Charles Manson: ¿biología es destino?

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Héctor Rojo

 

ENTREVISTADOR: Oí que recibes muchas cartas de niños.

¿Has recibido este tipo de visitas y cartas… de niños que no conoces?

CHARLES MANSON: Sí, claro.

E: ¿Por qué crees que estos niños te escriben?

CM: Porque yo soy esos niños.

Entrevista a Charles Manson en 1970

 

Dentro de nuestro organismo hay algo, una cifra, que nos conecta con todo lo vivo en este planeta, incluso con lo que alguna vez ha estado vivo. Esa cifra es lo que somos. Tendemos a sentir mayor simpatía por los seres menos lejanos de esa inmensa cadena; así, nos es menos simpática una araña o una cucaracha que una ardilla o un perro. Aunque esto no siempre se cumple al cien por ciento (por ejemplo, para la mayoría resulta más desagradable una rata que muchos insectos), es un hecho que la cercanía genética con otros animales crea un halo de empatía que se va cerrando conforme las similitudes son mayores, hasta llegar a nuestra propia especie. Ya entre humanos, las razas, la religión, la lengua y, más en general, la cultura, nos permiten encontrar aliados cada vez más íntimos en la consecución de bienestar. Esto también somos. El círculo más estrecho es la familia: así los hermanos, con los que compartimos casi todo, como los padres, de quienes lo obtenemos. Aquello que se rompe dentro de este último núcleo nos afecta y afecta el modo en que vamos a relacionarnos con el resto de las criaturas.

Manson Family Vacation (2015), ópera prima de J. Davis, logra tocar un nervio sensible mediante el cual percibimos parte de los vínculos biológicos y sociales que unen a la familia, en oposición a cualquier otra relación que podamos establecer con las demás personas. Esto genera una intensa respuesta emocional en el final de la película y nos hace reflexionar sobre esa fuerza que nos une a todos los seres humanos y que se va diluyendo mientras se aleja en el gran árbol genealógico. Una de las principales virtudes del guion radica en el juego entre la aparente banalidad de los personajes y los significados que se revelan con el paso de los minutos. Al principio se delimitan los dos mundos que van a confrontarse durante la cinta. Nick, exitoso abogado que vive con todas las comodidades posibles en Los Ángeles, junto con su esposa y su hijo, espera la visita de su hermano, Conrad, a quien sus padres adoptaron antes de concebir a Nick porque creían ser una pareja infértil. Nick siguió la profesión de su padre y adquirió su carácter. Conrad, por el contrario, se rebela a la disciplina paterna y busca la vida fuera de ese mundo de bienestar económico al que pertenecen su padre y su hermano, arreglándoselas para vivir sin estudios y con empleos poco formales. Además, el trato hacia el hijo adoptivo parece haber sido descaradamente distinto, al menos por lo que sabemos de las conversaciones entre ellos.

 

 

Hasta antes de que Nick descubra en qué está metido su hermano, sus personalidades se nos dibujan como burdas: por un lado, el vanidoso y materialista que busca la felicidad en el éxito financiero y, por el otro, un rebelde superficial que adora a un icono de la contracultura como Charles Manson, a pesar de la evidente inhumanidad de sus crímenes. En ambos casos, los hermanos parecen desvirtuar formas de vida que, más allá de estar o no de acuerdo con ellas, guardan dentro de sí una idiosincrasia, una historia compleja con grupos que las han defendido con su vida, a veces mediante guerras, exterminios y otras barbaridades en nombre de una y otra ideología. En este sentido, Manson Family Vacation descubre la artificialidad de ciertos momentos históricos en que una aparente estabilidad social momifica los impulsos más esenciales. Sin embargo, el trayecto psicológico de los personajes nos deja ver algunos de esos impulsos que afloran aun en medio de los viciados entornos neohippie e hiperconsumista en los que cada uno se desenvuelve.

Nick vive adaptado por completo al modo de vida capitalista; nació, creció, fue educado y trabaja dentro de este sistema sin el mínimo asomo de duda en cuanto a su validez o conveniencia. Sin embargo, a pesar de sus éxitos profesionales es incapaz de crear un lazo emocional sólido con su hijo, que parece vivir al margen de los intereses paternos. La relación de Nick con su hijo es una contradicción a los principios liberales básicos que le fueron inculcados, pues su hambre de éxito sofoca el amor filial que él mismo recibió de su padre como fundamento de integración dentro de la sociedad estadounidense. Por otro lado, Conrad defiende una aparente independencia respecto a las sociedades de consumo, a las que asocia con el recuerdo de su familia adoptiva. En la primera mitad de la película, su obsesión con la figura y las ideas de Charles Manson parece no sólo una inconsistencia moral, sino también una infantilización de los principios defendidos (bien o mal) por aquel movimiento juvenil de los años 60. Conrad vive su rebeldía como un turista que se toma fotos en los sitios de interés de la oscura leyenda mansoniana, posando con su camiseta que muestra la imagen de Charles Manson como una marca registrada de la inconformidad social.

Esta situación cambia conforme avanza la narración fílmica. Tras una ruptura aparentemente irremediable, Nick acepta llevar a Conrad al lugar donde éste piensa iniciar su nueva vida. Una vez ahí, nota algo extraño en el lugar y las personas con las que su hermano pretende quedarse, y acaba descubriendo que forman una especie de logia alrededor de la figura de Charles Manson. A través de la mirada de Nick, vemos la parafernalia que rodea a este singular grupo, parte de su mitología y un confuso ideario entre ecologista y comunal. Es entonces cuando nos enteramos, gracias a la persistencia de Nick, de que Conrad es uno de los hijos del famoso multihomicida. Esta peripecia hace que el drama adquiera nuevo cuerpo. Las motivaciones de Conrad dejan de ser meramente superficiales y, si bien permanece el dilema ético en su relación con lo ocurrido en el pasado, éste queda opacado por la importancia de esta nueva información. Aquel niño que creció en el abandono emocional y alejado de sus vínculos familiares, al fin tiene la oportunidad de estar frente a su origen.

