Columnas, Recuperando lo politico

La marcha #YoSoy132: lecciones y construcciones por venir

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Alejandro De Coss

Este 19 de mayo tuvo lugar la marcha llamada «YoSoy132» (en alusión a los 131 alumnos de la Universidad Iberoamericana que subieron un video en el que demostraron no ser porros). Según reportes del gobierno del Distrito Federal 46,000 personas se reunieron en el Zócalo y marcharon hasta el Ángel de la Independencia. Las consignas que dominaron el suceso fueron en dos sentidos: el primero, un rechazo a la posible llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia; el segundo, una crítica a la cobertura mediática de las campañas electorales, tanto en televisión como en prensa impresa. Ambos elementos se interrelacionan profundamente, y de una forma tal que puede explicar la particularidad de la marcha: parecía ser una manifestación en contra de un gobernante y no de un candidato.

Lo aparentemente paradójico de esta característica se conjura observando la manera en la cual se construyó la candidatura de Enrique Peña Nieto (EPN) y su apabullante ventaja. En muchísimos medios de comunicación, y de manera central en los de alcance nacional, se ha dado como un hecho la victoria del PRI-PVEM en las próximas elecciones. Tomando como marco referencial las encuestas (cuyas metodologías son blanco de múltiples críticas), se ha dicho que no hay manera de que ningún candidato alcance a EPN. A pesar de que, por ejemplo, la encuesta de Covarrubias y Asociados del día 21 de mayo de 2012 marca un significativo acercamiento de Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota al puntero EPN, la distancia sigue siendo significativa. Ha sido sobre la estadística que la inexorabilidad de la victoria se ha construido, a través de opiniones de diversos comunicadores en medios varios, y es esa estadística parte integral del cuestionamiento popular y el rechazo a la candidatura de EPN.

Se percibía en las calles, el 19 de mayo, que las estadísticas, las columnas de los diarios Milenio o La Razón, por ejemplo, o la cobertura mediática y la presencia propagandística de EPN en Televisa, formaban parte de un mismo conglomerado de preferencias mediáticas diseñadas para proteger y encumbrar al candidato del PRI. Por ello considero que se ha hablado reiteradamente de imposición. No se trata de un ejército en las calles sosteniendo a un recién ascendido dictador golpista, o de un fraude orquestado en las urnas a través de la corrupción. Lo que la población que en esas marchas se ha manifestado pudo percibir es que la imposición es la negación de la posibilidad de la derrota del priismo. Se ha nombrado imposición no la de un candidato en sí mismo como presidente, sino la de la visión que dice que no puede ser derrotado, y que conlleva como consecuencia lo primero. Esta marcha, en ese sentido, es una afirmación positiva del derecho del ciudadano a elegir sus gobernantes haciendo uso de información veraz y suficiente.

Hay una demanda, entonces, relativa al rol de los medios en una democracia. Se exigió a los medios ser objetivos (no neutrales, condición negada por el libre uso de la razón del periodista, que le obliga a preferir distintas opciones, y a la necesidad de un periodismo crítico), y no actuar como herramientas de propaganda. Se exigió a los medios reportar de manera oportuna y veraz la oposición que desde el viernes 11 de mayo se le presentó a EPN. Se pidió no llamar a los estudiantes de la Ibero acarreados, sino lo que son: estudiantes. Se solicitó aclarar los supuestos contratos que EPN tiene con Televisa, que obligarían a la televisora a cubrir de forma positiva al candidato, y que habrían comprado espacios publicitarios disfrazados de periodismo. Se exigió, pues, un valor central en una democracia contemporánea: el derecho a la información.

Pero no únicamente de ello se trató la marcha. Si por un lado se ha comenzado a hacer patente que hay una voluntad popular por acceder a información veraz y crítica, también se ha mostrado que hay sectores de la población que están relacionando la vuelta del PRI con la del autoritarismo. De nuevo el punto de inflexión puede encontrarse en los sucesos de la Ibero. La respuesta del candidato presidencial sobre su responsabilidad en los sucesos de Atenco ha sido comparada hasta la saciedad con las declaraciones de Díaz Ordaz en los días posteriores al 2 de octubre de 1968. En ambos casos está presente la idea de que se puede justificar la represión y la violencia desmedida con el argumento del sostenimiento de la ley y el orden, y que después se puede aceptar la responsabilidad de forma personal sin que ello conlleve ninguna consecuencia jurídica. Ley rota por la represión, orden sólo temporal, creado a través del miedo. Las respuestas de las cúpulas priistas también remitieron a este pasado obscuro, que México no olvida, pues ahí dio los primeros pasos para una transición democrática aún incompleta.

