Elecciones 2015: la fragmentación del poder

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Héctor E. Herrera Capetillo

 

 

A diferencia del sexo, en la política el tamaño sí importa, especialmente en una cultura política como la mexicana, que no está acostumbrada a la negociación y al debate entre opositores, pues prefiere imponerse mediante el aplastante peso de las mayorías.

Contrariamente a ese espíritu, el elector mexicano –quizá sin tener esa intención– decidió mediante las elecciones federales y locales de 2015 fragmentar el poder. Voto de castigo, alternancias, disminución de los grandes y crecimiento de los pequeños fueron las tendencias de esta jornada electoral que se caracterizó por la dispersión.

 

Elecciones federales: pocas novedades son una novedad

Pocos cambios se vivirán en la composición de la Cámara de Diputados después de las elecciones de 2015, lo que en sí mismo es una sorpresa. El descontento ciudadano con la administración de Peña Nieto, que tomó las calles a finales de 2014, no se reflejó en las urnas. El bajo crecimiento económico, la falta de resultados de las reformas con que se abanderaba la administración, los conflictos de interés y escándalos de corrupción, así como los casos de Ayotzinapa y Tlatlaya, nos hubieran llevado a pensar que estas elecciones tendrían como componente central el desplome del PRI en la Cámara de Diputados, cosa que no sucedió.

De los 300 distritos federales, el PRI-PVEM ganó 158, el PAN 56, el PRD-PT 29, el PRI 25, Morena 14, Movimiento Ciudadano 11, el PRD 5, Nueva Alianza 1 y un candidato independiente obtuvo el triunfo en otro distrito. A esos resultados hay que sumar los 200 escaños que se asignan vía plurinominal, cuyo reparto aún desconocemos, pero que de acuerdo a estimaciones elaboradas con datos del INE, podrían darnos el siguiente panorama: un PRI con 200 diputados (40% de la Cámara), un PAN con 110 (22%), un PRD con 55 (11%), un PVEM con 46 (9%), Morena con 37 (7%), Movimiento Ciudadano con 26 (5%), Nueva Alianza con 10 (2%), Encuentro Social con 9 (2%) y el PT con 7 (1%).

Con esos datos, los tres partidos políticos más grandes perderán terreno en San Lázaro. Así, el PRI pasaría de ocupar el 43 a ocupar el 40% de la Cámara y el PAN del 23 al 22%. Por su parte, el PRD sería el mayor perdedor, pues su representación caería del 20 al 11%. Contrario a eso, dos partidos pequeños y uno nuevo se convertirán en fuerzas políticas medianas: el Partido Verde crecerá del 5 al 9%; Morena (que actualmente tiene 12 legisladores que salieron de las bancadas de otros partidos) pasará del 2 al 7%, y Movimiento Ciudadano subirá del 2 al 5%.

En conclusión, tendremos en la Cámara de Diputados dos partidos grandes: el PRI y el PAN, que obtuvieron entre el 20 y el 40%, y cuatro medianos: PRD, PVEM, Morena y Movimiento Ciudadano, que oscilan entre el 6 y el 11% de los votos. Éste es un escenario favorable para la alianza PRI-PVEM, que puede aprovechar la fragmentación de la izquierda en tres partidos medianos, así como el retroceso del PAN y el PRD, que no sólo pierden curules, sino que también tienen pugnas internas.

 

Elecciones estatales: voto de castigo y alternancia

A las elecciones federales de este año se sumaron procesos electorales en 9 estados del país para renovar gubernaturas y 16 elecciones legislativas estatales. En el balance de los números habrá pocos cambios en la cantidad de entidades gobernadas por cada partido, sin embargo, en la distribución de los votos podemos observar cambios muy importantes. Así, el PRI, que actualmente gobierna 20 estados, se quedará con 19  entidades: mantiene San Luis Potosí, Campeche y, por un apretado margen de quinientos votos, Colima; pierde Michoacán, Querétaro y Nuevo León, pero recupera Sonora y Guerrero. El PAN se mantiene con seis gubernaturas al quedarse con Baja California, y aunque pierde Sonora, gana Querétaro. El PRD conserva el gobierno en cuatro entidades, y aunque gana Michoacán, pierde Guerrero.

