Alejandro De Coss
El pasado viernes 11 de mayo, Enrique Peña Nieto acudió a la Universidad Iberoamericana (UIA) de la Ciudad de México. En el marco del foro «Buen Ciudadano», ofreció una conferencia y respondió una serie de preguntas formuladas por diversos asistentes al mismo. Mediáticamente, sin embargo, poco trascendió la discusión sobre las propuestas, que en sí no fue muy detallada, sino el ambivalente recibimiento que tuvo el candidato. Partiendo de lo escuchado en la radio, y de los videos que es posible consultar en línea, dos posturas se fijaron. Una en apoyo de Peña, y la otra, en contra.
A primera vista pareció que dos grupos de estudiantes se enfrentaban con proclamas como «¡Presidente, Presidente!» y «¡Asesino, Asesino!». El más simple sentido común dictaría que, como podría esperarse, simpatizantes y opositores de Peña conviven en la UIA; esto seguramente es así. Sin embargo, deseo centrarme en otro punto: la descalificación de la oposición que inmediatamente fue ejecutada por parte del priismo militante y actores mediáticos afines al mismo. El argumento central: la intolerancia de los estudiantes (o según alegan personajes como Arturo Escobar o Joaquín Coldwell, «porros»). Según la lógica de la defensa priista, la expresión de repudio que numerosos estudiantes crearon y reprodujeron hacia Peña anuló el intercambio de ideas e imposibilitó, en última instancia, el diálogo democrático. El argumento secundario: la infiltración perredista al foro, que provocó una propuesta organizada porril.
Las cosas sucedieron más o menos así: la conferencia había terminado. Tras esquivar negando o evadiendo respuestas directas a algunas preguntas escabrosas, como la condición de mercancía de Peña, su posición frente a la deuda adquirida por Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila y personaje cercano a la campaña del PRI-PVEM, o su relación con Elba Esther Gordillo (nada es real, nada queda en sus manos; ¿cómo podrá entonces quedar en ellas el reducir en 100 el número de diputados, si ésta, en verdad, es una decisión legislativa?), Peña se levantó. Las consignas opositoras acallaron a las de apoyo. Un grito comenzó a hacerse común: «¡Atenco, Atenco!». El candidato, que ya había aceptado hablar del tema, regresó de su despedida. Tomando responsabilidad por la decisión, y por tanto por lo ocurrido, afirmó: «Fue una acción determinada que asumo personalmente para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública.» En ese suceso, más de 20 mujeres resultaron violadas. La Suprema Corte de la Justicia de la Nación, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Amnistía Internacional y otras instancias han determinado no sólo que existió abuso de autoridad, una acción represora orquestada y dictada por el entonces gobernador del Estado de México, sino una reiterada negativa a perseguir estos crímenes de forma suficiente.
Los gritos se hicieron más fuertes; Peña abandonó el auditorio. Afuera lo esperaban los jóvenes que lo habían recibido con máscaras de Carlos Salinas. Le persiguieron, siempre a distancia, separados por el amplio cuerpo de seguridad de Peña, reclamándole airadamente su actuar, su omisión ante el crimen, su explícita aceptación de la responsabilidad de la represión en Atenco en 2006. Acorralado, con gritos de «cobarde» y «asesino» resonando en sus oídos, el candidato llegó a la salida. Esbozando una forzada sonrisa, levantó el pulgar derecho (para las cámaras más que para los estudiantes que le criticaban). Como sucede en una sociedad mediatizada, el valor simbólico del suceso ha buscado ser posteriormente impuesto.
Inmediatamente, las cúpulas priistas, encabezadas por Coldwell, tildaron de porros e infiltrados, posiblemente del PRD, a los alumnos. Arturo Escobar, del PVEM y recordado por un turbio escándalo en el cual fue encontrado con un millón de pesos en efectivo en un aeropuerto en Chiapas, fue tan lejos como para decir que no parecían ser alumnos los que protestaban, pues «se veían muy mayorcitos». Los periódicos afines al priismo reprodujeron notas en las que tildaban de éxito la visita de Peña, y de un puñado de intolerantes a los estudiantes. Así lo hizo, por ejemplo, Milenio, y con particular falta a la verdad, la Organización Editorial Mexicana, de Mario Vázquez Raña, que edita más de 70 periódicos en todo México, y que calificó de boicot el esfuerzo estudiantil y de éxito la atropellada visita de Peña a la UIA. Esas opiniones, que buscaban minimizar a la oposición, haciéndola «un puñado», o, en todo caso, desacreditarla tildándola de organización porril, encontraron un fuerte rechazo por parte de la comunidad de la UIA. Las autoridades, a través de redes sociales, defendieron en todo momento la libertad de expresión de sus alumnos. El día 14 de mayo, además, un video con 131 jóvenes que muestran su rostro, dan sus nombres y números de cuenta, demostró que eran estudiantes quienes protestaron frente a Peña en la Ibero.
