Babel, Desde la encrucijada

La definición del arte

0 Comments 12 marzo 2011

Mario Rodríguez Guerras

En busca de una definición del arte

Se trata de enfrentar las diversas valoraciones de los críticos de arte para intentar encontrar un criterio objetivo con el que definir una obra de arte, ya que las aportaciones que desde el siglo XX se están haciendo a la cultura han provocado definiciones opuestas.

Arte suprime

Si aceptamos que el mismo pensamiento invade todos los aspectos de la cultura de cada época, no hay razón para dudar de que el proceso de la economía americana no sea otra cosa que uno de los fenómenos particulares en los que se muestra la idea general. Y puede que ésta consista en haber creado, y no solo aprovechado, unas condiciones en las fuera posible introducir elementos de categoría inferior confundidos entre la abundancia de lo superior, y que, una vez admitido un elemento inferior, resultaran admisibles todos los iguales a aquél. Finalmente, quedaría igualado lo alto y lo bajo, lo que nos recuerda la exposición de arte de 1990 del MOMA de Nueva York, presentada con este título.

La referencia del mercado financiero tiene dos aspectos objetivos, en los que tal objetividad no es absoluta. El primero consiste en la aceptación de los títulos en el mercado secundario, en el que se pueden negociar; el segundo es el precio de producción. Cuando existen diferencias entre los dos mercados, se producen ajustes.

El arte es, en última instancia y desgraciadamente, un producto mercantil antes que un valor cultural. Pero en este mundo cultural, el mercado primario, el de su producción, no hace otra valoración que la del mercado secundario, y la obra de un artista vale siempre lo que se cotiza en las reventas. La venta del arte está sujeta a la consideración de la obra y del artista, y esto lo establecen los críticos, los muesos y los marchantes, con lo cual el valor artístico y económico de la obra siempre coincide. El vendedor nunca desmerecerá su artículo y el comprador se fiará de la buena fe del vendedor y del precio de obras similares. Pero, si queremos investigar el origen del valor artístico de una obra y de la calidad del artista, si queremos conocer el fundamento del criterio que establece la graduación de la calidad, encontramos opiniones tan distintas que no podríamos hacer otra cosa que dudar de todas, puesto que, si una de ellas se cimentara sobre una verdad, hubiera acabado por imponerse.

Por esta falta de un criterio único encontramos en los museos: 1) exposiciones de diseño industrial (de motocicletas) y de moda (de zapatos y vestidos); 2) arte ready made (un urinario); 3) la trasgresión del concepto de arte (una lata de excrementos); 4) arte conceptual y matérico; 5) arte abstracto y expresionista, y 6) arte clásico.

Estas exposiciones parecen atribuir de un valor idéntico a toda expresión plástica, pero, por la misma razón que nadie aceptará cambiar oro por estaño, debemos buscar un criterio para medir objetivamente la calidad del arte y establecer gradaciones adecuadas. Determinar el límite del arte implica encontrar un criterio de valoración que sea algo más que las opiniones personales que nos presentan los críticos actuales.

La cuestión que planteamos es si el arte y la cultura podrían haber existido sin el arte clásico –pues si lo actual es superior, aquello habría sido un error–, si la consideración de estas manifestaciones plásticas como arte es una consecuencia de su valor, de la evolución del concepto de arte o de la conveniencia mercantilista, y, en todo caso, puesto que ningún crítico se lo ha planteado seriamente antes de entrar a valorar las obras, debemos buscar respuesta a esta pregunta: ¿qué es el arte?

La necesidad de una definición

La referencia que se tiene hoy sobre el arte es que arte es lo que hacen los artistas; sin embargo, esta expresión no resuelve la definición del arte. En la época clásica podía resultar válida, puesto que nadie se consideraba artista hasta que era capaz de ejecutar una obra con la debida perfección, pero cuando la perfección no es una condición del arte, como ocurre desde el siglo XX, resulta difícil distinguir a un artista de quien no lo es, por lo que resulta difícil distinguir si su obra es arte o no. En consecuencia, la definición de que arte es lo que hacen los artistas, que lleva implícito que artista es el que hace arte, es una definición que ata de pies y manos a quien pretenda dar una definición objetiva, y establecer que arte debe ser algo concreto y no simplemente algo original o algo novedoso o trasgresor.

