Columnas, Contra el olvido

Leonel Rugama. Un poeta nica

1 Comment 14 marzo 2013

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Óscar Muciño

La existencia de Leonel Rugama fue breve: nació el 21 de marzo de 1949 y murió casi 21 años después, el 15 de enero de 1970. Creció en la coyuntural década de los 60, que albergó movimientos contraculturales como las protestas situacionistas en París, las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos, las guerrillas y las protestas estudiantiles en México, la reciente victoria de la revolución cubana y el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua. Leonel nació en el departamento de Estelí, Nicaragua, cursó estudios primarios en la ciudad universitaria de León y luego ingresó al Seminario Nacional de Managua. Continuó sus estudios en ciencias exactas de forma autodidacta, por falta de recursos. Escribía además para Novedades Cultural.[1] Siguió el impulso de muchos jóvenes nicas de su época ante la dictadura que consumía a su pueblo, y no teniendo a suficiente su labor como periodista, decidió enrolarse en el FSLN. En su poema «Biografía» escribe:

 

Las sirenas del mundo guardaron silencio,

jamás detectaron el incendio de su sangre.

El grado de sus llamas

se hacía cada vez más insoportable.

Hasta que abrazó con el ruido de sus pasos

la sombra de la montaña.[2]

 

Leonel murió en batalla enfrentando, junto con tres compañeros, a una tropa que, pensaban, estaba cercando a más hombres; cuando les pidieron que se rindieran Leonel gritó: «¡Que se rinda tu madre!». Su muerte, «heroica y conmovedora», provocó que Rugama adquiriera la categoría de mártir y mito de la Revolución, pues además cumplía con cierto ideal de artista revolucionario de aquel entonces. Adolfo Sánchez Vázquez en 1968 escribía para la revista Casa de las Américas lo siguiente:

 

De ahí la doble necesidad (para el artista) de ser revolucionario ‒es decir, verdaderamente creador‒ en el arte, y de disipar la ilusión ‒alimentada por ideólogos burgueses‒ de que termina ahí la revolución para el artista, y de que su conformismo político y social es necesario ‒e incluso indispensable‒ para ser revolucionario en el terreno de la creación artística.[3]

 

Más allá de la beatificación del Rugama «guerrillero» estamos ante un poeta que en la breve obra que dejó, poco más de 24 poemas, no sólo entrelazó la vanguardia política y la vanguardia poética, sino que conformó una obra experimental e incluyente. Su poesía, si habría que ubicarla en alguna corriente, está cercana al exteriorismo de Cardenal, inclinación no exclusiva de Rugama sino de muchos jóvenes de los años sesenta. Cardenal definía al exteriorismo como:

 

[…] la poesía creada con las imágenes del mundo específico, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el mundo específico de la poesía. El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos. En fin, es la poesía impura.[4]

 

Esta postura poética no es lejana a la planteada por la antipoesía de Parra, sin embargo el tono de Cardenal en el poema «Hora Cero» (inaugural del exteriorismo) es más áspero que el de los versos de Parra en Poemas y antipoemas, «áspero» entendido como no pulido, sin armonía, pero también disidente. Esto lo aprenderá Leonel.

El poema de Cardenal aparece en la Revista Mexicana de Literatura en 1957. Leonel Rugama escribe sus poemas entre 1968 y 1969. Representa otro momento poético: el de una generación que ha filtrado y cuenta entre sus herramientas tanto las libertades verbales conquistadas por las vanguardias como el tono político-poético de Cardenal.

Rugama sostiene correspondencia con Pablo Antonio Cuadra, a quien envía cuatro poemas, conoce a Cardenal y Coronel Urtecho. Moisés Elías Fuentes anota que:

 

[…] la generación literaria nicaragüense de los años sesenta encuentra, como punto de equilibrio, a tres generaciones de escritores que habían dado a la literatura nicaragüense no sólo cohesión interna, sino también presencia en el exterior. La comunión y la comunicación entre las distintas generaciones de escritores en Nicaragua se convierte en la década de 1960 en una constante que fortalece a la diversidad de propuestas literarias que aparecen en aquel momento.[5]

 

Y aunque la poesía de Rugama puede etiquetarse como exteriorista, es más una poesía personal que describe su «mundo específico»; no sólo aborda la esfera de lo político como el poema «Hora Cero», sino que ahonda en los momentos de lo cotidiano, en la descripción de la naturaleza, haciendo uso de los recursos expresivos ganados por sus antecesores. Los poemas están llenos de registros verbales y de influencias, pero hallan una mezcla propia, efectiva.

