El clasicismo en Brahms: la música como continuación del espíritu griego

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Es propio del filósofo el asombro, pues esta experiencia es el origen de la filosofía.

Platón, Teeteto, 155 d.[1]

 

 

Miguel Blumenbach

 

 

Prefacio

 

 Al finalizar su retiro en el castillo de Wartburg, Martín Lutero entregaría, hacia 1534, las actas de su trabajo como traductor de la Biblia. Mucho tiempo después su empeño de reformar el pensamiento cristiano y europeo sería valorizado por Johannes Brahms, quien toma la obra de Lutero como traductor como base para moldear la estructura discursiva de la composición Ein Deutsches Requiem,[2] en la que expone musicalmente al público del siglo XIX antiguas ideas griegas y judías llenas de moralidad y belleza literaria. Así, no es difícil reconocer la fortísima influencia del pensamiento filosófico griego en la obra de Brahms, y no está de más hacer notar que el Nuevo Testamento recibió la tradición de la filosofía griega como herencia a través de los primeros padres de la Iglesia, para quienes la mitología y el conocimiento especulativo de Platón sirvió, entre otras fuentes, como precedente y herramienta para establecer vínculos entre la reflexión y la vida. Aunado a esto, es necesario preguntarse cuál es el significado de cualquier obra considerada clásica, y tener en cuenta su variable percepción a través del tiempo, aunque sea de manera general. Tras un análisis de este tipo, es posible establecer que el Réquiem de Brahms puede verse como un traslado histórico del pensamiento helénico a un nuevo repositorio. Quede, pues, para el lector, la construcción de una opinión propia acerca de esta tesis que aventuro.

 

I

 

Cualquier fenómeno artístico puesto en relación con el basamento helénico constituye una rama y flor más en el árbol genealógico del pensamiento griego y es, por tanto y debido a su unión con tal raíz, una fuente inagotable de constantes reinterpretaciones. Desde sus arcanas ideas de origen hebreo que se absorben en la οκουμένη clásica hasta los puntos más álgidos del segundo y cuarto movimientos, el genio de Brahms anhela dejar un mensaje de hermandad y reflexión fundacional en torno a aquello que todos tenemos como límite común y que otorga un sentido a nuestra existencia: la muerte.

En efecto, el límite de la vida es el motivo de esta reflexión musical de Brahms. A propósito de la importancia de una reflexión como la que propone Brahms, recordemos que en el primer libro de La República, Platón nos hace sentir a través del Sócrates narrador, en primer lugar, la vivacidad de su charla con Céfalo, quien es descrito como un hombre entrado en años que dedica su vejez a respetar a los dioses y a vivir conforme a aquello que la experiencia le ha enseñado. Según él, no es sino la meditación ante la muerte lo que incita a los hombres sabios (capaces) a armonizar la diferencia entre lo actual y lo deseable, que, para entendernos dentro del contexto del diálogo, definiré como lo justo, pues presumiblemente no es sino el esfuerzo de cada quien por entenderse lo que delinea y separa su conciencia del resto de sus aspiraciones que, aunque diversas, se reúnen por lo verdadero. Es decir, la muerte es aquello ante lo cual ningún humano puede dejar de detenerse por lo menos algunos segundos a pensar. Por ello es consecuente referir las ideas que han continuado vivas a través de los cambios de mentalidad en el tiempo, y que la civilización ha devuelto reelaboradas y comentadas a través de obras artísticas de toda índole, como en el caso de nuestra obra de Brahms, quien arrobado por el sentimiento de la muerte de su madre y de su otrora maestro Robert Schumann, compone en la mejor tradición germánica como albacea de ideas helénicas que, por su interpretación, permanecen en nuestra cultura y son recurrentes en la historia del espíritu. En suma, Brahms representa de forma particular una contradicción permanente del espíritu a través de la tensión musical presente en el Réquiem: la confrontación de la máxima estoica de vivir conforme al orden de la naturaleza y el gobierno de las pasiones con la vitalidad irrefrenable de la conciencia cuando recuerda su origen y se vuelve tan aniquiladora como un abismo que revela al individuo la inevitabilidad de la muerte.