Si un animal disecado presentado por un artista es arte, cabe preguntarse, lógicamente, la diferencia entre un artista y un taxidermista, y si cualquier animal disecado puede valer diez millones de dólares. Si la diferencia está en una explicación que ha encontrado el artista fuera de la obra que ha ejecutado, la misma razón, externa a la obra, puede ser trasladada e implantada en cualquier obra de un no-artista, con lo que la razón para no considerar ésta última como arte queda difuminada. Si la razón para considerar artista a un creador consiste en la variedad de creaciones que puede aportar, seguimos dejando la definición del arte fuera de la obra que se ha realizado. Pero la variedad de creaciones no garantiza la calidad de las creaciones, por lo que, remitiéndonos al origen de la creación, tampoco garantiza que el creador sea artista.

La confusión del arte se ha extendido no sólo a los límites del arte –aquella barrera que puede existir entre la obra de arte y la que no lo es, estableciendo una igualdad entre el objeto cotidiano y el arte más elevado–, también ha alcanzado a la gradación de la calidad de las obras, y, una vez que se ha marcado un límite, parece que todo lo que lo supera se iguala en calidad. Finalmente, existe el criterio de imponer determinadas formas de representación como únicas formas del arte.

Estas tres consideraciones son muestra de la variedad y diferencia de los criterios que utilizan los críticos para analizar el arte y establecer su calidad, y es tan sorprendente que necesitamos incluso conocer el origen de sus distintos criterios para conocer el valor de las teorías que son las que finalmente determinan qué es arte y cuál es la calidad de cada obra. En definitiva, creemos que la condición de arte de una creación debe estar en el objeto creado y no en una explicación del objeto o en la intención de su creación, porque esto ha llevado a consideraciones opuestas.

¿Qué es el arte?

Podemos definir el arte como idea, materia y figura. La idea es el objeto último del arte; representa el conocimiento del mundo. En el mundo, según lo definió Schopenhauer, existe la materia inorgánica cuyos cambios, es decir, las modificaciones de los objetos que interesa conocer porque son los que han dado lugar al objeto que ahora percibimos y a su futura transformación, son únicamente físicos o mecánicos, producidas por fuerzas naturales como la gravedad, la evaporación, la fragmentación, la disolución… La materia orgánica es la materia inorgánica dotada de vida, y posee cualidades superiores, ya que no sólo queda sujeta a las fuerzas naturales sino que, dotada de esa voluntad de vida, reacciona frente al mundo exterior. El grado más bajo de vida es el mundo vegetal, cuyas reacciones se deben a los estímulos frente a circunstancias tales como el calor, la humedad, la sequía, etc. Un grado superior de vida es el animal, en el que ya existe una forma primitiva de conocimiento y actúa no sólo por impulsos, o por sus instintos naturales (que proceden de un conocimiento instintivo), sino por la percepción del entorno. El grado más elevado de vida le posee el ser humano que, dotado de razón, puede elaborar, a partir de los conocimientos previos, las conclusiones finales que pueden resultar la razón de su obrar; es decir, en el hombre encontramos los motivos, además de las causas, los estímulos y los instintos. Por eso el conocimiento acerca del hombre es el mayor conocimiento que puede existir del mundo.

Puesto que la idea forma parte del arte, es necesario entender que aquello que se representa en la obra de arte va a determinar la calidad del trabajo. Aquellas obras de un pintor en las que se refleje respectivamente el mundo inorgánico, el mundo vegetal, el mundo animal y al ser humano, muestran el grado de conocimiento que nos ofrecen las obras de arte.

Según esta definición parecería que un retrato supondría un conocimiento elevado del mundo. Sin embargo, nos encontramos con que nadie desea poseer el retrato de un desconocido, y esto parece contradecir la hipótesis anterior. Esto es debido simplemente a que un personaje en una actitud contemplativa no nos expresa nada de sí mismo salvo lo que ya nos sea conocido, y su presencia parece estar reclamando de nosotros una atención personal que no deseamos dispensar a quien nos es ajeno. La representación del hombre debe mostrarlo, no en una actitud, sino en una acción en la que se revele su carácter. El arte del siglo XX nos muestra multitud de retratos que no suponen un rechazo para el observador; también esto tiene su explicación: por un lado, las figuras aparecen un tanto distorsionadas, mostrando sus características personales, pero sin caer en la caricatura, pues esto significaría la anulación de las cualidades de la especie, con lo que la figura representada perdería su condición humana. Para mayor comprensión de este hecho exponemos el caso contrario: la falta de identificación de cualidades personales llevaría a la representación de un ser humano genérico, es decir, demostraría la insignificancia del personaje retratado y se caería en el exceso opuesto. En un segundo caso, la distorsión en el retrato tiene por objeto resaltar la propia pintura, con lo que el personaje es en cierto modo una disculpa para la representación de la materia.

