuesta de una decodificación parcial del manuscrito. En el artículo, asevera que el manuscrito no es un fraude. Su investigación abre posibilidades serias y reales de que pronto se pueda comprender el contenido en su totalidad.

No conocía nada sobre este manuscrito. Saber un poco más hace que haya valido la pena esa espera durante una tarde de lluvia que prometía ser aburrida.

Imagen encontrada en:

https://www.flickr.com/photos/49179647@N04/7280494430/

GMF-Productions https://creativecommons.org/licenses/bynd/2.0/

NOTAS

[i]Autor desconocido, Voynich Manuscript Cipher Manuscript,biblioteca de la Universidad de Yale, documento PDF. Obtenido de http://brbldl.library.yale.edu/vufind/Record/3519597, consultado el 17 de agosto de 2014.

[ii]Manuscrito Voynich http://es.wikipedia.org/wiki/Manuscrito_Voynich, consultado el 17 de Agosto de 2014.

[iii]René Zandbergen, The Voynich Manuscript. Obtenido de http://www.voynich.nu/,  actualizado en julio del 2014, consultado el 18 de agosto de 2014.

[iv]Eliezer Braun, El caos ordena la lingüística, Biblioteca digital del ILCE. Obtenido de http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/ciencia/volumen3/ciencia3/150/htm/sec_23.htm, consultado el 20 de agosto de 2014.

[v]Jackie Speel, Wilfrid Voynich,The History Files, actualizado en julio del 2012. Obtenido de http://www.historyfiles.co.uk/FeaturesEurope/EasternPoland_Voynich01.htm, consultado el 18 de agosto de 2014.

[vi]Stephen Bax, A proposed partial decoding of the Voynich script, Universidad de Bedfordshire, enero de 2014, documento PDF. Obtenido de http://stephenbax.net/wpcontent/uploads/2014/01/VoynichaprovisionalpartialdecodingBAX.pdf, consultado el 18 de agosto de 2014.

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Blanca Alicia Vargas Govea. De formación académica, le gustan las aplicaciones a la vida real. En épocas medievales hizo cosas sobre aprendizaje automático para robots móviles. Consumidora ávida de información y buscadora incesante. Actualmente es profesora en el ITESM Campus Cuernavaca y consultora en temas de aprendizaje automático y análisis de datos.

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