¿De verdad es inteligente mi refrigerador?

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Lights of ideas

Blanca A. Vargas Govea

La palabra inteligente se está volviendo de uso obligado como atributo de los dispositivos actuales. Ya no solamente los teléfonos son inteligentes, las tendencias apuntan al incremento de aparatos domésticos con inteligencia incluida. ¿Tienes que lavar la ropa pero no estarás en casa? No te preocupes, ya puedes monitorear tu lavadora mediante tu teléfono inteligente. ¿Necesitas regular la temperatura del refrigerador cuando cambia el clima? Olvídate de eso, ya hay refrigeradores con control inteligente de temperatura. ¿Vas a preparar un platillo y no tienes disponible la receta? Conéctate a internet desde tu refrigerador con Wi-Fi y de paso revisa las noticias mientras sacas el jugo y la leche; los refrigeradores con touch screen ya están disponibles. Seamos bienvenidos a la era del hogar inteligente [1]. Pero no olvidemos la salud, ya que para cuidarla y monitorearla también hay dispositivos que llegan al rescate. Cuando salgas a correr colócate una pulsera que registre tu distancia recorrida, velocidad y calorías consumidas. Monitorea tu corazón con dispositivos que incluyen conexión Bluetooth y GPS para que te avisen si hay alguna anormalidad y envíen los datos a tu cardiólogo para que los anexe a tu registro médico. La ropa también tiene inteligencia. Pero si eres de los que pierden los calcetines, entonces ten cuidado, ya que existen nuevos modelos que tienen sensores textiles para medir tus zancadas y ritmo al caminar. La información recolectada por estos aparatos puede ser subida a la nube por tu teléfono y enviada a donde indiques. No te preocupes por la interconexión, los artículos se entienden entre ellos.

Como vemos, ya no es suficiente con traer con nosotros los aparatos, ya nos los podemos poner (wearable gadgets). Estamos viviendo una era fascinante en la cual la comunicación es la protagonista y su alcance va más allá de conectar humanos con humanos, la conexión incluye también a los aparatos de uso cotidiano. Pero ¿son realmente inteligentes los dispositivos mencionados? De acuerdo con Stuart Russell y Peter Norvig [3], científicos de gran relevancia en el campo de la inteligencia artificial, un sistema inteligente es aquel que realiza la mejor acción para una situación dada. El aprendizaje con base en la experiencia es un factor importante para que el sistema pueda tomar la mejor decisión. Dependiendo para qué fin fue diseñado, un sistema inteligente debe ser capaz de monitorear su entorno, seleccionar la acción más adecuada y ejecutarla. Tomando en cuenta lo anterior, podemos diferenciar un comportamiento inteligente de otro que no lo es, como en los siguientes casos:

Un teléfono celular ha registrado durante tres meses la hora y días de la semana en los cuales su usuario pone la alarma. El usuario no tiene un horario regular, éste depende de las citas de negocios que son registradas en la agenda de su teléfono. Con esta información, el teléfono aplica un proceso de generalización en el cual ha identificado las variables relevantes y ha obtenido un modelo que le permite predecir la hora en la que se debe establecer la alarma. Así, al cabo de tres meses, el teléfono tiene información suficiente para ser capaz de autoactivar la alarma y predecir la hora en la que debe sonar. Adicionalmente, usando otras variables el teléfono sabe qué tono o música será más agradable para despertar. El usuario ya no se preocupa de olvidar poner la alarma, su teléfono aprendió a configurarla. En este caso el teléfono es inteligente.

Por otro lado, tenemos otro teléfono que registra durante tres meses tus trayectos diarios desde que sales de tu casa hasta que regresas. El teléfono actualiza tu estatus en las redes sociales indicando los lugares en los que te encuentras. Al final de cada día, la aplicación sube a un repositorio en la nube tu historial registrado. En este caso el teléfono es un recolector de datos. Los procesos de actualización que realiza son actividades programadas que no involucran toma de decisiones. No es inteligente.

Aun cuando la recolección de datos, envío de información y conexión a internet son aspectos muy importantes, no son procesos que convierten en inteligente a un dispositivo. En muchos casos, agregar el término inteligente es una estrategia comercial que anticipa lo que vendrá en términos de avance tecnológico. La siguiente etapa consiste en convertir los dispositivos en sistemas realmente inteligentes, y para ello se cuenta ya con información de sobra para procesar y de la cual aprender.

La fascinación por tales dispositivos es natural, la evolución tecnológica es tan vertiginosa que estamos viendo la transformación de conductas y hábitos humanos en tiempos cortos. Me gusta mucho la idea de una cafetera inteligente con la cual me pueda comunicar y que avise en mi cuenta de Facebook que ya está listo el café. Pero ante tal despliegue de inteligencia que nos ayuda a resolver tareas cotidianas, no debemos olvidar que también tenemos un cerebro que debe ser inteligente. ¿Podemos confiar totalmente nuestra información y decisiones a unos aparatos que son inútiles ante la ausencia de batería? ¿Por qué confiamos más en aparatos externos que en nuestro cerebro? ¿Hasta qué punto los dispositivos inteligentes son nuestro apoyo y a partir de qué límite nos convertimos en dependientes? Vale la pena autoanalizarnos.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/90958025@N03/8384110298/ A Health Blog via http://compfight.com http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/.

Referencias

[1] Samsung home appliances: http://www.samsung.com/us/home-appliances/. Página consultada el 20 de enero del 2014.
[2] «Wearable tech: 13 new gadgets from CES 2014»: http://www.computerworld.com/slideshow/detail/135328. Página consultada el 20 de enero del 2014.

[3] Stuart J. Russell , Peter Norvig, Artificial Intelligence: A Modern Approach, 3a edición, Pearson Education, 2003.

[4] «Connect To Your Coffee: Introducing starter»: http://www.quirky.com/blog/post/2013/09/connect-to-your-coffee-introducing-starter/. Página consultada el 20 de enero del 2014.

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Blanca Alicia Vargas Govea. De formación académica, le gustan las aplicaciones a la vida real. En épocas medievales hizo cosas sobre aprendizaje automático para robots móviles. Consumidora ávida de información y buscadora incesante. Actualmente es profesora en el ITESM Campus Cuernavaca y consultora en temas de aprendizaje automático y análisis de datos.

Correo: blanca.vg@gmail.com

Sitio web: http://blancavg.com

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