Columnas, Contra el olvido

El poema que nadie ha escrito

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Hiram Barrios

Todos los caminos

conducen al silencio.

Carlos Isla

 

El humor no es, como reza el programa televisivo, «los comediantes»… La comedia y el humor son medios hermanos, separados generacionalmente: el primero es el vástago que ha dejado los pañales y comienza a caminar o, mejor dicho, a trastabillar; el segundo, mucho más consciente de su incidencia en el mundo, es el niño incómodo que bromea como adulto, sin su experiencia pero sí con su ingenio. Ambos son hijos de la risa, pero uno es inocente y hasta cierto punto inocuo. El otro es deliberado y peca de alevoso. «El humor –escribe Antonio Cantoni– revela el lado serio de las cosas tontas y el lado tonto de las cosas serias». Ahí su gracia. También su trascendencia. Un buen comediante puede llegar a ser un humorista, pero un humorista nunca será tan sólo un comediante.

El humor es un registro discursivo capital en nuestras letras. Sobrarían ejemplos que lo convaliden. El chiste, la ironía o la parodia son algunas de sus muecas preferidas, pero siempre las trasciende. El humor, ha dicho la ciencia médica, es fruto de una inteligencia que no todos pueden cultivar. Despliega una visión particular del mundo. Optar por el humor es una decisión que, lejos de ser «chistosa», reviste de dureza. No se trata de buscar una sonrisa en el lector, se trata de estimular su sensibilidad, de compartir una experiencia vital y profunda. Casi todos, en algún momento de la vida, podemos ser los chistosos de la fiesta, pero no cualquiera puede ser el motor de un sentimiento reflexivo.

A mediados de los setenta, Carlos Isla (1945-1986), poeta veracruzano, decide incursionar en los senderos del humor. Maquinaciones (1975) será el resultado de sus pesquisas. Unos años antes había mostrado la cara seria de su poesía: en Gramática del fuego (1972) recorre el cuerpo, los deseos y la pasión con un semblante por demás adusto. Es una poética sin riesgos, cimentada en exploraciones textuales y visuales que en mucho recuerda la poesía de Paz en libros como Blanco o Posdata. Es el poeta grave que habla desde el estrado:

Se despliega la noche

sobre el papel

En mitad del pensamiento

se dibuja lo visible

rígido

en la palabra escrita

doncella dispersa

en la creación estricta.

¿Qué razones habrán motivado el cambio en su escritura? Lo ignoro, pero en Maquinaciones ya no vemos al poeta rígido que arenga desde el pedestal: vemos a un hombre que dialoga, que juega y que bromea con sus espectadores. El humor lo ha hecho un poeta refinado, pero también un escritor mucho más trascendente, mucho más serio. Su estilo es ya casi una invención, como en el poema «Patente»:

 

I

«Yo soy la resurrección y la vida

El que cree en mí

no morirá»

II

«Las energía no se crea

ni se destruye

sólo se transforma»

III

La muerte es sólo una palabra

Y yo la he inventado

(Tengo licencia poética)

 

Ahora tiene «licencia poética» y ésta le permite conducirse por nuevos caminos, aunque eso no sea lo importante, pues, como el mismo indica, «todos conducen al silencio». En Maquinaciones predomina el juego, el pastiche, la parodia y el plagio. El lenguaje ha perdido solemnidad pero ha ganado contundencia. El poema extrae de lo cotidiano lo más crudo de la experiencia. Lo consuetudinario se ha vuelto aforismo; la palabra se ha hecho oquedad:

El silencio es el primer delator

 

***

Mi máquina de escribir

es una princesa encantada

***

El sol brilla

por su ausencia

***

Al pie de estas letras

escribo pausas decrépitas

 

Maquinaciones revoluciona la escritura de Carlos Isla, la cuestiona, la re-significa. Es, como todo buen libro, un laberinto con muchas puertas, con muchas salidas y recovecos que, sin embargo, conducen al mismo sitio. La aventura concluye con un poema que acaso ejemplifique mejor su postura frente a la creación poética: «Éste es el poema que nadie ha escrito». Una treta que recuerda los ready made de Duchamp o, mejor aún, las «composiciones» de George Maciunas durante su paso por Fluxus. Un ejercicio conceptual que puede parecer un circo dadaísta pero que exhibe una interrogante digna de ser recordada.

El poema se divide en tres secciones: «Self Service», una descripción del objeto y una especie de instructivo de uso; «El poema que nadie ha escrito», en doce tiempos que describen los pasos para construir un origami, y una hoja en blanco, que servirá para su elaboración.  El poema está ahí, en espera de ser armado. Es el lector quien quizá nunca se atreva a construirlo. Lo importante aquí es la idea que se sugiere en torno a la creación. ¿Quién se animará a hacerlo? «El poema que nadie ha escrito» es una invitación a la creatividad, susurra una poesía que podría ser hecha por todos al estilo surrealista, pero también es una burla, o quizá una trampa. Nadie ha escrito ese poema porque no es tal: «Todos sabemos hablar –escribe Johannes Pfeiffer–, todos hemos aprendido a leer; de ahí que cualquiera de nosotros se considere capaz de leer poemas, y se crea con derecho a valorarlos». Y yo añadiría: se crea también con derecho a escribirlos… Entonces: ¿quién dice qué es la poesía?

El poema que nadie ha escrito es una lejana herencia del Barroco pero también deriva de las exploraciones impulsadas por la primera vanguardia. En este juego, sin embargo, la ruptura no es el objetivo. Tampoco la simple y llana risa. Es en gran medida el humor, por lo menos como lo entendía Pirandello: la búsqueda de un efecto de shock a partir del contraste, la contradicción o lo imprevisto. Carlos Isla descompone la idea de poesía en aras de su reintegración mientras rechaza las reglas canónicas de composición porque la poesía no es una respuesta, es una pregunta, un momento de dubitación, y el poeta interpela a su lector, con la intención de vincularlo, de hacerlo partícipe de sus inquietudes:

 

Deliberadamente

escribo

tú que me lees

¿puedes confesarte mis motivos?

 

 

*

 

 

 

 

Éste es el poema que nadie ha escrito

Self Service

 

1

 

El objeto que tiene en sus manos

es de forma rectangular

mide veintiuno y medio centímetros de largo

por catorce y medio de ancho

de color blanco crema

y de consistencia uniforme al tacto

fabricado con toda clase de sustancias

vegetales molidas

su estructura es la de una lámina seca

y delgada

cuya función es la de contener escritos

se le designa por un sustantivo genérico

más si se le mira a contra luz

en ocasiones

puede leerse su nombre real

que varía de país en país

y algunas veces

hasta parece alguna cifra

de su número telefónico

pero casi siempre

prefiere permanecer en el anonimato

para salvaguardar su intimidad

¿Fue Ud. afortunado?

 

 

2

 

La línea negra fina continua

señala siempre los bordes del papel;

la de los trazos,

los dobleces ya realizados.

La línea gruesa

indica los dobleces que deben efectuarse:

si es de puntos,

hacia adelante:

si es de trazos,

hacia atrás.

Cada tiempo muestra la forma adquirida por el papel,

una vez hechos los dobleces en el anterior.

 

 

___________

Hiram Barrios (Ciudad de México, 1983) es escritor y traductor. Es licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Publica cuentos, ensayos y traducciones en distintas revistas y medios electrónicos. Ejerce la docencia a nivel superior.

 

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