Forever sleep

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Joaquín Guillén Márquez

 

 

Hace unos días volví a ver episodio III. Pensé en que debía escribir sobre cómo ni siquiera la mejor película de las precuelas se compara a la trilogía original. Pensé, también, que era momento de escribir sobre cómo cada año me encuentro, invariablemente, frente al DVD a punto de cumplir años y con todo listo para ver Star Wars. Pero después pensé en que todo lo que sé sobre la vida y la muerte sería considerablemente menos sin Star Wars.

Si hay un tema predominante en las precuelas es el miedo a la muerte. En el primer encuentro entre Anakin y Yoda, el primero extraña a su madre y tiene miedo de perderla. Pero ¿qué tiene que ver eso con todo? «¡Todo! El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva al enojo. El enojo al odio. El odio al sufrimiento». Aunque es la peor película de toda la saga, la cita bien podría estar entre los mejores aforismos de Yoda, y, más que eso, dentro de las frases que marcaron mi vida. El temor a perder lo que se ama suele convertirse en el motor de muchas vidas. Pienso en El gran Gatsby, que es, sobre todo, una novela sobre lo mucho que estamos dispuestos a hacer por amor. En el mismo espectro está Anakin, quien se decide a cambiar su personalidad y sus creencias para mantener con vida a Padme. Por eso, una mala película y media después, cuando Anakin vuelve a ver a Yoda para confesarle su miedo de perder a alguien «cercano», Yoda responde:

 

La muerte es parte natural de la vida. Regocíjate de quienes te rodean y que se han transformado en la fuerza. No los lamentes. No los extrañes. El apego lleva a los celos. La sombra de la codicia. Entrénate para dejar ir todo lo que temas perder.

 

No puedo decir que estoy de acuerdo con el maestro en la segunda parte. La tristeza y el lamento por lo perdido es algo tan natural que no veo sentido en luchar contra ello. Aquí es más un error de George Lucas, que no supo decir que la muerte, en efecto, es parte natural de la vida; que debemos estar felices por aquellos que amamos y que ya no están con nosotros, pues ahora viven en nuestra memoria, en nuestro cariño, en la fuerza. El duelo está bien, el tiempo que sea necesario, siempre que los sentimientos sean positivos. Es necesario desprendernos un poco de nuestras impotencias y frustraciones por no haber salvado a las personas. Lo mínimo que ellos merecen es que podamos recordarlos más allá del cuerpo físico. Ellos ya están en la fuerza. La fuerza, quiero decir, de los recuerdos.

Nada me había sonado más cierto hasta hace unos días, cuando fallecieron dos familiares de los que no fui cercano, pero que sí fueron muy amados por personas cuyas emociones siento como propias. De uno de ellos me tocó enterarme a lo lejos, del otro ayudé a desmantelar el departamento. Habité, algunas horas, un espacio que traía recuerdos que nunca viví, pero que hice propios. De pronto me veía más cercano a ellos en un plano que no era el físico. Los sabía parte de la fuerza: sus voces me decían que confiara y que usara la fuerza. Fue entonces que entendí que el apego del que habla Yoda no era una cuestión material: la única forma que tuve de encontrarme en paz, y de prepararme para cuando tenga que pasar por la muerte de alguien más cercano a mí, fue aprender a recordar a las personas más allá de sus posesiones. Ellos, al final, habitan en la memoria.

La primera vez que vi un maratón de Star Wars tenía un peluche de Yoda a mi lado. La sensación que tengo ahora es parecida a la de aquella ocasión, una tranquilidad y calma que sólo puede resumirse en otro diálogo del maestro:

 

Pronto descansaré. Sí, dormiré para siempre. Ganado lo tengo. Fuerte soy con la fuerza, pero no tanto. El ocaso está sobre mí y, pronto, caerá la noche. Ese es el camino de la vida. El camino de la fuerza.

 

 

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Joaquín Guillén Márquez (Nezahualcóyotl, 1990) es jefe de redacción de la revista Tierra Adentro y fue becario del FOCAEM en el área de novela.

Revista cultural

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