Semana de la Crítica en corto

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JJ Negrete

 

 

Desde hace algunos meses, Festival Scope, el prestigiado servicio de streaming enfocado a profesionales de la industria cinematográfica que permite ver antes que nadie películas que se presentan en diversos festivales del mundo, dio al público en general la oportunidad de ver algunos de los trabajos presentados en distintos festivales casi de manera simultánea a sus fechas de realización. El experimento parece haber tenido buenos resultados y la última oferta realizada por el servicio fue una selección, casi íntegra, de los cortos llevados a concurso (y también varios que no lo fueron) en la Semana de la Crítica en Cannes.

Habiendo tenido oportunidad de revisar la programación, hay que decir, sin embargo, que el trabajo del equipo de programación dirigido por el crítico francés Charles Tesson se decanta más por ejercicios de estilo que por buscar cortometrajes con ambiciones narrativas más claras. De esta manera, la selección es ecléctica, pero el enfoque de la Semana parece ser uno de formación estética, y al final parece que no hay mucho que decir, y tampoco muchas maneras de decirlo de forma novedosa. Los cineastas jóvenes absorben más de lo que crean, y suelen hacerlo de un limitado grupo de referencias, con algunas excepciones. Sin embargo, la plataforma parece ayudar también a difundir también la obra de otros artistas que después de hacer sus pininos, están preparados para la consagración mundial.

Del programa disponible, destacan los siguientes cortometrajes:

Ascensão de Pedro Peralta

En una densa bruma, de tufos tarkovskianos, un par de mujeres consuelan a otra un poco más avejentada que mira con desasosiego el horizonte. Su hijo ha caído en un pozo y varios hombres luchan por sacarlo, pero la misión de rescate es de una parsimonia casi glacial, presentada en dos planos secuencia por el novel cineasta portugués Pedro Peralta, quien muestra un agudo sentido de la composición fílmica en el que se trasluce la influencia de cineastas como Lisandro Alonso (Jauja, 2014) y que remite a la obra de otros cineastas europeos como Eloy Enciso (Arraianos, 2012). Peralta va de una sombría espera a una luminosa resurrección con imperceptible gracia, ostentándose como uno de los cineastas a seguir para su opera prima.

Myomano shel tzalam hatonot de Nadav Lapid

Después de haberse anotado un rotundo éxito con su moderno y hermoso filme La maestra del kínder (2014), en su última aparición en la Semana de la Crítica, el cineasta israelí Nadav Lapid participó con un provocativo cortometraje que, al igual que sus filmes anteriores, explora facetas poco conocidas de la clase trabajadora/profesionista del Israel contemporáneo. En su nuevo cortometraje, Lapid retrata la rutina de un fotógrafo de bodas profesional (el mejor de Israel, dicen) cuyas playeras sesiones fotográficas toman giros que van de la frugal pasión al absurdo macabro. Luciendo un estilo observador de refinada precisión y de ambigua interpretación en lo referente a cómo ve a la sociedad israelí, hurga en la suciedad que se oculta tras una pulcra y artificial foto de bodas.

Campo de víboras de Cristéle Alves Meira

Tomando como figura central a una mujer al borde de la desesperación (como muchas de las heroínas del legendario cineasta estadounidense John Cassavettes), la cineasta Cristéle Alves Meira presenta a Lurdes, una mujer que tiene una relación complicada y hostil con su madre, quien después de ser hallada ahogada en su jardín, rodeada de víboras, hace que la fugaz salida de Lurdes se vea como algo claramente sospechoso. De un estilo un tanto impersonal, Alves Meira hilvana imágenes con solvencia, aunque el tiempo no alcanza para ahondar demasiado en el tema de la sospecha sobre el que gira la trama y no permite su desarrollo pleno. Como muchos de los cortos que se han presentado en otras ediciones de la Semana de la Crítica, más que una narrativa corta, este parece ser un teaser de un filme más largo que igual no parece ser tan interesante.

L’enfance d’un chef de Antoine de Bary

Como suele pasar con muchos de los cineastas franceses que el equipo dirigido por Charles Tesson selecciona, el trabajo de Antoine de Bary es de cierta frescura y gracia, hermanado en sensibilidad con los primeros trabajos de la cineasta Valerie Donzelli, y también como los filmes de ella, está impregnado de una «televisiva» visión de la vida de la jeunesse bourgeois, aunque se presente con mucho menores ambiciones formales, si no es que nulas. El cortometraje presenta a Vincent, un joven actor de 20 años que ha sido seleccionado para interpretar a un joven Charles de Gaulle en una biopic dirigida por un híper temperamental cineasta alemán (porque ya saben cómo son los alemanes de «intensos»), al tiempo que sus padres se mudan a Orleáns, obligándolo a experimentar los primeros años de independencia. Poseedor de una vulgaridad que no carece de encanto, de Bary se muestra como un cineasta más preocupado por adaptar sus historias al formato televisivo moderno (Lena Dunham y su Girls) que al fílmico. Sin duda sus inmaduros personajes encontrarán los favores del público, sólo esperemos que en el futuro sea con materiales más afortunados.