Dos aspectos fueron relevantes en este proceso electoral, el primero es que contrariamente a otras elecciones intermedias donde el voto federal guió al local, esta vez el elector emitió un voto diferenciado, de forma que votó en un sentido a nivel federal y en otros a nivel local, por presidentes municipales, diputados locales, gobernadores y diputados federales de distintos partidos.

El segundo aspecto es que el voto de castigo se hizo evidente en varios estados. Así, de las 9 elecciones para gobernador, en cinco hubo alternancias. Por ejemplo, los votantes le quitaron Nuevo León al PRI tras revelarse diversos escándalos de corrupción y enriquecimiento ilícito que involucran al gobernador Rodrigo Medina y a su padre; en Sonora, los electores votaron en contra del gobierno panista de Guillermo Padrés, sumergido en acusaciones de corrupción; en Guerrero el PRD sale del gobierno y en Michoacán el PRI, dos estados en los que la violencia se ha incrementado.

En las legislaturas locales también habrá cambios importantes. Sobresale el caso de Nuevo León, donde a pesar de que el electorado votó por un gobernador independiente, el PAN obtuvo la mayoría en el Congreso, con 16 de los 26 escaños de mayoría relativa; aunque el PRI será mayoría por el número de municipios de la entidad que gobernará, 23 de los 51.

En Michoacán, el PRD gana la gubernatura, pero de los 24 asientos de mayoría relativa, el PRI gana 12. En Jalisco, el PRI obtuvo 10 de los 20 escaños, mientras que Movimiento Ciudadano ganó 9, resultando un congreso con mayor oposición para el gobernador Aristóteles Sandoval del PRI.

 

Distrito Federal: Resultados inesperados

Si las encuestas determinaran el resultado de las elecciones, entonces no tendríamos novedades en el Distrito Federal, pues hasta pocos días antes de los comicios, la diferencia de votos entre el PRD y los candidatos de Morena, PAN y PRI en las distintas delegaciones confirmaba la hegemonía del PRD en la capital, que en las elecciones de 2012 se llevó carro completo. Entonces, Miguel Ángel Mancera llegó a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal con más del 63% de los votos, su partido ganó 14 de las 16 delegaciones y en las dos que perdió lo hizo por menos del 1% de diferencia, al tiempo que obtuvo 38 de los 40 escaños de mayoría relativa de la Asamblea Legislativa del DF.

Desde que el PRD ganó la jefatura de gobierno en 1997 y afianzó la mayoría en la Asamblea Legislativa desde 2003, el partido ha dominado la vida política de la entidad con una limitada oposición del PAN, la segunda fuerza política local. Sin embargo, como producto de las acusaciones de corrupción, conflictos de interés, nepotismo y permisos indiscriminados para la construcción de viviendas, el aumento en el precio del transporte público y la fragmentación de la izquierda, los delegados, asambleístas y el jefe de gobierno fueron castigados en las urnas.

Así, de las 16 delegaciones, el PRD sólo pudo mantener 6, Morena ganó 5, el PRI obtuvo 3 y el PAN 2. En su primera elección, el partido encabezado por López Obrador no sólo le arrebató 5 delegaciones al PRD, sino que se convirtió en la segunda fuerza política en 6 más, al tiempo que le quitó el control de la Asamblea Legislativa. De los 66 escaños que la componen –40 de mayoría relativa y 26 de representación proporcional o plurinominales– Morena tendrá 22 escaños, el PRD 21, el PAN 10, el PRI 7, y otros partidos ocuparán las 6 restantes.

El PRD se reduce a segunda fuerza legislativa, pues pasará de 34 curules a 21, es decir, del 51% al 32% de la Asamblea, un escenario complicado para la gestión de Mancera, pues Morena se convierte en primera minoría con el 33% de los asambleístas y, si bien el PAN retrocede su representación del 20 al 15% y el PRI del 14 al 11%, combinados tienen el control de la agenda legislativa. Como resultado de estas elecciones, en la capital pasaremos de un sistema de partido hegemónico a uno multipartidista, con dos partidos grandes de izquierda (PRD-Morena) y dos partidos medianos de oposición: el PAN y el PRI.

 

Partidos políticos, ¿quiénes ganan y quiénes pierden?