Dos temas principales se identifican a lo largo de los versos de Rugama: vida diaria y vida social. El primero es expresado en la narración de acontecimientos cotidianos; el segundo está encaminado hacia la tarea de «la lucha de la cultura dentro de la lucha por la transformación revolucionaria». Para abarcar ambos temas el poeta nica opta por poemas largos (aunque no de la dimensión de los de Cardenal) que se construyen en torno a una línea isotópica principal de la que se desprenden distintas narraciones y motivos. Por ejemplo, el poema «De ida» inicia con la imagen de un negro tirándose clavados desde un puente. Esta imagen lleva a la remembranza de la ceremonia de inauguración del puente «más largo de Nicaragua», evento que encabeza el «presidente» Somoza:

 

sólo me acuerdo que ese día (el día de la inauguración

          de la inauguración del puente

          del puente más largo de Nicaragua

           del puente sobre el río Siquia)

toda Novedades salió llena de fotos

y en las fotos salía Somoza y el puente.

 

En la segunda parte un hombre, cuya lancha da vueltas sobre el río Siquia, expresa una preocupación llana de manera llana:

 

al principio de las vueltas y vueltas del lanchón

estuve con la preocupación

y con la esperanza que al final de tanto vuelterío

pasara por debajo del puente

porque allí estaban unas muchachas lavando

y a una de las muchachas

le había visto las tetas de largo

y se las había visto grandes

y se las quería ver de cerca.

 

En la última parte del poema, Rugama describe la belleza que pierde el río al ensancharse en mar:

 

Después de un gran oleaje en la bahía

donde el agua ya no era el agua bella del río

y que poco a poco el río se había ido ensanchando

y perdiendo el color verde oscuro

                                  verde oscuro y transparente

como pedazos de vidrio de las botellas de Cola «Shaler»

                                 (verde oscuro y transparente)

y el olor a tierra suavemente humedecida

y los árboles

               en las orillas de tupida vegetación

y los árboles inclinados hasta el agua del río

como bebiendo agua

                    o como hindúes postrados ante el paso del Rajá.

 

En este poema no sólo discurren varias líneas narrativas, también existen distintos tonos y temas dentro del poema. Rugama pasa del prosaísmo a la descripción poética de la naturaleza, del cuadro personal a la metáfora social. Y si al final ronda la figura de Somoza, su presencia no eclipsa la energía de los detalles de la esfera vital.

Si en «De ida» se describe la naturaleza y la perspectiva en tercera persona, habrá otros de franco tono autobiográfico, como «O jugar ajedrez», poema en el que Rugama narra las tardes en casa de su amigo Carlitos Argeñal. La capacidad de asimilación de lenguajes en el poeta para describir su «mundo específico» es patente en el poema, en él utiliza la notación del ajedrez para crear la imagen de un inicio de partida:

 

Peón rey cuatro rey (PR4R)

peón rey cuatro rey (PR4R)

alfil rey cuatro alfil (AR4A)

caballo dama tres alfil (CD3A)

                                     (protegiendo su peón central)

caballo dama tres alfil (CD3A)

                                     (protegiendo su peón central)

Alfil rey cuatro alfil (AR4A)

                                     (desarrollándose)

caballo rey tres alfil (CR3A)

                                     (atacando peón central

                                     defendido por el caballo)

la apertura siempre era rápida y en silencio

 

Así Rugama logra crear varias texturas verbales dentro de sus poemas. No sólo utiliza un lenguaje cifrado, sino que trae a la mente del lector la representación de la partida, y  además experimenta con las deformaciones fonológicas para transportar las conversaciones que rodeaban las partidas:

 

y al rato

caballo siete dama (C7D)

                                        y yo quedaba diciendo

bueeno, bueeno, bueeno, bueeno

bueeno, bueeno, bueeeeno, bueeeeeeeeno

ajá?

 

En la recopilación de voces que hay en la poesía de Rugama caben anuncios, notaciones, cifras, expresiones coloquiales, onomatopeyas. En «Aguantando el solazo»:

 

Y los pof pof arrimando al muelle

                                        lentamente

                                        con sus bocanadas de humo

                                        pof-pof-pof-pof-pof-pof-pof

[…]

La primera cuadra toda llena de rótulos

Comidería

          Hospedaje

                Hong Kong

                            se vende

                                        se compra

                                 pulpería

 

La representación exteriorista de Rugama, como he mencionado, se detiene en los aspectos cotidianos e intenta transmitir la fuerza vital de ellos. En otro poema, «Juegos», narra el paso de la infancia a la adolescencia; cuando habla de la infancia describe las chibolas o canicas y se detiene en los colores de cada una:

 

rojas amarillas y verdes

rojas con amarillo y verde

claras, oscuras, tiernas

                                  olivo

                                       marino

                                             celeste

 

La repetición, se ha notado, es frecuente en Rugama, pero su uso es eficaz. Aquí, por ejemplo, con la incorporación de una preposición varía el significado en la descripción o, en este mismo poema, mediante la repetición carga de significación imágenes, como la de las tortillas frías que nunca llegan a tiempo por las distracciones lúdicas.