Superbia de Luca Tóth

Aunque el paso de la animación ha sido relativamente limitado durante todas las ediciones del Festival de Cannes, este año parece ser uno bastante fértil con la inclusión de los títulos La tortue rouge, de los estudios Ghibli, en Un certain regard, el filme stop motion Ma vie de couragette, en la Quinzaine, y el morfológicamente fluido cortometraje animado de la cineasta húngara Luca Tóth. De una libertad y liquidez a la Bill Plympton (Your face, 1987), esta fantasía animada presenta a los nativos de una tierra imaginaria llamada Superbia, donde hombres y mujeres forman sociedades separadas, hasta que una pareja se forma, creando un curvilíneo y erótico caos. La historia es reminiscente del relato de la separación que Zeus hizo de hombres y mujeres que aparece en «El banquete» de Platón, y el estilo de Tóth es tan voluble como evocativo. Senos enormes, caderas prominentes, eyaculaciones, miembros flácidos y erectos son algunas de las características que definen a los miembros de Superbia, un trabajo que rescata el valor de los mitos en un mundo definido por ellos pero que rara vez los tiene presentes.

En moi de Laetitia Casta

Un escaparate clásico para las figuras de la farándula y la elite francesa que quieren incursionar en la dirección, la Semana de la Crítica este año abre su espacio a los debuts de la actriz Chlöe Sevigny y de la modelo francesa Laetitia Casta. El de esta última se trata de un formalmente caprichoso retrato de un cineasta que, carente de inspiración (otro fusil de La dolce vita, ¿oootra vez?), va a la Ópera de París a filmar su nueva película, buscando nuevas maneras de afrontar su soledad y miedo. El trabajo de Casta, aunque no carente de sofisticación y apuntes visuales interesantes, es conceptualmente débil y parece un cúmulo de imágenes, por ocasiones, deshilvanadas o incoherentes que funcionan como unidades aisladas, pero no como un conjunto fílmico. Un trabajo de pasarela, muy a la manera de aquel mediometraje The Capsule (2012), de la griega Athina Rachel Tsangari, pero mucho menos ambicioso y hábil. Quizá Casta en el futuro pueda hacer algo más sólido que regurgitar las imágenes y estilos de cineastas y fotógrafos con los que ha trabajado.

Los pasos del agua de César Augusto Acevedo

Fue apenas el año pasado que el cineasta colombiano César A. Acevedo se alzó con el máximo premio de la Semana de la Crítica con su filme La tierra y la sombra, un filme de afectada sobriedad con algunas florituras formales bien integradas, pero incapaz de generar algún dejo de impacto en quien lo vio. Resulta mucho más entrañable, para el caso, la frescura gráfica de Los hongos (2014) del también colombiano Óscar Ruiz y en el que Acevedo fue coescritor. Para esta edición de la Semana, Acevedo presenta Los pasos del agua, en el que se muestra a un par de pescadores que encuentran un cadáver que, en lugar de reportar, deciden arrastrar para darle merecida sepultura. Construido como un montaje lírico, el corto de Acevedo confirma el tino visual del cineasta para conjuntar lo rural con un sentido de lirismo casi mágico pero que no se alza hasta lo trascendente.

Oh what a wonderful feeling de François Jaros

Además de presentar narrativas breves, el cortometraje a veces se erige únicamente como un ejercicio de estilo, pletórico de impresionantes trucos, vibrantes imágenes, pero sin nada sustancial que decir. Un ejemplo claro de este tipo de corto en la selección de este año es el del cineasta canadiense François Jaros, Oh what a wonderful feeling, en el que se presenta a una joven que comienza a prostituirse con camioneros y cuyo destino no queda claro después de que se ve envuelta en una serie de extrañas ocurrencias. Infatuada con la imaginería oscura de cineastas como Jonathan Glazer (Under the Skin, 2013), el cortometraje alcanza picos visuales realmente buenos, entre ellos un fantástico inicio con un zorro en una carretera y la tétricamente elegante imagen de la monstruosidad de los camiones, que parecen devorar a las mujeres que se suben a ellos. Con un engranaje, ya sea visual o narrativo, más pensado, Jaros sin duda podrá desarrollar un estilo propio, uno que en lugar de absorber pueda generar.

 

 

 
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JJ Negrete (Ciudad de México, 1989). Psicólogo clínico egresado de la UDLA DF, realizó estudios en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM y actualmente cursa estudios de antropología social en la UAM-Iztapalapa. Colaborador y miembro fundador de la página web Butaca ancha, ha escrito para medios como Animal político, Cultura colectiva, Corre cámara y Freim. Se desempeñó como parte del jurado joven en la última edición del Festival Distrital de Cine gracias al concurso de crítica «Critica la Muestra», organizado por la Cineteca Nacional.

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