Los ganadores: El PRI gana perdiendo. En el balance de las cuentas, el partido pierde importantes plazas como los estados de Nuevo León y Michoacán, así como ciudades estratégicas, tal es el caso de Morelia y Guadalajara. Falla en recuperar Mérida y Acapulco y pierde varios municipios en su bastión, el Estado de México, aunque mantiene Toluca y le quita Monterrey al PAN. A nivel federal, perderá una docena de curules y para formar mayorías deberá negociar con partidos medianos y pequeños. Por otra parte, depende cada vez más de sus alianzas, de forma que de los 300 distritos electorales, el PRI fue con el Verde en 250.

Contrastando con los casi 16 millones de votos que obtuvo en 2012, e incluso con los 12.7 millones que alcanzó en 2009, en estas elecciones el partido apenas superó los 11.6 millones, cifra similar a la que logró en 2006, su peor elección. Así el PRI pasó de 36.8% de los votos en 2009 a 31.9% en 2012 y a 29% en 2015.

Sin embargo, en el balance general gana, pues el presidente, a pesar de su baja popularidad, logra mantener la mayoría en la Cámara de Diputados, algo que Fox y Calderón no pudieron hacer en las elecciones intermedias de 2003 y 2009, respectivamente; aunque visto desde otra perspectiva, será la bancada más pequeña que haya tenido un presidente priista, y la segunda peor elección intermedia para el PRI después de 2006, año en que apenas superó las 100 curules.

Si el PRI gana perdiendo, el PVEM pierde ganando. Es el único partido que desde 1997 ha incrementado el número de curules en cada elección. En estos comicios el partido obtuvo 2.7 millones de votos, por debajo de los 3 millones que consiguió en 2012. Y si bien el partido tendrá más curules, pierde legitimidad ante la sociedad, prueba de ello es que el gasto excesivo en las campañas y la publicidad engañosa no fueron suficientes para incrementar su votación. Así, el Verde obtiene el 6.9% de los votos totales, muy por debajo de los 11 puntos que le daban algunas encuestas, e incluso por debajo de la votación que alcanzó Morena.

La izquierda en términos generales fue otro de los ganadores. Los cuatro partidos de izquierda (PRD, MC, PT, Morena) acumulan 28.1% de los votos, es decir, 11.2 millones de votos, casi el mismo número que obtuvo el PRI, por lo que sus bancadas combinadas serían la segunda fuerza política en la Cámara de Diputados, por encima del PAN. Sin embargo pierden en su conjunto, pues el PT no logra conservar el registro y los otros tres partidos compiten entre sí, lo que nos lleva a suponer que no habrá un trabajo conjunto que pueda suponer una oposición fuerte a la agenda presidencial.

Dentro de la izquierda encontramos dos ganadores: Morena y Movimiento Ciudadano. El partido de López Obrador gana porque obtiene más de 3.3 millones de votos en su primera elección, le arrebata al PRD medio Distrito Federal, su bastión principal, y obtiene una considerable votación en el Estado de México, Veracruz e incluso Campeche, en donde su candidata a gobernadora termina en tercera posición. Morena tuvo el mejor estreno que un partido haya tenido en elecciones. Por su parte, Movimiento Ciudadano sorprende, pues, al igual que Morena, participó sin coaliciones en la mayoría de las elecciones de este año, y contrariamente a las encuestas que lo ubicaban en riesgo de desaparecer por no alcanzar el 3% de los votos totales, el partido obtuvo el 6% con 2.4 millones de votos. Entre sus conquistas electorales se suma Guadalajara, la cual le arrebata al PRI con más del 50% de los votos del municipio. Incrementa su votación en muchos estados, incluso en Colima, donde su candidato queda en tercer lugar en las elecciones para gobernador.

 

Los perdedores: El más claro perdedor de los comicios de este año es el PRD, un partido que iguala la votación que recibió en 2009 con 4.3 millones de votos, pero que obtiene la mitad de los votos de 2012, cuando alcanzó los 9.1 millones. Si bien tradicionalmente al PRD le va mal en las elecciones intermedias, en esta ocasión obtuvo el 10.8% de los votos, tan sólo dos puntos por encima de Morena, a lo cual debe sumarse el hecho de que fue en coalición en varios distritos con partidos como el PT y Nueva Alianza. Si bien, a diferencia de Morena y MC, el PRD tiene una mayor proyección nacional, lo que podría llevarlo a recuperarse en las siguientes elecciones, el partido ha perdido una enorme fuerza, pues muchos de sus integrantes abandonaron las filas del partido poco antes de las elecciones, a lo que se suma el aumento del voto por otras opciones. Pierde presencia en el DF, su bastión, y casi la mitad de su bancada en la Cámara de Diputados.

