Carlos Barrera (1888-1970), constructor de breverías

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Hiram Barrios

Para Javier Perucho

 

El 12 de noviembre de 1888 nace Carlos Barrera en la ciudad de Monterrey. Fue un prolífico escritor y traductor regiomontano. Estudió en la Escuela de Altos Estudios de Universidad Nacional, hoy Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Sorbona en París, y en la Universidad de Georgetown en Washington. Publicó cuentos, novelas, ensayos, poemas y traducciones en México y en el extranjero. Ejerció el periodismo por más de cincuenta años. Fue autor de libros de teoría literaria como La lógica del verso (1918) o El alejandrino castellano (1918) y tradujo, entre otros, a Paul Féval, André Lichtenberg y John Van Dugn Southworth.

Contemporáneo a la generación de los ateneístas, comparte con aquellos el cosmopolitismo, el gusto por la brevedad y el cultivo de un ejercicio crítico en las letras. Carlos Barrera procedía del norte del país, al igual que Alfonso Reyes o Julio Torri y escribió, como estos, libros de creación y de crítica literaria, así como traducciones y manuales de literatura. Su trayectoria literaria se asemeja mucho a la de los ateneístas, aunque no hay datos firmes que puedan vincularlo con ellos (quizá, cuando los tiempos se confundan como dice Borges, Barrera figure entre ellos).

Se trata de un autor casi desconocido, pese a la extensa y ponderada obra que legó.  Algunos de sus libros fueron publicados en el extranjero, y en muchos casos, en ediciones de autor que no superaban el centenar de ejemplares, razón que ha contribuido considerablemente a su olvido. Así, por ejemplo, el poemario De cara al mar. Odas campestres (1917) tuvo sólo cincuenta ejemplares; Monterrey (1931), también de poesía, tan sólo tuvo veinticinco, y al año siguiente fue publicado el Calendario de las más antiguas ideas, en una edición de setenta ejemplares. Es este título el que más me interesa y al que dedicaré una pequeña nota, como un merecido homenaje a Carlos Barrera por su 125 aniversario.

El Calendario de las más antiguas ideas recoge textos breves publicados originalmente en la columna «Calendario», del diario El Excélsior. Ya desde el título se vislumbra un libro humorístico: Barrera toma como modelo el Calendario del más antiguo Galván, un almanaque religioso que se edita desde 1826, para invertir valores, costumbres y lugares comunes a través de la ironía y la parodia. En el Calendario de Barrera hay cuentos extremadamente cortos, algunas viñetas o imágenes poéticas y, sobre todo, una buena cantidad de aforismos. Es quizá uno de los primeros títulos de este género en nuestro país. Acaso sólo Breves notas tomadas en la escuela de la vida (1910) de Francisco Sosa o Epigramas (1927) de Carlos Díaz Dufoo hijo, le precedan (aunque el primero parece más un libro de máximas morales y el segundo se publicó en París). 

El boom de la minificción aún no ha reivindicado a este escritor regiomontano. El no haber pertenecido al grupo hegemónico posrevolucionario parece otra causa latente por la que su nombre no ha adquirido nacionalidad en la República de las Letras, sin embargo en la pluma de Barrera se gestaron una buena cantidad de breverías, bien como aforismos, minicuentos o prosas poéticas. Reconocerlo como un fundador de la literatura breve de México, junto a Alfonso Reyes, Julio Torri o Genaro Estrada no me parece descabellado, al contrario, me parece un acto de justicia. El Calendario de Barrera merecería ser reeditado, quizá este nuevo siglo lo permita.

 

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Reproduzco una selección mínima de textos extraídos del Calendario de las más antiguas ideas. Juzgue el lector la calidad de los mismos. En las páginas de El Excélsior se conservan una copiosa cantidad de textos breves de Barrera, no recopilados en libro alguno. Ahí yace una interesante empresa de rescate literario. Se trata de una tarea pendiente para los estudios de la brevedad literaria en las primeras décadas del siglo pasado.

 

Selección de textos

 

Lástima grande que algunos libros de verso no puedan utilizarse ni siquiera como hojas de papel en blanco para llevar la contabilidad doméstica. Presiento que alguien piensa eso de los míos.

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Se necesita una gran dosis de vanidad para considerarse amado.

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Había tantas flores que hubiera sido económico morirse para aprovecharlas.

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Ese primo hermano del hombre que aún no se baja de los árboles nos está poniendo en ridículo ante los otros animales de la creación.

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La cruz de ceniza en la frente no añade ni siquiera un peso humildad en el corazón.

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¡Bienaventurada la mentira, porque ella es creadora!

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¡Cuántos se pasan la vida contando las horas que pasan, no sea que los relojes se les olvide señalar alguna!

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Como la ironía es un arma de dos filos, cada vez que voy a usarla empiezo por herirme a mí mismo con uno de ellos. 

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Todas las mujeres desean ser adoradas como santas, siempre que se les bese como a pecadoras.

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Hay en los juguetes rotos de los niños la misma nostalgia que en los anhelos frustrados de los grandes.

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Gautama fue un optimista: los hombres nunca seremos mejores.

 

 

 

Carlos Barrera, Calendario de las más antiguas ideas, México, Editorial Herrero S.A., 1932.

 

 

 

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Hiram Barrios (1983) Escritor y traductor. Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Publica cuentos, ensayos y traducciones en distintas revistas y medios electrónicos. Ejerce la docencia a nivel superior y medio superior.

Revista cultural

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