Diferencias de género y formas de expresarse

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Blanca A. Vargas Govea

La forma de expresarse y de describir situaciones suele ser distinta en hombres y mujeres. Para referirnos a un hecho, las mujeres tendemos a describir los detalles, el ambiente, el clima, y podemos  llevarnos mucho tiempo en desmenuzar el suceso. Por el contrario, los hombres tienden a ser más concretos, menos emotivos. Hace varios años, después de una clase de matemáticas, surgió una plática sobre estas diferencias, por lo que pedimos a varios estudiantes que describieran la clase. Las respuestas representativas fueron las siguientes:

Ella:

En general, la clase estuvo muy bien, el profesor estuvo inspirado y explicó muy claro; me gustó. El profesor resolvió diversos ejercicios sobre Transformada de Laplace y usó dos marcadores, uno verde y otro negro, este último despedía un aroma desagradable, pero era el que pintaba mejor. El profesor llevaba unos pantalones caqui, camisa de algodón a cuadros, llevaba su barba a la cintura e iba de buen humor. El clima estuvo agradable, por lo que las dos horas pasaron volando. Sin embargo, los últimos quince minutos no fueron tan buenos: el último ejercicio no se terminó de explicar; tal parece que el profesor tenía algún compromiso, pues miraba frecuentemente su reloj; y además dejó mucha tarea. El pizarrón lo dejó totalmente escrito, sin espacio para una variable más.

Él:

La clase fue clara, bien explicada. Vimos Transformada de Laplace y el profesor dejó de tarea todos los ejercicios del capítulo 5.

Las diferencias son evidentes. En el primer caso se describen aspectos tales como el aroma del marcador, el ánimo del profesor y de paso se da una opinión sobre el clima. Expresiones y palabras como me gustó, agradable, desagradable y buen humor se refieren a interpretaciones subjetivas de la persona que hace la descripción. Y aunque en ambas descripciones la esencia es la misma: la clase fue buena, el profesor explicó bien, la respuesta de ella nos da una idea del entorno y nos permite imaginarnos la clase, mientras que el chico nos da una respuesta concisa y útil, aunque un tanto escueta.

Ambas formas de expresión son complementarias y aportan información sobre distintos aspectos, pero en ocasiones, dependiendo del medio y la situación, una forma es más aceptada que otra. Al estar en un medio académico-científico donde predomina el género masculino, he tenido que adaptar mi forma de expresión. Con el tiempo, he aprendido a redactar correos usando el mínimo de palabras posible, directos y al punto, evitando con ello problemas potencialmente originados por malas interpretaciones. Sin embargo, cuando la comunicación no va dirigida a alguien de un grupo específico, entonces las características del texto cambian, se vuelven más detalladas.

Otro ejemplo lo vemos en la escritura de artículos científicos. En un artículo o reporte científico no es objetivo ni práctico expresar la emoción y tampoco cabe la ambigüedad. No imagino la cara de los evaluadores si leyeran lo siguiente: «Los autores saltamos de gusto y casi trepamos por las paredes cuando los resultados mostraron una precisión del 98%, más allá del 75% reportado en los trabajos revisados». Tales descripciones ocuparían mucho espacio y nos harían sobrepasar el límite de páginas permitidas, además de no aportar información útil. Sin embargo, este tipo de descripciones mostrarían el lado humano y la sensibilidad de un sector que frecuentemente es catalogado como frío y aislado.

El género también puede ponerse en evidencia en las evaluaciones de artículos. Hace unos días recibí unas evaluaciones de un texto que envié, y me parece que una de ellas fue realizada por una mujer. No lo puedo asegurar, pero las características del texto cumplen con el patrón: uso de palabras y expresiones como amo, me encantaría que; uso de más de un párrafo para comentar un punto; y algunos comentarios subjetivos. En una revisión de esta naturaleza me parece mejor utilizar una escritura objetiva y concisa, pues evita malos entendidos. Sin embargo, el hecho de que un texto no cumpla con estas preferencias no significa que sea incorrecto. Por el contrario, un caso en el cual el uso de una descripción detallada favorece los resultados es la descripción de experimentos, puesto que explicar cada detalle es importante para poder reproducirlos. Hay casos en los que hasta el color de las paredes es significativo, pues puede ser la causa del buen o mal funcionamiento de algún sensor.

Las diferencias de género en la expresión oral o escrita no han pasado desapercibidas por las técnicas automáticas de reconocimiento. Twitter, además de ser un medio de socialización, se ha convertido en una popular fuente de datos para análisis. Esta plataforma se utilizó para identificar el género de una muestra de usuarios que incluyó 100,000 mujeres, 83,000 hombres y 53 usuarios con género no especificado; además de los tweets, se usaron los datos del perfil, incluyendo las ligas a blogs. Como resultado se obtuvieron precisiones de aproximadamente 67%, 75% y 92%, dependiendo de si el conjunto de prueba era un tweet, todos los tweets o todos los campos utilizados respectivamente. De esta manera se pudo saber si el usuario mintió al registrar su género. Se encontró que las palabras más usadas por las mujeres son: amor y cabello, mientras que fragmentos de palabras como http y Googl son más usados por hombres. Se observó también que las mujeres tienden a usar más emoticones y signos de exclamación que los hombres.

Las diferencias aquí mostradas se han restringido a conversaciones cotidianas y a documentos del ámbito académico-científico; en diversas formas de expresión literaria existen autores del género masculino con brillantes habilidades descriptivas que están fuera del alcance de este tipo de clasificaciones automáticas. En cuanto a autores, el interés radica en desarrollar algoritmos para identificación de plagio y reconocimiento de estilo.

Referencia

 

John D. Burger, John Henderson, Discriminating gender on twitter, The MITRE Corporation, mayo, 2011. URL: http://www.mitre.org/work/tech_papers/2011/11_0170/11_0170.pdf-gender.html. Consultado el 10 de agosto de 2011.

 

 

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Blanca Alicia Vargas Govea. De formación académica, le gustan las aplicaciones a la vida real. Anteriormente hizo cosas sobre aprendizaje automático para robots móviles. Consumidora ávida de información y buscadora incesante. Al día de hoy hace un postdoctorado en el Centro Nacional de Investigación y Desarrollo Tecnológico (CeNIDeT) explorando la minería de datos y los sistemas de recomendación.

 

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