Otro de los partidos que retrocede es el PAN, que obtiene su peor resultado electoral desde 1991, un fracaso mayor si consideramos que hace tres años estaba al frente del gobierno federal. Así, pasó de 9.6 millones de votos en 2009 a 12.8 millones en 2012, para desinflarse hasta llegar a 8.3 millones en estas elecciones. En números termina como la segunda fuerza política, pues pierde pocas curules en la Cámara de Diputados, y aunque pierde Sonora, gana Querétaro. Por otra parte, termina con una importante presencia en entidades como Nuevo León y Colima, entidad esta última donde se quedó a décimas de ganar la gubernatura. Sin embargo, el partido llega con fracturas internas, y de no renovarse y plantear una agenda de oposición diferente al gobierno del PRI, podría llegar a tener una plataforma débil para 2018.

 

Voto nulo  y abstencionismo

La apatía por las elecciones intermedias ha hecho que desde 2003 no participen en ella ni la mitad de los electores, algo que parece contradictorio, pues hoy contamos con más opciones de partidos políticos que antes y ninguno de ellos parece tener un triunfo asegurado, prueba de ello son los congresos cada vez más fragmentados que hemos tenido. El abstencionismo alcanza a más de la mitad de los electores. De esa forma, en las recientes elecciones, tan sólo el 47% del padrón electoral participó, a pesar de ello, podemos ver una tendencia ligeramente creciente si consideramos que en 2009 el índice de participación fue menor a 45% y en 2003 apenas superó el 41%.

Si el abstencionismo disminuyó ligeramente, el voto nulo también. La tendencia de crecimiento que experimentaba el voto nulo en las elecciones intermedias cayó. Así, pasamos del 2.8% de voto nulo en 1997 al 3.4% en 2003 y al 5.4% en 2009, para disminuir al 4.8% en 2015. Si bien el anulismo fue superior en porcentaje al de las elecciones de 2012, cuando no rebasó el 3.1%, el número de votos fue menor, pues los 2.4 millones de votos nulos de 2012 cayeron a 1.9 millones en estas elecciones.

Al final, la campaña a favor del voto nulo, que parecía ganar adeptos meses antes de las elecciones, se diluyó por varias razones: la primera, el surgimiento de una contra campaña que exponía lo poco práctico que sería el voto nulo, pues no afectaría a los partidos políticos y no sería para ellos otra cosa que una protesta moral de escasas consecuencias; la segunda es que las campañas a favor del voto nulo no cuajaron en un movimiento con una agenda propia, y la tercera es que sencillamente el votante prefirió inclinarse por el voto de castigo o, en su defecto, por la abstención.

 

Candidaturas independientes y paridad de género

Además del INE, la pasada reforma política de 2012 incorporó dos aspectos nuevos en esta elección: la figura del candidato independiente y la obligación de que los partidos políticos presentaran el mismo número de candidatas que de candidatos.

Los resultados conseguidos por los independientes en su primera elección fueron sorprendentes, pues tenemos al menos un ganador para cada uno de los tipos de cargos que estaban en juego. Con un financiamiento pequeño y muy limitado, los candidatos independientes ganadores nos muestran que es posible vencer en las urnas a las enormes y costosas maquinarias electorales de los partidos políticos.

El caso más sonado es el de Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como El Bronco, un militante del PRI por más de tres décadas que decidió salirse de las filas de su partido y competir por la gubernatura de Nuevo León de forma independiente. Contrariamente a lo previsible por las encuestas que ubicaban la competencia en una cerrada elección a tercios entre los candidatos del PRI, PAN y El Bronco, con éste en segundo o tercer lugar, los resultados mostraron un panorama muy diferente. Con 48.9% de los votos, Rodríguez venció al bipartidismo regiomontano, e Ivonne Álvarez del PRI quedó en segundo lugar con 23.6% de los votos, mientras Felipe Cantú del PAN cayó al tercer sitio con el 22.5%.