De tal forma tenemos dos elementos: el primero, la cobertura mediática parcial e insuficiente, que acalla Atenco y presenta a los estudiantes como intolerantes antes que como críticos. Por otro lado, están el mismo Atenco y las ligas obscuras del candidato priista que no dejan ver la existencia de un «nuevo PRI» más allá de lo discursivo. Es necesario considerar que ambos elementos están cercanamente interrelacionados. Es decir, la cobertura mediática responde a pactos y estructuras políticas que caracterizan la forma histórica de operar del priismo y el modelo de política institucional que construyó. El apoyo que Televisa o los diarios referidos dan al candidato del PRI se refiere, más que a un asunto de potenciales pagos, a un tema de propiedad y poder.

Si se revisan las propuestas en telecomunicaciones de los tres candidatos que podrían considerarse en lid, se verá que la única que no hace mención a la necesidad de impulsar la competencia en telecomunicaciones es la de Enrique Peña Nieto. La de Josefina Vázquez Mota habla de competitividad, pero no ahonda en la necesidad de mejorar la regulación (por razones ideológicas obvias, comunes a la visión económica del PAN), cosa que sí hace la de Andrés Manuel López Obrador. Así pues, en materia puramente programática una primera alianza entre los medios que se benefician del status quo y el candidato priista se dibuja. Este es el tema de la propiedad, que debe ser considerado en una nación en la que (según datos del INEGI en 2011), el 92.1% de los hogares mexicanos tenían televisión y sólo el 29.4% Internet, fuente de información alternativa y democrática. Las marchas, a juicio del autor, han fallado en capturar este tema en lo general.

Haría falta también problematizar el tema de los medios en términos del poder que detentan en tanto generadores de opiniones políticas, ontológicas, éticas y estéticas, rol privilegiado de Televisa en México. El que tienen en términos de beneficio económico, ligado cercanamente al primero, es también de considerarse. Tomemos como ejemplo de éste los beneficios cuantiosos que reciben de la transmisión de spots electorales, sin mencionar los contratos que Jenaro Villamil ha mostrado y que han sido descalificados, pero no mostrados como falsos. En un sentido más amplio, la propaganda y la publicidad, que son los ingresos más importantes de las televisoras, son también las formas en las cuales buscan transmitir los valores que se plantean como hegemónicos en una sociedad desinformada y consumista. La crítica central a EPN es que él se ha construido como un producto que encarna estos valores y defiende estos intereses. Así se lo hizo saber un estudiante en la Ibero. Así resonó en la marcha.

Ambos factores están ligados. La propiedad oligopólica de los medios permite la transmisión de contenidos que no buscan informar al televidente o lector, sino formar su opinión. A falta de espacios masivos en los cuales pueda obtener consideraciones alternativas, para aquellos que no tienen acceso a Internet, la opinión oligopólica se vuelve la opinión única, se convierte en hegemonía. Este dominio de la opinión, fundamentado en la ausencia de competencia en los medios de comunicación, y específicamente en la televisión, sumado a la baja penetración del internet y su uso efectivo, es el centro de la exigencia de las marchas de contar con más información, que permita conocer procesos esenciales, como las elecciones, de forma crítica y suficiente.

La marcha del 19 de mayo fue un importante recordatorio de la capacidad que la juventud tiene para informarse y ser crítica, y no sólo eso: hacerse escuchar por medios alternativos. Sin embargo, estas herramientas esenciales, de no convertirse en procesos de acciones organizadas, fallarán en impedir la vuelta del PRI al gobierno, objetivo expreso que han manifestado. Es decir, en la medida en que la intención de voto de EPN baje y no exista una definición correlativa de las preferencias de los indecisos por una opción distinta concreta, de poco servirá la oposición en términos electorales. De mucho servirá, en cambio, para los procesos poselectorales de politización de una juventud a la que hasta hace 11 días se llamaba apática, apolítica, desinteresada (aunque no lo fuera). Este proceso, que ha desestabilizado a la campaña de EPN y a los medios afines a él, abre un esperanzador camino en la construcción de una democracia de bases, y no de cúpulas, de participación informada, y no de elección fundamentada en la propaganda. El proceso electoral aún está lejos de terminarse, y el proceso de construcción de una democracia participativa, aún más.

¡Hasta la próxima!

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Alejandro De Coss es licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Apasionado de la filosofía, tiene un diplomado para comprobar su devoción. Actualmente explora los laberintos de la burocracia desde la Secretaría de Energía, aunque (no tan) secretamente sueñe con futuros ensayísticos y literarios.

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