Otro aspecto presente es la autoreferencialidad. Ésta es común en los poemas de tema amoroso, aunque en «O jugar ajedrez» se encuentran, en su última parte, los siguientes versos:

 

Por el club siempre pasaba una muchacha

pero por la acera de enfrente

la misma muchacha a la que le he dedicado varios poemas

a la que me quedaba «ido viéndole las piernas»

                                                                (de otro poema)

 

El poema que alude también narra otra distracción del poeta, esta vez mientras explica la «Teoría del residuo» en clase, y hay una serie de poemas que narran la búsqueda en los buses del rostro de la chica. En la mayoría de estos poemas prevalece el tono epigramático.

Con respecto al tema social, los registros que Rugama utiliza son variados: enlaza la actualidad con los orígenes de la civilización, creando metáforas que pasan como críticas sutiles a la sociedad capitalista; ejemplo: la acumulación de cajas de cervezas vacías le recuerda las ruinas de antiguas civilizaciones:

 

y montones de cerros

                            de cajillas de cerveza vacías

dando la impresión de cualquier desaparecida civilización india

dando la impresión de fabulosas pirámides

con largos sufrimientos de la intemperie

«Aguantando el solazo»

 

O los más antiguos vestigios de presencia humana en América Central se trivializan en «Acahualinca es un paseo». O enlaza el origen de la vida con el origen del fuego, de la civilización, como en «Safo no»:

Al chocar

las piedras

tu padre

  o

 mi

padre

encendieron el fuego

Y

al roce

de nuestras almas

se humedecerá la carne.

 

En otros poemas vincula a los revolucionarios con los santos. No es raro que la lucha guerrillera empalme con el espíritu del cristianismo primitivo, comparten la marginalidad y el amor al prójimo. Aunque Rugama no alcanza el misticismo de Dalton, sí utiliza el tono salmódico y genealógico cuando habla de Sandino y el Che, y les da tratamientos de beatos, además de mezclar la cronología y unir los orígenes de las luchas armadas de Latinoamérica:

 

Javier Mina engendró a Emiliano Zapata;

Emiliano Zapata engendró a Pancho Villa; Pancho Villa engendró a Guerrero;

Guerrero engendró a Ortiz;

Ortiz engendró a Sandino;

Augusto César Sandino

 

Su poema más conocido, «la Tierra es un satélite de la luna», echa mano de la forma del planteamiento de los problemas matemáticos, contrastando el costo de los Apolos con el hambre de los nativos de Acahualinca.

 

El apolo 3 costó más que el apolo 2

el apolo 2 costó más que el apolo 1

el apolo 1 costó bastante

[…]

Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por hambre,

y tienen hambre de nacer, para morirse de hambre.

 

Leonel Rugama sólo alcanzo a escribir poco más que una veintena de poemas, pero en ellos experimentó e incorporó las más variadas formas del decir a su poética, formando una voz fresca que no temía a ningún habla o recurso verbal, ni a la exposición de las tendencias políticas; sin embargo resulta curioso que Rugama nunca habla de su labor con las armas, sólo convoca, no se enaltece, pero su vocación está plasmada en aquellas líneas que escribió:

 

Porque los héroes nunca dijeron

                                        que morían por la patria,

sino que murieron.

 

 

Los poemas de Rugama pueden leerse en:

<http://thesolipsta.wordpress.com/>.

 

 

 

 

NOTAS

[1] Estos datos aparecen en una «Nota autobiográfica» escrita por Rugama.

[2] Rugama, Leonel,  La tierra es un satélite de la luna, Cuba, Casa de las Américas, 1982, p. 125. Todos los poemas citados pertenecen a este libro.

[3] Sánchez Vázquez, Adolfo, Sobre arte y revolución, México, Grijalbo, 1979,  p. 17.

[4] Apud Anaya, José Vicente, «El amor, vínculo vida-poesía en Ernesto Cardenal», en Cardenal, Ernesto, Canto Nacional, México, Ediciones Laberinto, 2009, p. XI.

[5] Elías Fuentes, Moisés, «Poesía nicaragüense contemporánea», en Alforja Primavera 2005. Recuperado de: <http://www.alforjapoesia.com/monografico/contenidos/monografia_32.pdf>.

____________

Óscar Muciño (1984). Escritor y traductor. Estudió letras en la FES-Acatlán, UNAM. Ha publicado cuentos, poemas y ensayos en distintos medios impresos y electrónicos del país. Fue incluido en la antología poética 40 Barcos de guerra (2009). Puede leerse en: <http://thesolipsta.wordpress.com/>.

 

One comment on “Leonel Rugama. Un poeta nica

  1. Dayan Morales Molina on said:

    Comparto mi Concierto Musical Como los Santos.
    Celebrando el nacimiento del Poeta Leonel Rugama R 21 Marzo 2014 #Chinandega #Nicaragua
    Dirección: http://youtu.be/cWvYi1Sg2Kc
    Poema: Como Los Santos Autor: Leonel Rugama
    Fragmentos:
    Sandino
    El “Che”
    Miguel Ángel Ortéz
    Jorge Navarro
    Selim Shible
    Julio Buitrago

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