Por otra parte, en el municipio de García, también en Nuevo León, el candidato independiente César Valdés Martínez ganó la presidencia municipal con el 41% de los votos. Cabe destacar que El Bronco fue alcalde de García entre 2009 y 2012, y que Valdés era entonces su secretario particular. Compitiendo también por una presidencia municipal, el candidato independiente Alfonso Martínez, antiguo militante del PAN, ganó Morelia con el 27.3% de los votos, ciudad que le arrebata al PRI.

En las legislaciones locales destaca Pedro Kumamoto, que con el 38% de los votos ganó una diputación local en el congreso de Jalisco, representando a Zapopan. Kumamoto sobresale por varias razones. A diferencia de los otros independientes que resultaron ganadores, él no ha militado o es cercano a algún partido político; además desarrolló una campaña muy austera, en la que gastó sólo $18 mil pesos del financiamiento público y $224 mil pesos más que recibió en donaciones, cifras que él mismo transparentó tras ser electo.

A nivel federal, Manuel Clouthier, ex militante panista, ganó con 42% de los votos la diputación federal en el distrito electoral V, con cabecera en Sinaloa, convirtiéndose así en el primer legislador electo con esta figura.

Otro punto a considerar en estas elecciones es la obligación que tienen los partidos políticos de cubrir una cuota de género del 50-50%. En consecuencia, es muy probable que en estas elecciones el porcentaje de mujeres en la Cámara de Diputados aumente. De entrada, 110 mujeres han obtenido el cargo de diputadas por mayoría relativa, a las que pronto se sumarán las que accedan por la vía plurinominal.

En otros niveles hay avances muy pequeños. De las once mujeres que compitieron por una gubernatura, sólo una ganó: la priista Claudia Pavlovich en Sonora, que será la primera mujer gobernadora desde que en 2012 Ivonne Ortega terminó su sexenio en Yucatán. Otras mujeres, como Beatriz Mojica (PRD), en Guerrero, e Ivonne Álvarez (PRI), en Nuevo León, quedaron en segundo lugar, mientras que en Campeche, Layda Sansores (Morena) se ubicó en tercer sitio.

 

Conclusiones

Como consecuencia de las elecciones de 2015 emerge un panorama político caracterizado por la fragmentación del poder, producto de un voto de protesta de tres tipos: 1) voto de castigo en contra de los partidos políticos que actualmente gobiernan en su distrito electoral o entidad, 2) voto por candidatos independientes, que puede interpretarse como un voto en contra de los partidos políticos en general, y 3) voto nulo y abstencionismo intencional, que se entiende como una protesta contra el sistema electoral y la partidocracia.

El voto de castigo explica por qué hubo alternancia en 102 de los 300 distritos electorales, en 5 de las 9 gubernaturas, y en 9 de las 15 capitales estatales en juego, así como por qué el PRI obtiene su segundo peor resultado en elecciones legislativas en la historia, y el PAN y PRD tienen sus peores votaciones desde 1991. En sentido opuesto, explica también el aumento de votos para partidos pequeños y nuevos como el Verde, Movimiento Ciudadano y Morena.

A nivel federal, estos resultados hacen aún más incierto el panorama rumbo a las elecciones de 2018, pues los partidos grandes pierden terreno, al tiempo que viven pugnas internas como las del PAN por la dirigencia del partido o las del PRD por los resultados obtenidos, mientras que los partidos ahora medianos carecen de una proyección nacional para competir por sí solos por la presidencia del país; es sin embargo en el terreno local donde sientan las bases para cambios más rápidos, pues los partidos medianos podrían avanzar en diversas entidades, tal es el caso de Morena en el Distrito Federal, de Movimiento Ciudadano en Jalisco y del Partido Verde en Chiapas.

Con un panorama político tan incierto, lo único que queda claro es que los electores –aunque no con una intención conjunta– decidieron castigar a los partidos políticos y fragmentar el poder. La pregunta que queda en el aire es si existirá un partido político o un candidato independiente que sepa reconstruir ese poder y ganarse la confianza de los electores en 2018.

 

 

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Héctor E. Herrera Capetillo (Ciudad de México, 1987). Licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Conductor del programa de radio en internet sobre temas internacionales El Aleph (www.elalephradio.org), transmitido por ComUnica Radio, así como del programa radiofónico Torre de Babel, que se transmite por Radio Ciudadana, 660 AM. Es integrante del consejo editorial de Cuadrivio.

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