 

II

 

Ahora concentrémonos, sencillamente, en la influencia que Brahms recibe de Pablo de Tarso a través de Lutero, pues la obra que nos ocupa no es sino la musicalización de arcanas concepciones que, gracias a las cartas paulinas, son integradas como fuego al fuego al entender 1) la continuidad histórica que hay desde la idea del universo que es cuerpo en Platón a la de la inmortalidad del alma, así como 2) la importancia de la filosofía de la Estoa, cuya idea de racionalidad, gobierno de las pasiones y cosmopolitismo es representada en el réquiem de Brahms a través de varios elementos que provienen del judaísmo y que relumbran en la poesía musical del sexto movimiento,  utilizados menos por la tradición de conservar el envoltorio formal de la cultura judía para expresar ideas relacionadas con ella que por la fuerza expresiva del cambio y la reinterpretación de las ideas en nuevos contextos. Leemos, pues, en la primera epístola a los corintios traducida por Lutero lo siguiente:

 

Siehe, ich sage euch ein Geheimnis: Wir werden nicht alle entschlafen, wir werden aber alle verwandelt werden; und dasselbige plötzlich, in einem Augenblick, zu der Zeit der letzten Posaune. Denn es wird die Posaune schallen, und die Toten wervandelt werden. Dann wird erfüllet werden das Wort, das geschrieben steht: Der Tod is verschlungen in den Sieg. Tod, wo ist dein Stachel? Hölle, wo ist dein Sieg?[3]

 

Y en el sano castellano de la edición actualizada de Casiodoro de Reina:

 

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh, sepulcro, tu victoria?

 

Es necesario aclarar que en su contexto originario la carta obedece a la necesidad de confirmar y solidarizar a la protocomunidad cristiana, la que tendría que conformar un cuerpo eclesiástico. Pero más allá de las ideas religiosas que de suyo podrían sonar al público contemporáneo extravagantes o anticuadas, es necesario recordar aquí las ideas que le proporcionan a Pablo clara inspiración y fundamento. Según Michelle V. Lee, es posible reconocer la transferencia de imágenes provenientes de la filosofía estoica y de Platón a la prosa paulina, lo cual no es nada extraño si pensamos que, en aquel tiempo, la mayoría de la clase educada tenía acceso a las actas de la era clásica, pues la educación y fama atenienses seguían siendo admiradas pese a la evidente decadencia ática. De aquí se extrae la idea de la poca importancia de la inspiración helénica al ser moneda corriente y nos lleva a poner el énfasis en la sustancia vuelta propósito y materia nueva, como si el origen contara menos que aquello que es imperativo demostrar o hacer notar, lo cual equivale a decir metafóricamente que el aceite toma la forma del ánfora.

 

III

 

Una vez reconocida la lógica que nos permite entender aquello que describimos, ya es posible resolver la aporía entre el desbordamiento en el que el alma o la mente se regocija por el descubrimiento de la verdad, la victoria de la vida ante la muerte, y la tranquilidad del espíritu que demanda el pensamiento estoico. Para ello podemos acudir a la filosofía de Heráclito. Al respecto, Eduardo Nicol refiere:

 