Siendo endeble el argumento de la infiltración, y sobre todo recordando que cada estudiante (muchos de los que aparecen en el video manifiestan plenamente su apartidismo) es libre de elegir con quién se asocia políticamente, otro argumento, de talante moral, surgió. Se dijo que la protesta en la Ibero había sido intolerante, y que por tanto no tenía lugar en un diálogo democrático. Analicemos brevemente esta idea. Partimos, en primer lugar, del hecho de que la tolerancia, para el priismo, pareciera ser el valor central de la democracia. Cabría preguntarse si la actuación policiaca ordenada por Peña en Atenco se atuvo a este caro valor del «nuevo» PRI. Siendo la respuesta evidentemente negativa, cabría preguntarse por el valor de la tolerancia misma en la democracia.
Tolerancia, diríamos, es el respeto a la posición del Otro, aun cuando ésta no sea compartida por nosotros. El priismo rompe con esta noción, al mentir descaradamente para intentar desacreditar a sus adversarios. Sin embargo, esto es sólo un detalle. La tolerancia, si no es entendida como algo con límites intrínsecos, puede convertirse en un argumento a favor de la apatía, el inmovilismo y la sumisión. La tolerancia, pues, no debe confundirse con permisividad de la opresión. No debe confundirse con soportar abnegadamente la acción desmedida, violenta y criminal del Estado en contra de sus pobladores. No debe confundirse con callar ante la descalificación y la mentira descarada, iniciada por Coldwell y replicada por todo el priismo militante en redes sociales y en discusiones públicas. No debe tomarse tolerancia como la ausencia de conflicto. Iluso sería pensar en un sistema democrático que no tuviera explosiones de rabia e indignación. Eso no sería una democracia, sino una tiranía. Un grupo pequeño de individuos, actuando a su voluntad, y exigiendo de los gobernados absoluta tolerancia a sus atropellos. Es imposible tolerar aquello que es intolerable, como la impunidad, la corrupción, la violencia desatada por el Estado con absoluto cinismo y nula voluntad de apego a la ley, de protección de los derechos de los ciudadanos. Es imposible tolerar la mentira organizada, la descalificación planeada y ejecutada mediáticamente, a través de voceros afines al priismo, con quienes además se alega existen acuerdos económicos que les benefician a cambio de una cobertura positiva de Peña, y que criminalizan la protesta y convierten en porro intolerante al legítimo disidente. Es imposible tolerar la vuelta a los regímenes autoritarios del México del pasado, que hoy con preocupación se replican en los argumentos de Peña sobre Atenco, y de Coldwell y compañía sobre los alumnos de la Ibero. Es imposible tolerarlo, y por ello debemos oponernos. Es imposible tolerarlo, y por eso los alumnos de la Ibero no son 131, sino muchos más. Los alumnos de la Ibero somos todos aquellos que creemos que el derecho a disentir, y a no tolerar la opresión, son inherentes al ser humano, y no pueden ser negados por el interés de un grupo político. Ante la manipulación mediática, la toma de conciencia.
¡Hasta la próxima!
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Alejandro De Coss es licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Apasionado de la filosofía, tiene un diplomado para comprobar su devoción. Actualmente explora los laberintos de la burocracia desde la Secretaría de Energía, aunque (no tan) secretamente sueñe con futuros ensayísticos y literarios.










La redacción pensada y estructurada; el análisis crítico y atinado; y tu expresión original y trascendente (al menos, en este ex-colego y servidor mi buen). Muchas felicidades y sigue pa delante Alex!! )