Las diferencias psicológicas entre Conrad y Nick sugieren un debate entre los defensores de la herencia genética y los de la educación/entorno como factores para determinar el comportamiento. Al tomar como punto de partida el ambiente en el que creció Conrad, el maltrato al que fue expuesto, podríamos pensar que es el entorno lo que ha definido el carácter de este personaje; sin embargo, Nick llega a considerar que su hermano es diferente «porque está mal de la cabeza. Algo genético probablemente. […] Pienso que tiene una química extraña en su cerebro».[1] La polémica iniciada a partir esta dicotomía es una de las más vivas, pues afecta directamente a lo que sucede todos los días en escuelas y hogares con los niños. Aquí, por lo pronto, no interesa tanto resolver alguna cuestión científica como sondear, mediante el tejido de la ficción, esa experiencia profunda de ser algo de difícil y hasta imposible definición. Quizás la cuestión de si somos criaturas codificadas de nacimiento o moldeadas por la sociedad no aparece con toda claridad en la película, pero la embestida final nos coloca emocionalmente frente a este conjunto de misterios al mostrarnos ambas facetas.

La actitud vana frente a cuestiones que en décadas anteriores eran de primer orden, hace que los dos hermanos sean antipáticos, a pesar de tener momentos divertidos. En cuanto a sus aficiones, Conrad ha transitado por la pintura, la escritura y está a punto de embarcarse en la aventura ambientalista. Pero su inconformidad no lo lleva a ningún lado, mientras que toma cualquier oportunidad para culpar a su familia adoptiva por ello. Nick, adorador de un conjunto de ritos contemporáneos que prometen la felicidad, es incapaz de admitir las grietas de su sistema y de intentar sanar las rupturas dentro de lo que él considera su familia, Conrad incluido. Es fácil relacionar esta actitud con el presente, en esta especie de conformismo derivado del suicidio de las ideologías que atrae en multitud a nuevas generaciones de príncipes tontos que, en un extremo, viven apantallados por todo lo que pueden adquirir con su dinero y, en el otro, disfrutan sin ruborizarse de la despreocupada vida que llevan aun sin trabajar ni esforzarse.

Al final, Nick se rehúsa a que Conrad conozca a su padre biológico y a que, con ello, deje de formar parte de su familia y pertenezca desde ese momento a aquella enorme familia de desarraigados. Mientras tanto, Conrad está decidido a visitar a Charles Manson en la cárcel y presentarse como su hijo; en aquel momento climático comprende que pertenece a las dos partes, que por una desviación argumental en su vida ambas están separadas aunque él quisiera tenerlas juntas. Nick le pide disculpas y lo convence de que él es también su familia, pero eso no evita que una necesidad casi física lo obligue a entrar y conocer a su padre:

 

CONRAD: Hermano… Tengo que entrar.

NICK: ¿Vas a entrar ahí?

CONRAD: Él es mi padre, tengo que hacer esto. Lo siento, pero soy… soy el puto hijo de Charles Manson. Está muy jodido, pero ése es quien soy, ¿sabes? Significaría mucho si entendieras, o lo intentaras.

NICK: De acuerdo.

CONRAD: Sé lo que estoy haciendo, ¿está bien? Voy a entrar y a conocer a Charles Manson. Y voy a volver a salir. Y entonces hablaremos y seguiremos siendo hermanos, ¿de acuerdo?

NICK: De acuerdo… Te amo.

 

Nadie evitará que Conrad sea hijo de Charles Manson, que algo de aquel personaje despiadado viva dentro de él, pero eso no lo obliga a repetir sus acciones. No está claro cuál es la principal fuente de nuestro comportamiento, pero, en el gigantesco universo social, hay tantos ejemplos a seguir que haríamos el ridículo pretextando una influencia única. Mientras tanto, de nuestros padres obtenemos unas características biológicas que han modelado al ser humano durante milenios y que nos dotan de las capacidades para realizar actos sublimes o abominables. Para Conrad, conocer a su padre es quizá la forma de conectarse con el resto del mundo; y quizá es también por eso que la paternidad es algo tan importante para nuestra especie, pues nos permite ingresar al caos de la vida de una manera mucho más amable, tan amorosa como no la obtendríamos de nadie más.

 

 

NOTA

[1] En la película, esto se presenta en dos escenas consecutivas que abarcan del min. 29 al 33. En la primera escena, Conrad argumenta que su padre y su hermano lo trataron “como a mierda” y, en la segunda, Nick se excusa frente a su esposa, argumentando que el problema de Conrad es genético, pues investigando sobre su adopción encontró que estaba bajo custodia del Estado.

En los círculos científicos la cuestión parece zanjada en algunos puntos mediante un salomónico empate, como demostraba Matt Ridley en ¿Qué nos hace humanos?, (Debate. Barcelona, 2004). Sin embargo, hasta la fecha podemos encontrar nuevos resultados y casos que inclinan a un lado u otro la balanza.

 

 

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Héctor Rojo (1984) tiene estudios de literatura en la UAM-I y en la Universidad Veracruzana. Puedes contactarlo en: hrojoaj@hotmail.com y hrojoaj@gmail.com

 

Revista cultural

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