Por lo expuesto hasta ahora, no se comprendería el valor de Los nenúfares de Monet, y es que, junto a la idea que se representa, es necesaria la calidad de la ejecución, es decir, la obra tiene dos componentes, y del grado de calidad de cada uno de ellos va a depender la calidad de la obra final. La ejecución va a determinar que la obra recoja o no las cualidades que se pretenden trasmitir, el gesto, la gracia y el carácter.

El objetivo del arte

Evitamos aquí utilizar la expresión del fin del arte para que no se confunda con la del final del arte. El aspecto externo del objeto de arte, compuesto de materia y figura, es el medio del artista para mostrarnos la idea, que es el elemento interno de la obra, aquello que nos quiere mostrar. Podemos definir entonces el arte como la expresión del sentimiento del hombre, y podemos encontrar en este concepto dos significados distintos: por un lado, el conocimiento de la esencia del hombre y de la aspiración a su elevación; por otro, las sensaciones y el estado de ánimo de quien se expresa. Encontramos entonces el drama que exige Picasso y la sensibilidad que excita Wagner. De esta doble significación de una palabra resultan el arte dionisiaco y el arte romántico, y son las dos cuestiones que aparecen, confundidas, en el arte del siglo XX, y la confusión es lo que va a dar lugar a los distintos criterios. Pero el hombre del siglo XX no cree en valores absolutos ni en la necesidad de sufrir, y lo que propone es la superación de toda tragedia; y tampoco le conmueve el sentimentalismo sino el conocimiento, y busca éste en la ciencia. Lo dramático y lo romántico serían sustituidos por el sentimiento de vacío del hombre y por la ciencia como conocimiento cierto que permitiría superarla.

Aproximación al origen del arte del siglo XX

Si observamos una pintura clásica, nos percatamos de que está hecha con óleo, acuarela, carboncillo, etc. Si cogemos alguno de estos elementos y, en primer lugar, suponemos que pudiera ser cualquier otro capaz de tiznar, ya una barra de estaño, ya un ladrillo en lugar de una sanguina, incluso la propia sangre del hombre en lugar de la témpera, nos percatamos de que lo que tenemos en las manos como material pictórico no es más que un objeto del mundo real. Propongo coger cualquiera de estos objetos y adherirlo a un lienzo. Si, en segundo lugar, cogemos ese objeto entre nuestras manos y lo trituramos, podríamos, con material adherente, sujetar los trozos en otro lienzo. Finalmente, propongo coger un tercer lienzo y presionar nuestras manos pintadas sobre él.

Si decidimos titular esas obras en relación con la materia manifestada en un objeto, la esencia de la materia, y el color como extracto de la materia, podemos entender de esta forma el origen del arte abstracto, del arte matérico y del arte conceptual; y más aún, determinar el origen común de esos tres estilos fundado en el análisis de la materia de la que está construida la obra de arte clásica. El artista está realizando un análisis científico de la obra de arte para saber en qué consiste.

Maurice Denis estableció que un cuadro era, antes que una representación, una superficie plana cubierta de colores en un determinado orden; de acuerdo con esto, podemos advertir que también será una superficie cubierta de la sustancia de una materia, o que antes que una representación constituye la acumulación de objetos del mundo real. La obra de arte es entendida por el artista del siglo XX como un objeto concreto que es posible analizar estudiando sus diversos aspectos.

Que, de la definición del arte como expresión del sentimiento del hombre, se entienda únicamente el drama de la vida, como hacía el arte clásico, o incluya también el sentimiento de superación trágica y el vacío existencial en que la sociedad de producción sume al hombre, depende el valor que las teorías atribuyen a las obras de los artistas del siglo XX. Si el arte es la expresión de la fe en la ciencia y expresión de la vacuidad existencial, entonces toda forma de construcción plástica que incluya estos conceptos podrá ser considerada obra de arte. Si, por el contrario, el arte implica una superación técnica, sin necesidad de que se realice una representación figurativa, entonces deberemos admitir la teoría de quienes reducen el arte a las obras más exigentes.

 

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Mario Rodríguez Guerras
español, economista, ha publicado diversos artículos en revistas on line. Parte para sus escritos de una teoría del arte fundada en principios racionales que es capaz de explicar toda la historia del arte como una evolución predeterminada del pensamiento que genera las formas artísticas.

 

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