En la lira, el equilibrio de las tensiones es ajuste en el doble sentido de acople y armonía. La metáfora que entraña el término en su ambigüedad se traslada entonces del plano musical al plano cósmico para indicar con ella que en el mundo «lo contrario es conveniente», pues la oposición, la contrariedad y la lucha resultan condición de la armonía y la unidad fundamental del Todo. La distancia de abstracción que interpone Heráclito entre sí mismo y el mundo le permite divisarlo en conjunto y no sólo concebirlo en unidad, sino integrar en ésta a los opuestos. «Sabio es que quienes oyen, no a mí, sino a la razón, concuerden en que todo es uno». La razón no excluye la diversidad, que es siempre oposición, ni excluye el cambio; la verdad eterna que hay en la razón incluye más bien el cambio, y lo explica precisamente por la lucha. Todas las cosas «tienen su generación en la lucha». «La guerra es la madre de todo». Esta idea se encuentra reiterada en la medida misma que conviene para que destaque, no como opuesta, sino como correlativa de la idea de unidad. «Hemos de saber que la guerra es común a todos, y que la lucha es justicia, y que todo nace y muere por obra de la lucha». […] Esta idea de justicia se halla en conexión con la idea de armonía. La armonía o acople de los contendientes no consiste en su pacificación, sino en su lucha misma. Es ésta la que realiza la justicia, y en ella se ofrece el orden del mundo. El desorden y la irracionalidad del cambio se resuelven en la unidad del propio cambio, considerado en conjunto.

 

Conclusión

 

El interés de esta obra de Brahms reside menos en su referencialidad religiosa que en su capacidad de (re)interpretar las anteriores ideas helénicas que le proporcionan sustancia histórica. Es pues el asombro ante una de las condiciones fundamentales del ser humano el que abre un enorme registro de posibilidades que nos recuerdan ese último pasaje de La República a propósito del mito de Er (donde se describe el tránsito de las almas a la muerte), que literariamente hace volar la conciencia humana y nos recuerda que, antes que religión o dogma, la comunidad de Pablo, la de los estoicos y Brahms en su Réquiem no reúnen sino una misma idea: la de la autoconciencia que, a través del conocimiento del mejor comportamiento, aspira a ser liberada en un arrebato que a la mente no preparada puede provocar miedo o repulsión, pero al trotamundos de la vida una profunda empatía por la completud de su mundo reflejada en la reconciliación con su naturaleza. La música hace las veces de esa herramienta (capacidad) para religarnos a la reflexión. No nos queda sino escuchar atentamente.

 

 

 Bibliografía

Gilbert Murray, Five Stages of Greek Religion, Oxford, 1923.

  1. Jaeger, Demosthenes. The Origin and Growth of its Policy, University of California Press 1938; trad. al español de Eduardo Nicol, Fondo de Cultura Económica, México, 1945.

J.G. Frazer, The Golden Bough, 1907-1914; trad. al español de la edición abreviada por Elisabeth y Tadeo I. Campuzano, México, 1944.

  1. Gernet y A. Boulanger, La génie grec dans la religion, París, 1932.
  2. Jaeger, Paideia, I; trad. al español de Joaquín Xirau, México, 1942.

Victor Bérard, Introduction a l’Odissée, 3 vols., París, 1924-1925.

Gilbert Murray, The Rise of the Greek Epic, 3a. ed., Londres, 1923.

Charles Picard, Les origins du Polytheisme hellenique, 2 vol., París, 1932.

  1. Glotz, La civilization egéenne, París, vol. 9 de la col. L’Evolution de l’Humanité.
  2. Dussaud, Les civilisations préhelléniques dans le basin de la mer Egée, 2ª ed., París, 1914.

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J.J. Winckelmann, Geschichte der Kunst des Altertums, 1764, pero ya desde sus Gedankenüber die Nachahmung der griechischen Werke in Malerei und Bildhauerkunst, que son de 1755.

  1. Klugmann et Lazarus, F. Nietzsche et la pensé grecque, París, 1920.

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Rudolf Otto, Lo Santo, trad. De Fernando Vela, Madrid, 1925.

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  1. Glotz, L’ordalie dans la Grèce primitive, París, 1904.
  2. Czarnowski, Le culte des héros et ses conditions sociales, París, 1909.

L.R. Farnell, Greek Hero Cults and Ideas of Inmortality, Oxford, 1921.

  1. Murray, Anthropology and the Classics (en colaboración con otros), Oxford, 1908.

J.G. Frazer, Les origines magiques de la royauté, trad. francesa, París, 1920.

