«Amarás a Dios sobre todas las cosas», de Alejandro Hernández

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Abraham Miguel Domínguez

Con Amarás a Dios sobre todas las cosas, Alejandro Hernández nos recuerda las virtudes del verdadero realismo literario, del cual nuestra tradición ha bebido por más de un siglo. Alejado completamente del fatigado artificio de la literatura del norte o de la narcoliteratura, Hernández teje una trama que navega en el suspenso, en el realismo y la brutalidad, pero no se queda ahí. Si bien la novela trata sobre la migración centroamericana, el tema que rodea a la narración es la imposibilidad de la vida. En el siglo XIX, Charles Dickens construiría todo un mundo romántico con el foco puesto sobre las clases menesterosas; en Francia, Víctor Hugo se impuso la difícil tarea de reconstruir la miseria humana para mostrarla. Alejandro Hernández, con una escritura afilada, incursiona en lo mismo pero con el recurso actualizado.

La novela, que en cierta manera retoma el naturalismo, habla sobre un muchacho, Walter, y su familia hondureña que buscan mejores condiciones de vida. La pobreza, la ignorancia y la falta de alimento los obligan a buscar mejores oportunidades en Estados Unidos. Trazan un plan para llegar a México y de ahí lograr la tan anhelada llegada al sueño americano. Con maestría y precisión, resultado de una obvia y profundísima investigación, Hernández narra las dificultades que la familia de Walter y él mismo tendrán que enfrentar. Todo sucede en un mundo desolado, en donde el anhelo por una vida mejor choca con la realidad y se convierte en terror. Realmente se tiene poco para salir adelante.

La precisión de la información que se presenta en la novela no es un impedimento para el artificio artístico. El autor logra construir personajes de carácter universal. Personajes que sufren y viven perdidos en una vida que parece no tener ningún sentido, aunque ellos tratan de ponérselo. Walter, inocente presa de una situación miserable, trata de vivir su vida acorde a sus deseos. En algunos momentos de la novela, el personaje lucha por ser un chico normal, a pesar de estar en una situación que lo obliga a lo contrario. A manera de un Bildungsroman, Hernández logra introducir, en medio de una gran tragedia, ritos de iniciación, la ganancia y la pérdida de un ser humano que apenas está aprendiendo a vivir.

La segunda parte de la novela cambia ligeramente el tono. Se vuelve negra. Hasta policiaca por momentos. Sin embargo, Hernández nunca deja de lado los golpes dramáticos y sentimentales. Valiéndose del melodrama, el recurso nunca se vuelve excesivo. Al contrario, no existe ninguna otra manera de narrar una tragedia humana de tal magnitud que pasa delante de nuestros ojos. Todo esto, en lugar de estorbar, es lo que le da a la novela un carácter de grandeza emocional. Además, la narración en primera persona hace al lector como quiere: lo intriga, lo devasta. Uno es Walter mientras lee la novela. Es prácticamente imposible no sucumbir al desgarrador muestrario de imágenes que ilustran la historia. Existe de todo: terror, amor, desamor, libertad, vida y muerte.

La tragedia nunca llega sola. Y las clases bajas, las indefensas, sufren los embates del mundo y del tiempo como pueden, con lo que tienen, que es poco. Amarás a Dios sobre todas las cosas es una narración que nos pone en el espejo. Como mexicanos sufrimos la crueldad en la frontera con Estados Unidos, pero la novela nos revela que nosotros también somos verdugos terribles y maestros de la crueldad.

La novela de Hernández es, además de todo lo anterior, un tratado sobre la esperanza. ¿Sirve de algo sentirla? El panorama que el escritor nos construye con un realismo recalcitrante nos lleva a preguntas que rompen nuestro sistema convencional de creencias. ¿Cuál es el lugar de la fe en medio de tanta desgracia? La familia de Walter, al no tener nada, va a otro país en busca de trabajo para poder vivir mejor. No saben, sin embargo, que la misma vida les ha construido un muro que no los dejará escapar tan fácilmente. Es la lucha entre los ideales y lo que no puede ser. El determinismo de la narración es otro tema. Peligroso y real.

No existe novela perfecta. Amarás a Dios sobre todas las cosas en ocasiones se detiene en nimiedades. Pero recordemos que la vida, común y corriente, está llena de ellas. Walter se da tiempo para amar, leer y apasionarse por el futbol. Lo anterior lo único que logra es que la novela se vuelva real, conmovedora y cercana.

Leer Amarás a Dios sobre todas las cosas es introducirse en un mundo en donde la luz se esconde y cuesta demasiado encontrarla. Es el mundo de los que tienen poco y necesitan más sólo para disfrutar de las cosas sencillas de la vida. Novela sublime, humana y terrorífica. Un gran y devastador testimonio de nuestro tiempo.

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Abraham Miguel Domínguez. Narrador y ensayista. Tiene estudios de Letras Modernas Inglesas en la UNAM, de Escritura Creativa en la UCSJ y de Literatura y Creación Literaria en Casa Lamm. Es autor del cuentario El corazón suave. Actualmente trabaja en un libro de ensayos sobre la obra de Charlotte Brontë.

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