Amnesia en División del Norte

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Arturo González Canseco

Me propuse preguntar a 100 personas si conocían el porqué del nombre Avenida División del Norte. Recorrí desde Miguel Ángel de Quevedo hasta Cuauhtémoc, que es donde se encuentra la estación de metro con el mismo nombre. Presentí que habría disparidad y serían más los que no sabrían, pero no imaginé que el margen de diferencia fuera tan amplio. Desde ya les doy los números: 73 no supieron; 9 respondieron similar a: «es por algo de Pancho Villa ¿no?»; sólo 18 sí supieron.

Es domingo y el transporte público va semivacío. También es primavera así que abundan los shorts y las gorras, los vestidos y los lentes oscuros. Las familias se abastecen para la semana, ya sea en los tianguis o en los supermercados. El mediodía es perfecto para que los vecinos platiquen de los resultados de la liguilla del futbol mexicano, las señoras del concierto que Miguel Bosé dará en el Zócalo con motivo del 10 de mayo. Se percibe el ánimo relajado. Los únicos que visten de manera formal son los Testigos de Jehová y los empleados de Carlos Slim.

Comienzo el trayecto justo en el Sanborn’s de División del Norte y Miguel Ángel de Quevedo. Una de las más de 400 sucursales que existen en el país (sin contar las tres de El Salvador ni la de Panamá). Me acerco a la sección de Libros y Revistas y me dirijo a la persona que atiende (invento un título):

—¿Tienes el libro Historia de la División del Norte?

—¿Cuál?

Historia de la División del Norte.

—¿De la calle?

—No. ¿Nunca lo habías escuchado?

—No, no lo manejamos.

Desde ahí me di una idea de cómo irían las cosas. Seguí caminando por esta avenida de contrastes (como todo México). Las primeras calles que vi llevan nombres como Inglaterra y Canadá pero más adelante ya se encuentra uno con Xicoténcatl y Popocatépetl. Es posible observar un café tradicional llamado «El Jarocho» y a unas cuadras un Starbucks. Hay restaurantes típicos pero también McDonald’s.

La pluralidad de gente que transita por esta avenida es asombrosa. En la explanada de la delegación Benito Juárez me encontré a un grupo de chavos «echando la reta». Mochilas cual postes, algunos sin playera, todos gritando a la menor provocación. Aproveché que la jugada se encontraba en el área contraria y le pregunté a uno de los porteros —¿Sabes qué era la División del Norte? —Es ésta de aquí (me respondió apresurado sin perder detalle del juego). —No, que si sabes por qué se llama así. —¡Pus’ no!

En los cruceros no faltan los vendedores de periódico, de dulces, los organilleros y los limpiaparabrisas. Hay muchas farmacias, un OXXO, un par de gasolineras, automotrices y una zona con amplísima variedad de pisos, azulejos y muebles de baño. Los automovilistas pitan a la menor provocación y muchos confieren al peatón el don de la invisibilidad.

Muy cerca de la Alberca Olímpica encontré a un hombre ya mayor, sentado en la acera y con su cerveza a un lado. Muy amable me dijo que le podía hacer todas las preguntas que quisiera. Solté la interrogante y sabía bien del tema. Me platicó que un tiempo dejó la bebida inspirado por Villa. «La gente no me cree pero Pancho Villa no tomaba, eso sí, bien mujeriego pero nada de borracheras».

Así es, dicen que Pancho Villa tuvo más de veinte matrimonios y lo que le gustaba eran las malteadas. En Chihuahua implementó la ley seca. Cuando en 1914 se dio el encuentro en Xochimilco, Zapata le tuvo que insistir más de diez veces para que se echara un trago de coñac. Todo el tiempo se está hablando de Villa pero la gente olvida. Ahí está, inaugurado en 1986 dentro del Monumento, el Museo Nacional de la Revolución. Hace unos años Paco Ignacio Taibo II publicó la biografía definitiva de Villa. En estos días se encuentra en las mesas de novedades la novela de Pedro Salmerón La cabeza de Villa, basada en el hecho verídico de que después de haberlo asesinado a más de 100 balazos, de la tumba robaron la cabeza.

Todo eso lo fui platicando con mis cien entrevistados. Con la mayoría de las personas fue un diálogo casi monosilábico pero con varias entablé un encuentro enriquecedor, a un lado del puesto de tacos de canasta, abajito de una banqueta llena de basura porque del bote receptor ya sólo queda el soporte, sentados en un parabús cuyo modelo del retrato tiene pintados con plumón unos bigototes a lo Salvador Dalí.

Al fin llegué al metro. A la estación se le puso el nombre a finales de los 60 cuando en esa glorieta, que conforma el entrecruzamiento de División del Norte, Cuauhtémoc y Universidad, había una estatua de Pancho Villa que después se trasladó al Parque de los Venados. Ha empezado a caer una leve llovizna y se me han enrojecido los ojos de tanta caminata. Para no variar, de acuerdo con la Comisión Ambiental Metropolitana, han sido días de «mala calidad del aire» y se activó la precontingencia ambiental. Desde hacía 10 años no se establecía el Doble Hoy No Circula y este fin de semana nos tocó. 4.5 millones de vehículos circulan en la zona metropolitana, lo que ha generado que se rebasen los 150 puntos IMECA. Bajo al subterráneo y me acerco al policía que cuida el acceso, tomo ahora de pretexto la Cineteca Nacional que está cerca del lugar:

—Disculpe, ¿cómo llego a la Cineteca?

—Este… ¿no le dieron la dirección?

—Me dijeron que está en Cuauhtémoc, por el metro División del Norte.

—Uy no, es que es muy grande Cuauhtémoc.

—Igual que División ¿verdad?

—Sí, también.

—¿Y usted sabe por qué se llama así esta estación?

—Pues sí, porque así se llama la avenida que está aquí afuerita.

Este 2013 se cumplen 135 años del nacimiento de Pancho Villa (5 de junio) y 90 de su muerte (20 de julio). El hombre que comandó la organización militar denominada División del Norte, integrada por más de 20 mil hombres que se calcula dieron muerte a 43 mil. José Doroteo Arango Arámbula puso en jaque a nacionales y extranjeros, aún vivo ya era una leyenda y buscó una revolución que en verdad cambiara la realidad de las mayorías.

Quien encuentre la cura para la desmemoria tiene en este país un nicho que lo puede hacer millonario.

En fin, al menos 73 personas más ya saben qué fue la División del Norte.

Arturo González Canseco

12 de mayo de 2013

@arturo1085

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Arturo González Canseco (ciudad de México, 1985) realizó estudios de Comunicación Social por la UAM Xochimilco y de Letras Hispánicas por la UNAM (FFyL). Periodista digital con inclinación hacia los libros, el cine y el teatro. Trabaja de tiempo completo en Playboy México y es miembro del consejo editorial de Cuadrivio.

Revista cultural

1 comentario

  1. mariluz cordova

    13 Agosto, 2016 at 16:52

    pésimo artículo, mucha palabra y en definitiva no dijo nada.

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