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J.E. Harrison, Prolegomena to the Study of Greek Religion, 2a. ed., Cambridge, 1908.

M.N. Nilsson, The Minoan-Mycenaean Religion and its Survival in Greek Religion, en Acta regiae litterarum Lundensis, IX 1925.

W.R. Halliday, Greek Divination. A Study of its Methods and Principles, Londres, 1913.

  1. Dempsey, The Delphic Oracle, Oxford, 1918.

Erwin Rohde, Psyche: The Cult of Souls and the Belief in Immortality among the Greeks, trad. inglesa de W.H. Hillis, Londres, 1925.

Ernst Cassirer, The Myth of the State, Yale University Press. En los primeros capítulos de esa obra, Cassirer hizo un estudio de lo que es el mito, de su sentido y función en la vida humana, y de las diversas teorías interpretativas que se han propuesto hasta ahora.

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Klaus Koch, Das Buch der Bücher, Die Entstehungsgeschichte der Bibel, Heidelberg, 1984.

Michelle V. Lee, Paul, the Stoics and the Body of Christ, Nueva York, 2008.

 

 

NOTAS

[1]μάλα γὰρ φιλοσόφου τοῦτο τὸ πάθος, τὸθαυμάζειν: οὐ γὰρ ἄλλη ἀρχὴ φιλοσοφίας ἢ αὕτη (Θεαίτητος, 155 δ).

[2]Según el Dr. Raúl Torres, la traducción más adecuada del título de la obra de Brahms sería no la típicamente hallada de «Un réquiem alemán» sino la de «Un réquiem en [idioma] alemán», en contraposición a la sempiterna misa escrita y recitada en latín. Es interesante notar que en el cuento homólogo de Borges, el argentino no repare en esta cuestión.

[3]1 Cor 15:51-55. Por la cercanía filológica del inglés respecto al alemán reproduzco aquí la siguiente traducción, la cual ha sido extraída de la King James Bible, canónica por siglos y traducida igualmente del griego. Naturalmente, su edición fue posterior a la de Lutero: «Behold, I shew you a mystery; We shall not all sleep, but we shall all be changed. In a moment, in the twinkling of an eye, at the last trump: for the trumpet shall sound, and the dead shall be raised incorruptible, and we shall be changed . . . then shall be brought to pass the saying that is written, Death is swallowed up in victory. O death, where is thy sting? O grave, where is thy victory?». A su vez, no desmerece en absoluto la calidad del texto el añadir, para el lector que gustar de seguir pesquisas literarias y hacer de su juicio algo más que lo que la edición actual pergeña como deseable, la otrora versión original en griego: «ἰδοὺμυστήριονὑμῖνλέγω: πάντεςοὐκοιμηθησόμεθα, πάντεςδὲἀλλαγησόμεθα, ἐνἀτόμῳ, ἐνῥιπῇὀφθαλμοῦ, ἐντῇἐσχάτῃσάλπιγγι: σαλπίσειγάρ, καὶοἱνεκροὶἐγερθήσονταιἄφθαρτοι, καὶἡμεῖςἀλλαγησόμεθα. […]
τότεγενήσεταιὁλόγοςὁγεγραμμένος, Κατεπόθηὁθάνατοςεἰςνῖκος. 
ποῦσου, θάνατε, τὸνῖκος; ποῦσου, θάνατε, τὸκέντρον».

 

 

 

 

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Miguel Blumenbach (Ciudad de México, 1988) es poeta, traductor y ensayista. Ha realizado estudios de filosofía y literatura en el Collège de France, en la École Normale Supérieure de París y en la UNAM. Ha colaborado en Bonsái, Punto en Línea, Opción, Ágora, así como en publicaciones de España y Chile. Pertenece a la Asociación de Textos y Cursos Clásicos (ACTC por sus siglas en inglés) con sede en Moraga, California. Se ha dedicado a revisar la historia de la poesía alemana, turca y árabe.

 

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